En primera fila, quinceañeros luciendo bambas Adidas y tatuajes intencionadamente cutres. Un poco más atrás, enfundando en una camiseta de Joy Division, algún moderno intenta analizar lo que pasa ante sus ojos. “Follo en alguns barris però els altres poden anar cap allà / I la teva meuca ve cap aquí i els meus nais van cap allà”, entona P.A.W.N GANG desde el escenario. Pocos sonidos son capaces de congrerar a públicos tan variopintos como el 'trap', cuyos temas de sobre putas, drogas y dinero con tempos lentos, bajos pesados y sobredosis de Auto-Tune saltan en abrir y cerrar de ojos de Youtube a las calles de Barcelona.

“Más que un estilo o género, se definiría como un movimiento o escena, ya que estos términos implican que no solo existe una música sino también unos comportamientos, unas salas de conciertos y un público”, concreta la musicóloga y autora del estudio 'La escena 'trap' de Barcelona', Alexandra Baena. “Y aunque todo esto lo articula la música, hay mucho más en juego”, añade. A todos ellos les une un lenguaje común (una jerga que hace sentir como alienigenas a los que no hayan escuchado sus temas o se muevan por sus circuitos), una estética definida (entre 'swaggers' y quinquis) y una forma de mover las masas que los convierte en auténticos reyes de las redes sociales y les permite dejar en ridículo a más de un 'influencer'. 

Aunque su evolución sea más difícil de concretar, su procedencia es indiscutible. El 'trap' surge en el sur de Estados Unidos, en ciudades como Atlanta, Houston y Texas, y el origen del término proviene de aquellas primeras letras que solían usar la misma palabra, 'trap', para referirse al trapicheo, las casas donde se comerciaba y el ecosistema que se generaba a su alrededor. Nace, por lo tanto, “en clases marginales”, comenta Baena, y sus temáticas básicamente versan, sin grandes elucubraciones ni pretensiones reivindicativas, sobre la tríada anteriormente mencionada, “putas, drogas y dinero”. Un par de ejemplos. "Me enciendo un porro haze, que parece un bate beisbol", canta Pxxr Gang. "Mi p* entre tus tetas es una cubana, banana con arroz, arroz a la cubana", que diría Kinder Malo. 

SONIDOS IMPORTADOS 

En Barcelona son los propios grupos los que lo importan directamente desde Estados Unidos: "No había nada que formara parte del 'mainstream' que se pudiera relacionar con ese sonido y en España el rap es un género muy intocable que desde el 80 más o menos sigue una misma sonoridad". Pero que sea un sonido importado no quiere decir que la escena Barcelona no tenga sus rasgos distintivos. 

Aunque al principio los temas eran calcos traducidos de canciones estadounidenses que estaban de moda, con el tiempo el 'trap' se fue adaptando al nuevo ecosistema y dejó atrás algunas temáticas para describir otra realidad, pero siempre alardeando de llevar una vida ostentosa pese a sus orígenes 'humildes'. Aquí, por ejemplo, se dan juegos de palabras autóctonos, como el uso del término 'Barsiria' (de Barcelona y Siria), que sería el equivalente del 'Chirak' derivado de Chicago e Irak, como también 'beefs' (piques entre raperos) y jerga propios de la ciudad, como explica Baena. 

"UN SOPLO DE AIRE FRESCO"

Desde su aterrizaje, el 'trap' ha causado un gran impacto en los jóvenes porque se han sentido mucho más representados que con otras músicas del panorama actual, comenta la musicóloga, que considera que se trata de “un soplo de aire fresco para los que querían buscar una identidad fuera del 'mainstream' y que se relacionara con este estilo de vida”.  

Por eso, su irrupción en el panorama musical no debe menospreciarse. “Lo que representa es muy importante, se necesitaba algo que no fuera tan edulcorado o tocado por productores y discográficas”, apunta Baena. “Han hecho lo que les ha dado la gana y han llegado a la gente; han ido muy a la par con la moda adolescente, con su forma de vestir, hablar y relacionarse por las redes, y esto ha calado muchísimo”, concluye.

Como consecuencia, el 'trap' ha obligado a cambiar reglas del juego en el terreno musical. “Ya no se hacen CD's, ahora hay 'mix tapes', tampoco hay singles sino temas que van con una producción de vídeo para colgar en Youtube”, señala la musicóloga, que apunta a que todo esto deja fuera del sistema a las discográficas y las empuja a replantear sus métodos si no quieren quedarse al margen.

ESFUERZOS POR 'INTELECTUALIZAR' LA ESCENA

Algunos de estos nombres de la escena barcelonesa de 'trap' aparecen desde hace unos años en carteles de macrofestivales como el Sónar o el Primavera Sound. Una simbiosis que, a priori, puede sonar un tanto rara pero de la que ambos se benefician. "Su contenido y su estética no va a cambiar por mucho que se muevan por estos circuitos y además juegan con el 'mira, hemos salido en el Primavera, vaya pringaos que nos han cogido'", bromea Baena. La relación, por lo tanto, refuerza las dos escenas: la del festival que se vende como escaparate de las últimas tendencias y la de los 'trapers' que fardan de reírse "de los grandes".

De hecho, esta misma fuerza con la que ha irrumpido en el panorama musical y en espacios consagrados en el circuito barcelonés como sus festivales más icónicos-ha llevado a que, fuera de su escena, se busque constantemente intelectualizarla porque “no entendemos qué está pasando o cómo pueden tener tanta tirada con sus contenidos”. Por eso, a veces se intenta explicar que el 'trap' es una "reivindicación" de cómo vive una generación. Y aunque esto puede o no ser verdad, “es un significado que se le otorga desde fuera” y que, en ningún momento, sus propios autores le han querido dar, matiza la musicóloga.