Los cines no siempre tuvieron asientos acolchonados, sonido envolvente o enormes 'packs familiares' de palomitas. En Barcelona hubo una época en que las salas de barrio se contentaban con ofrecer programa doble y la gaseosa la ponía uno mismo. Al acabar la sesión, un ciclista cogía el rollo de la película y lo llevaba a hasta cuatro cines más de la ciudad.  

Así lo relata el cinéfilo e investigador Roberto Lahuerta en su libro Barcelona tuvo cines de barrio (Editorial Temporae). En él, el autor nos habla de calles que fueron testigo de la ubicación de más de 230 locales dedicados a la explotación cinematográfica. Pero concretamente, Lahuerta se centra en recuperar la memoria colectiva de las 132 salas que se repartieron por  la geografía urbana de toda la ciudad y que vivieron su momento álgido durante las décadas de los 60 y los 70: los cines de barrio. 

De entre las primeras salas que dieron cobijo a los anhelos cinéfilos de los barceloneses destaca la historia del cine de las Arenas. Su inauguración, durante las navidades de 1928, llegó justo antes de la Exposición Internacional de 1929, que como todo evento de proyección de una ciudad, impulsó un lavado de cara de la zona de Montjuïc. Tenía capacidad para 2.000 personas, una cifra que sorprende más hoy en día que en su momento. Sus inicios ya auguraban un gran éxito: después de una apertura por todo lo alto con un programa triple, tardó poco en acoger una ópera parisina.

CineArenas

Años más tarde, en 1943, pasó a formar parte del grupo Balañá. Pero a partir de los 70 se empezó a entrever su declive: dejó de ser sala de estrenos para serlo de reposiciones (normalmente de carácter erótico). Después vino un incendio en los 90. En el 2003 cambió su dirección por la del 5-7 del carrer Tarragona y, con el pretexto de sala de cine, se convirtió en un conocido punto de encuentro para gays. Finalmente, la prolongación de Diputació hasta Creu Coberta promovió el derribo del edificio y ahora lo remplaza un destartalado solar con aspiraciones a hotel. 

Abrió más tarde, en 1958, pero pronto se convirtió en un referente para las familias de Sant Martí. El cine Dante, que posteriormente sería el Lauren de Horta con la llegada de las multisalas, fue otro de los grandes cines de barrio y no solo por su capacidad (2.100 localidades), sino por la multitud de estrenos que se proyectaron en sus pantallas. Su cierre, el verano de 2014, dejó a los vecinos de Horta sin salas y dio espacio a una cadena de supermercados.

CineLauren

De hecho, otra de las míticas salas de proyecciones de este barrio, el cine Venecia, viene como anillo al dedo para ilustrar la naturaleza 'multiusos' de estos locales. Con 1.500 localidades repartidas entre el anfiteatro y la platea, la sala se utilizó también como escenario de conciertos y albergó la actuación de Manolo Escobar durante el Gran Festival de Música Flamenca de 1978.

El cine Astor, abierto en 1959 en Nou Barris, fue otra de las míticas salas periféricas de programas dobles y reestrenos que tuvo que echar la persiana en la década de los 90. A su cierre lo siguieron años de abandono y el derribo del edificio en el que se ubicaba. Posteriormente, el enclave donde los vecinos habían alimentado sus ansias cinéfilas -pero sobre todo socializadoras- fue sustituido por una residencia geriátrica con cinco estrellas.  

CineAstor

Como esta, muchas otras salas que descentralizaron la industria fueron sustituidas por parkings, supermercados, bingos y descampados. En cifras, según el recuento de Lahuerta, el distrito que concentró más locales de esta tipología fue L’Eixample, con 23 salas. Le siguieron de cerca Sant Martí, con 21, Ciutat Vella (20), Sants-Montjuïc (19) y Nou Barris (15). Pero para la mayoría de estos cines de barrio, cuyas pantallas se atiborraron de desenlaces endulzados, no hubo un final feliz.