Can Lluís, en la esquina de las calles de la Cera y de la Reina Amàlia del Raval, es uno de los restaurantes favoritos de Pepe Carvalho, el personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán. A esta “casa de comidas”, Carvalho acude para degustar la escudella alicantina u olleta de Alcoy (preparada con oreja y pies de cerdo, nabos, arroz, judías, butifarró…) y la paletilla de cabrito al horno. Carvalho es detective privado, pero también un gran gourmet, como el escritor que lo ideó.

“A Manolo [Vázquez Montalbán] le gustaba todo: los caracoles, los canelones, los arroces, los buñuelos de bacalao (una de las especialidades de la casa)”, recuerda el propietario de Can Lluís, Ferran Rodríguez. En el restaurante incluso hay un menú dedicado al escritor con los platos que más agradaban a Carvalho.

Vázquez Montalbán había nacido en el Raval, en la calle de la Botella, muy cerca de Can Lluís, y la amistad con Ferran y su familia era de toda la vida. A la postre, Can Lluís se convirtió también en uno de los templos gastronómicos del autor de Yo maté a Kennedy y Los mares del sur. 

Los Rodríguez están al frente de Can Lluís desde 1929. El establecimiento toma el nombre del abuelo de Ferran. “Antes también era un restaurante conocido con el apodo de Can Mosques por los toneles con bacalao fresco secándose en las puertas que, en verano, atraían a las moscas”, relata.

Los propietarios y trabajadores de Can Lluís, en 1943

DE VÁZQUEZ MONTALBÁN A RUIZ ZAFÓN  

La historia de Can Lluís está marcada por una fecha, el 23 de enero de 1946, y por el atentado anarquista que hubo en el local. “Fue en plena dictadura, a mediodía, con el restaurante lleno. Había restricciones de luz. Entró una pareja con una niña y se sentaron en una mesa que un pintor conocido de la casa les cedió”, explica Ferran.

“Al poco rato se presentó la policía buscándoles. Los agentes empezaron a identificar a la clientela. La mujer dijo que tenía la documentación en el bolso. Se levantó de la mesa, abrió el bolso y sacó una bomba, que hizo explotar. Sin luz, hubo varios disparos cruzados”, añade el propietario. Como consecuencia del atentado, murieron cuatro personas, entre ellas el abuelo y el tío de Ferran.

Todavía hoy se puede ver en el suelo del comedor, junto a la mesa familiar, en la que se sientan también amigos y conocidos, la marca del artefacto. El suelo es original. Jamás se cambió. Vázquez Montalbán habla de este episodio en su libro Historias de padres e hijos.

Placa conmemorativa con el texto de Vázquez Montalbán sobre el Restaurante Can Lluís / A. MAS

Can Lluís forma parte, por derecho propio, de la historia del Raval. De Barcelona. De su teatro. De su música. De su cine. De su literatura. Otros escritores, como Andreu Martín y Carlos Ruíz Zafón, también evocan en sus libros sus maravillas culinarias. Se trata de una cocina de mercado, con ingredientes de primera calidad, con algunos platos de origen alicantino, de dónde es originaria la familia. En Can Lluís, no hay platos deconstruidos, ni souflés extraños. En Can Lluís se come como en casa. 

La paella del senyoret, la fideuà de Can Lluís estilo Gandía, los mejillones de roca a la plancha, el timbal de exqueixada con olivada, los pescaditos de la barca de Vilanova, el rabo de toro guisadito al vino tinto, los callos con garbanzos y el rape de playa estilo Can Lluís figuran entre las sugerencias de la carta de esta “fonda” del Raval, que tiene en la mujer de Ferran, Júlia Ferrer, el alma de la cocina. “Las nueras siempre han sido lo más importante de Can Lluís. Ellas se han ocupado de la cocina”, dice Ferran.

TONY CURTIS, MESSI Y RAFAEL ALBERTI

En Can Lluís se han sentado escritores, músicos, actores, deportistas, políticos, periodistas… La lista es interminable: Ernest Lluch, Joan Manuel Serrat, dos premios Nobel (José Saramago y Harold Pinter), los dibujantes de El Jueves y El Papus (buenos amigos de la familia), Tony Curtis, Sara Montiel, Pepe Rubianes, Tete Montoliu, Vittorio Gassman, Tip y Coll, Rafael Alberti, Núria Espert, Toni Miró… 

Dídac, uno de los camareros de Can Lluís, junto a la cocina del restaurante / JS

Hasta fue el primer restaurante barcelonés que visitó Leo Messi con solo 14 años. Lo trajo el exagente de futbolistas, Josep Maria Minguella. “Me dijo que acabaría siendo uno de los cracks del Barça”, evoca Ferran. Minguella se equivocó. Messi ha acabado siendo el mejor futbolista de todos los tiempos.

Durante los años 50 y 60, Can Lluís se convirtió en un epicentro de reuniones y fiestas. Peret, amigo de la familia, y otros miembros de la comunidad gitana barcelonesa improvisaban allí actuaciones. A los jugadores del Barça de aquella época, como Martí Vergés, Rodri y Joaquim Basora, se les veía mucho por la fonda. 

Otro habitual durante la década de los 60 era Luis Suárez (el gallego, no el uruguayo), muy amigo del padre de Ferran, antes de fichar por el Inter. Ferran y su hernano, Xavier, al frente del restaurante Els Ocellets, en la Ronda de Sant Pau, desprenden barcelonismo por los cuatro costados.

Ferran empezó a trabajar en Can Lluís en 1965. Tenía sólo 16 años. En los años 70, ya se puso al frente del negocio. Con la dictadura tambaleándose, crecieron los movimientos de protesta contra el régimen. Els Joglars, Dagoll Dagom, La Trinca, Terenci Moix, el Grupo de Periodistas de Barcelona, Ovidi Montllor y la Gauche Divine convirtieron el restaurante en uno de sus cuarteles generales.

Caricatura del escritor Terenci Moix, hecha en 1973, dedicada a Can lluís

Ferran decidió catalanizar el local y fue uno de los primeros de Barcelona en disponer de la carta en catalán. El establecimiento acogía tertulias, presentaciones, entrega de premios y hasta un programa de radio para RNE que fue bautizado como “Mis tertulias en Can Lluís”. “Se emitía todos los viernes y tenía, entre otros colaboradores, a Jesús Mariñas y a Pablo Dalmases”, evoca Ferran. Eran los años 70 y 80.     

Casi todas las visitas notorias de Can Lluís han quedado plasmadas en cinco libros, cinco incunables que incluyen originales frases, sencillas dedicatorias, dibujos, caricaturas… Ferran los muestra con emoción, reviviendo el momento. Rafael Albertí pintó un torero muy bonito con el lápiz de labios de Núria Espert. Tony Curtis visitó Can Lluís el año 2000, cuando fue invitado al festival de cine de Sitges, y dibujó una casa “sin levantar el lápiz del papel”. Sin embargo, las miradas de todo el local se las llevó la mujer de Curtis, Jill Vanderberg.

El actor Agustín González escribió: “Después del orgasmo que he tenido hace un momento, lo mejor es comer en Can Lluís”. Unos meses después, el intérprete volvió con su mujer e insistió en enseñarle la dedicatoria. Ya se pueden imaginar la que se lió…No hace tanto, el periodista Jordi Évolé, relataba que “era imperdonable que hubiera estado 39 años en descubrir Can Lluís”. Y con la visita de David Bisbal, el restaurante vivió su momento fan, con vecinos y conocidos que se querían fotografiar con él. “Para mi amigo Ferran y todo el personal de esta maravillosa casa”, redactó.  

En el suelo del comedor se puede ver todavía la marca del artefacto / AM

Uno de los últimos tesoros de Ferran es un libro hecho por los dibujantes que otorgaron el premio Périch este año. Allí se pueden ver dibujos y caricaturas de  Fer, José Luís Martín, Óscar Nebreda... “Lo hicieron en unos minutos, mientras esperaban la cena”, apunta Ferran. Personajes habituales de El Jueves, como Martínez el Facha y Adolfito, o las mujeronas de Óscar se asoman entre las páginas. “Ferran, bonico, dime con quien andas y si está buena me la mandas”, plasmó Óscar. 

ESCUDELLA PARA EL BARRIO DURANTE LA GUERRA 

Can Lluís lleva abierto 88 años. En 2019 cumplirá 90. Jamás ha cerrado --sólo por vacaciones y los domingos desde 1974--. Ni siquiera durante la guerra. Aquellos años, el abuelo de Ferran ayudó a mucha gente. “Era alcalde de barrio y mucha gente venía a pedir comida. Se hacían ollas de escudella, que se repartían entre los vecinos. Lo que no había era pan. Con las restricciones, la harina era muy cara”.

Ferran estaría horas explicando las historias vividas, las anécdotas que se pueden contar --otras se las llevará a la tumba--, las noches eternas. Y también, las largas y sombrías. Como la del 23-F. “Abrimos con normalidad. El personal vino a trabajar. Se palpaba miedo, nerviosismo. No vino ni un cliente. Sólo apareció la actriz Maria Asquerino, que actuaba en Barcelona, y acabamos cenando juntos”.

Interior del Restaurante Can Lluís / WEB CAN LLUÍS

Son las 14.30 horas de un martes de junio. El restaurante se empieza a llenar. Algunas mesas las ocupan los habituales, como el actor Joan Faneca (Vol-Ras) y Jaume Doncos, propietario de la histórica tienda de música, Casa Bethoven, en la Rambla. En otras mesas se vislumbran algunos turistas. “Suelen venir más por los libros que por las guías”, precisa Ferran.

Cada mediodía hay un menú muy atractivo a 10,90 euros (bebida no incluida). Hoy toca arroz al horno y emperador a la plancha. De postre, pudín de coca de Sant Joan. Cuando Can Lluís se llena, Ferran manda a los clientes al restaurante de su hermano, Xavier. Éste hace lo mismo cuando se llena Els Ocellets. El establecimiento está a 50 metros de Can Lluís. El local tiene más de tres décadas a sus espaldas. El trato, allí, es también exquisito. La cocina, igual de buena, pero algo más moderna. No hace mucho han incorporado platos vegetarianos al menú.

Can Lluís está en la calle de la Cera. En el barrio Raval. Els Ocellets, en la Ronda de Sant Pau. En el barrio de Sant Antoni. Ambos restaurantes se podrían dar la mano. Uno, Can Lluís, es ya una parte de la historia de Barcelona. El otro, Els Ocellets, va camino de serlo.