Hacía cinco años que Antoni Gaudí se había licenciado como arquitecto y Gràcia era aún una villa independiente de la gran metrópoli. Fue entonces cuando el padre del modernismo recibiría su primer encargo de gran envergadura: levantar la residencia veraniega de la familia de Manuel Vicens.

Desde su finalización en 1888, esta llamativa torre que ocupa toda la atención de los transeúntes de la calle Carolines nunca ha abierto sus puertas al público. Pero esto cambiará durante el próximo otoño, cuando finalmente la última joya arquitectónica de Gaudí pase a completar la ruta del modernista en Barcelona. Una ansiada pérdida del estatus de residencia privada que prevé generar 150.000 visitas anualmente.

La entidad bancaria andorrana MoraBanc, dueña del inmueble desde el 2014, lleva dos años a cargo de la rehabilitación el edificio para convertirlo en una casa-museo. El proceso de restauración ha costado 4 millones de euros y ha buscado recuperar el aspecto original de la torre, que sufrió una importante reforma en 1925 tras el cambio de propietarios.

El inmueble, el octavo edificio barcelonés catalogado como Patrimonio Mundial de la Unesco, combina de una forma tan singular como seductora el estilo historicista mudéjar con motivos asiáticos. Una síntesis única que permite catalogarlo como un preludio del Modernismo catalán que Gaudí explotaría en sus siguientes edificios.

APARIENCIA ORIGINAL

Como ha subrayado José Antonio Martínez Lapeña, uno de los arquitectos responsables de la rehabilitación, la intención del equipo de restauración es la de "dar vida a un objeto a riesgo de desaparecer y restituirlo como fue estimado".

Por ello, la reforma supondrá la recuperación de la terraza, la fuente del patio y una escalera original en la parte central del edificio que daba sentido a la vivienda unifamiliar, y que en la reforma de 1925 se perdió para dividir el inmueble.

UN EDIFICIO PARA LOS BARCELONESES

Ante el peligro que, como todo lo que rodea a Gaudí, acabe convirtiéndose en una atracción turística que dé la espalda a los barceloneses, el director ha remarcado su deseo de que el público local ocupe un lugar preponderante. La casa abrirá sus puertas en un momento de reflexión sobre el impacto del turismo, ha relatado, por lo que su equipo trabaja con el Distrito de Gràcia y el Departamento de Turismo para desarrollar un plan de impacto que evite la masificación de los visitantes.