Al otro lado de la puerta, aguardando cautelosamente al visitante, se encuentran la gobernanta y la cocinera, oportunamente flanqueadas por el servicio doméstico que habitó la casa. Y es que, quién mejor para explicar la historia del Palau Baró de Quadras que sus propios inquilinos resucitados y encarnados en guías para la ocasión. Durante los jueves del 29 de junio, el 13 de julio y el 27 del mismo mes, el edificio que actualmente acoge la sede el Institut Ramon Llull abre sus puertas al público con una visita teatralizada que repasa la historia de este asombroso inmueble proyectado por Josep Puig i Cadafalch.

Ataviados con atuendos prestados de las colecciones de vestuario del Museu del Modernisme de Barcelona, estos guías-actores indagan en el pasado de un palacete único. Atribuirle la cualidad de singular a este edificio puede sonar a tópico, pero lo cierto es que su curioso mestizaje arquitectónico lo convierte en un palacio excepcional. Un referente del modernismo barcelonés a medio camino entre La Pedrera de Gaudí y la Casa de les Punxes de su mismo creador que está catalogado como Monumento Histórico Artístico de Interés Nacional desde el año 1976.   

LA SINGULARIDAD DEL EDIFICIO

Su historia se remonta a principios del siglo XX, cuando el industrial Manuel de Quadras i Feliu encargó a Puig i Cadafalch la reforma de un bloque de pisos en la esquina entre la Avenida Diagonal y la calle Rosselló. Precisamente una de sus particularidades deriva del hecho de que, según desde qué fachada se contemple, el Palau Baró de Quadras se convierte en un palacio neogótico o un edificio de pisos modernista.

Concretamente, desde Diagonal, la fachada de estilo neo-platerseco ennoblece su aspecto con una trabajada tribuna corrida, bustos de personajes medievales y renacentistas, decoraciones florales y escudos heráldicos. En contraste, la fachada que da a la calle Rosselló conserva la fisionomía del antiguo bloque de pisos modernista. La sorpresa continúa en su interior con una decoración modernista ecléctica que combina elementos neogóticos como la gran escalinata en el centro o la puerta de la entrada de hierro forjado y detalles de influencia islámica como el uso de la cerámica y los mosaicos arabescos. 

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El precio de la entrada general para la visita teatralizada es de 20 euros, con descuentos para los adscritos en ‘Cases Singulars’, estudiantes, parados, personas discapacitadas y mayores de 65 años y reducido en el caso de los menores de 12.