Los promotores de la construcción en Barcelona de un Museo Hermitage a imagen y semejanza del que existe en San Petesburgo se las prometían muy felices cuando aterrizaron con su propuesta en Barcelona. Una inversión de más de 50 millones de euros, totalmente privada y con coste cero para la administración, con la creación de decenas de puestos de trabajo y con el atractivo que supone tener detrás a uno de los museos más importantes del mundo, se ha quedado, de momento, en el limbo.

Los representantes en Barcelona de los promotores del museo no entienden cuáles son los motivos de la administración municipal para no dar el sí definitivo para el inicio de las obras. El museo quedaría instalado en la bocana del nuevo puerto deportivo, junto al hotel W y, según sus promotores, podría ser visitado a lo largo del año por un millón de personas, cifra similar a las visitas que recibe anualmente el Museu Picasso, uno de los grandes atractivos museísticos de la ciudad.

Al parecer, las dudas de la alcadesa Ada Colau y de su equipo de gobierno proceden de la ubicación preferida por los promotores del museo. En primer lugar temen que detrás de toda la inversión haya un asunto de especulación urbanística, pero también que un edifico como el proyectado no quede integrado en el paisaje y que, además, la enorme afluencia de público que está previsto que acuda genere molestias a los vecinos de la zona.

FALTA DE VOLUNTAD

Sin embargo, los promotores del museo ven una enorme falta de voluntad del consistorio para dar el visto bueno al proyecto. No entienden como no se ha avanzado nada en los últimos meses y como sus intentos de mantener unas conversaciones fluidas acaban en respuestas inconcretas y en una patente falta de voluntad para apoyar un proyecto de estas características.

Vista aérea del Museo Hermitage de Barcelona tal y como estaría acabado

El primer paso que se debería dar desde el consistorio es el de poner en marcha el Plan Especial de la Nueva Bocana del puerto, que serviría para cambiar la calificación de los terrenos, ahora como zona de servicios terciarios, para que pasara a tener una calificación de uso cultural. En este punto, los promotores del museo cuentan con el apoyo de la autoridad portuaria, que también es partidaria de cambiar esa calificación. De hecho, las autoridades portuarias ya enviaron al consistorio su propuesta para la modificación del Plan Especial de la Bocana, que conllevaría una inversión de 62 millones de euros y permitiría ganar 14.000 metros cuadrados. Por el momento, el Ayuntamiento ha dado la callada por respuesta.

Pese a que el director del Hermitage de San Petesburgo, Mikhail Piotrovky, continúa dispuesto a que sea Barcelona la sede del segundo Hermitage construido fuera de Rusia, tras el que se encuentra en Amsterdam, si las cosas no dan un vuelvo en un corto espacio de tiempo y las autoridades políticas del Ayuntamiento  no desbloquean los trámites, los rectores del museo ruso pueden empezar a buscar otro lugar en el que llevar a cabo su multimillonaria inversión.