No por tópico deja de ser cierto que hay cosas que no se pueden contar, sino que se tienen que experimentar. Una prueba: tras preguntar a cinco personas qué se siente al saltar desde un avión a 4.000 metros de altura, las frases más repetidas son: “no hay palabras”, “imposible de describir” o “tienes que hacerlo para entenderlo”. Los datos objetivos permiten hacerse una vaga idea de la experiencia: un minuto de caída libre a unos 200 kilómetros por hora. Aunque lo que a cada uno le pasa por la cabeza en esos instantes es impos ible de cuantificar. Algunos se preguntan qué les llevó a subirse a aquella avioneta, otros escuchan con atención inédita las últimas instrucciones y unos pocos incluso se paran a apreciar las vistas.

Actualmente, los únicos capaces de preparar este cocktáil de adrenalina, nervios, miedo y excitación en la provincia de Barcelona son Saltamos-SkyDiveBCN, un centro de paracaidismo que con a penas dos años de vida ya se ha convertido en referente internacional. Cuando sus fundadores decidieron independizarse de un centro similar en la Cerdanya para buscar un lugar geográficamente más estratégico jamás imaginaron el resultado: “Éramos relativamente optimistas, pero pensábamos que como mucho nos daría para vivir de esto”, explica su gerente, Ariel Juncos.

Nada más lejos de la realidad, la decisión de mudarse al Aeródromo Barcelona-Bages les dio la oportunidad de acercarse a nuevos públicos y convertirse en una atractiva parada para las hordas de turistas que visitan Barcelona. Y ahora aún estarán más cerca que nunca de la capital catalana con el acuerdo que acaban de firmar con FGC mediante el cual el precio del billete de tren queda incluido en el importe del salto. 

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APTO PARA LOS MÁS TORPES

El tipo de salto más común que se practica en estos centros (el que hacen todos los principiantes) es el tándem, la modalidad en la que el cliente salta unido al instructor mediante un arnés. Así que los que se crean torpes no deben preocuparse de nada porque su única implicación pasa por encorvar la posición durante el salto y levantar ligeramente las piernas durante el aterrizaje. No hay margen para el error y no necesitas ser ningún experto en deportes de riesgo.

En el aire, los instructores actúan también como psicólogos combatiendo a base de humor los nervios y el miedo de alguno de los saltadores aún por iniciarse. “Yo soy el primer interesado en que esto salga bien”, bromean instantes antes. Aviso: ante la pregunta “¿hace calor aquí?” vayan con cuidado porque dependiendo de su respuesta podrían “encenderle el aire acondicionado” abriendo la puerta de la avioneta. Tras aterrizar, recuerden darle las gracias por haber desplegado el paracaídas.

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PERFIL HETEROGÉNEO

Lejos de lo que pueda parecer, el perfil de cliente no es ni mucho menos homogéneo. “La adrenalina no entiende de edades”, comenta uno de los instructores. De hecho, en este centro han presenciado todo tipo de tándems, como el de Montse Mechó, que hace poco celebró sus 83 saltando. También pueden probarlo niños, recuerdan, dependiendo de la altura y peso para que puedan adecuarse al arnés. Aunque, sin duda, uno de los saltos que más les emocionó es el de una mujer que recientemente se había quedado parapléjica.

De hecho, entre los clientes que se citan en este aeródromo, muchos tienen un nexo en común: aunque todos habían soñado con saltar, ninguno lo eligió, sino que alguien les empujó -no literalmente- a hacerlo. Desde los últimos años, el tándem se ha convertido en un regalo cada vez más reclamado para festejar cumpleaños, aniversarios o despedidas de soltero. De hecho, el formato que plantean en SkyDive BCN es idóneo para ello: recibes un pen-drive en tu buzón y la única pista que presenta es la pregunta inscrita en el mismo “¿Saltamos?”; tras reproducirlo no tardarás en darte cuenta de lo que te espera.

Eso sí, tanto si uno mismo desea reservar como si opta por hacer un regalo, en los meses de verano se recomienda reservar con antelación (dos o tres semanas aproximadamente) para garantizarse la hora más conveniente. Aún así, para los amantes de la espontaneidad o los menos previsores también hay un espacio para reservas extras en función del desarrollo diario de los saltos.

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EXPERIENCIA COMPLETA

Los aeródromos acostumbran a ser espacios con poco atractivo más allá de la propia actividad que se vaya a practicar. Sin embargo, como destaca Juncos, en este centro se ha procurado ofrecer un entorno lúdico para que los acompañantes de la persona que salta no se limiten a esperar de cruzados de brazos. “En la mayoría, si vas con tu pareja, acabas soltero, porque se va a morir del aburrimiento”, bromea.

Concretamente, el reciento comparte el espacio de vuelo con una piscina con vistas de postal a Montserrat y un restaurante a cargo del ganador de la segunda edición de Top Chef, David García, cuyo servicio ofrece comida tradicional para que los turistas aprovechen la ocasión y conozcan algo más de la gastronomía de la zona. Además, están pendientes aún la construcción de una parque de juego dirigido a niños pequeños y una zona de paseo abierta a todo el público.  

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