Los caballetes se amontonan mientras un maniquí languidece en una esquina. Esparcidos sobre una mesa, aún se pueden ver algunos retratos de rostros femeninos y diarios con portadas de 2009. Los ocho años de abandono han hecho mella en el interior del Borsí. Aunque la antigua sede de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos esté visiblemente deteriorada, basta con poner un pie dentro para intuir su majestuosidad.

Ni siquiera la terraza de un bar en la plaza de las Verónicas, donde el carrer d'Avinyó se expande momentáneamente, logra eclipsar su alegórica fachada de inspiración neoclásica. Los turistas ya han empezado con la cerveza cuando algunos vecinos del Gòtic toman posesión de un equipamiento que finalmente será del barrio.

Toda la dejadez que enluta su interior está cerca de cambiar, aunque aún no se conoce la fecha concreta. Como ya se anunció hace dos meses, el edificio tendrá una nueva vida como equipamiento vecinal, como exigían desde el Gòtic, y albergará la sede de la Biblioteca Gòtic-Andreu Nin. Una nueva vida que ha sido posible después del cambio de manos de su propiedad, que anteriormente ostentaba la Generalitat, pero que desde el pasado mes de enero pasó a ser patrimonio municipal.

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De ahí que los responsables políticos de este casi final feliz hayan querido sacar pecho y se hayan citado par abrir (puntualmente) las puertas del emblemático edificio. La concejal de Ciutat Vella, Gala Pin, y el segundo teniente de alcalde de Cultura, Jaume Collboni, han aprovechado la ocasión para lucir las posibilidades del equipamiento. De hecho, la reconversión del Borsí es uno de los proyectos motor del Plan de barrios del Raval Sur y el Gòtic Sur y cuenta con un presupuesto inicial de 3,5 millones de euros. 

Aunque el calendario aún está por determinar, Pin prevé que las obras de adecuación del edificio comiencen antes de que se acabe el actual mandato. La intención del consistorio es “iniciar las obras lo más rápidamente posible”, una vez se haya comprobado el estado de las estructuras del Borsí y finalicen los trámites burocráticos con la Generalitat. Posteriormente, la intención del consistorio, según ha avanzado Collboni, es que “los vecinos y vecinas decidan cómo quieren usar este espacio”.

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DE LA 'FEBRE D'OR' A CASA DE LAS ARTES

Las paredes de este palacete son una suerte de anales de la historia reciente de Barcelona y han ido mutando en paralelo a la ciudad. Sus orígenes se remontan a 1883, cuando el arquitecto Tiberi Sabaté proyectó este edificio como la sede del Casino Mercantil y la Bolsa de Valores no oficial. De ahí que la fachada esté blindada por dos alegorías al Comercio y a la Industria. No en vano el equipamiento protagoniza algunas escenas de La febre d'Or de Narcís Oller, cuyos fragmentos pueden leerse en la fachada principal a modo de síntesis costumbrista de la sociedad barcelonesa de finales del XIX.   

Con la Guerra Civil, el edificio paró su actividad bursátil y nunca más la volvió a retomar, aunque el nombre popular del edificio aún obedezca a sus orígenes.  En 1940, bajo el régimen franquista, se intaló la Escuela de Bellas Artes y más tarde la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, 'La Llotja'. Por sus talleres llegaron a pasar Picasso y Miró. Y por su fachada lo hizo Banksy, que decoró las estatuas con su espray aunque las pintadas no duraron mucho. Sin embargo, en 2009 tuvo que cesar su actividad como escuela de arte ante la amenaza de ruina. Los alumnos se vieron forzados a abandonar las clases cuando una parte del techo se derrumbó.

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'EL BORSÍ PEL BARRI'

Desde entonces se ha especulado con sus posibles nuevos usos, la mayoría de ellos privados, ya que la administración decía no poder asumir el coste que supone la rehabilitación del edificio. Se llegó a hablar de que podría ser la sede de un museo dedicado a Woody Allen o de la Fundació Bofill.

Ante las posibilidades de que el Borsí acabara en manos privadas, los vecinos del Gòtic se organizaron bajo la plataforma 'El Borsí pel barri', lo que permite intuir los anhelos de la comunidad por hacer suyo el edificio. Desde entonces, la entidad ha denunciado en constantes ocasiones la ausencia de equipamientos públicos de proximidad y las pocas posibilidades de hacer vida cultural y relacional que esta ausencia conlleva. Esta realidad, a ojos de la plataforma, “expulsa a sus vecinos, y especialmente a los más jóvenes, a buscar en otros barrios más habitables”.  Una reivindicación vecinal parcialmente similar a la de Can60, en el Raval, que finalmente se destinará a nuevas viviendas públicas y actividades para el barrio. 

Por eso, la noticia de su futuro uso como equipamiento de barrio fue recibida por los vecinos como una batalla ganada ante la especulación y la gentrificación que acecha Ciutat Vella. "Hoy los políticos se hacían muchas fotos, pero a nosotros no nos interesan las medallas", comentan desde la plataforma, donde recuerdan que aunque ellos no aparezcan en las imágenes, "seguirán luchando por un Gòtic en el que vivir".