Cabezudos, gigantes, máscaras, figuras de cartón piedra, escenografías o disfraces que han vestido durante años a niños y adultos de Barcelona, pero también de otros muchos rincones de Cataunya. El Ingenio, en la calle Rauric, puede presumir de ostentar un título sin competidor alguno; el de haber abastecido la ciudad de juegos, magia y diversión desde 1838. Ahora, esta fábrica de sueños está a punto de cerrar una campaña de micromecenazgo que le permitirá seguir con su actividad y no sumarse al cementerio de establecimientos singulares que han tenido que bajar la persiana en el barrio del Gòtic.

Después de que sus antiguos propietarios se jubilaran, todo apuntaba a que el emblemático local no encontraría unas nuevas manos dignas de la artesanía que se practica entre estas cuatro paredes. Sin embargo, una suerte de truco perpetrado por nada menos que El rey de la Magia, otro negocio centenario del barrio, consiguió salvar la tienda y su taller. Desde el uno de agosto, cuando se oficializó el traspaso, los nuevos encargados no han descansado ni un solo día.  

Su cometido, mantener a flote este hogar de cabezudos y gigantes, se les presenta arduo. Por eso buscan el apoyo económico de clientes y mecenas que les permita dinamizar el taller y restaurar algunos de sus moldes, ya que actualmente “hay piezas en riesgo y algunas incluso rotas”, comenta el nuevo propietario del establecimiento, Pau Martinez. En definitiva, el emblemático establecimiento necesita “un lavado de cara” que les permita volver a ser pioneros en lo suyo.

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OBJETIVO: 15.000 EUROS

De momento, la recolecta “no va mal”, aunque admiten que tampoco están para echar cohetes. De hecho, se esperaban más, quizá porque también necesitan más. A cuatro días de que cierre la campaña de Verkami, el próximo sábado 14 de abril, han conseguido recaudar 13.730 euros de los 15.000 que se proponían. De entre los que han pasado por caja, Martínez destaca las colles de geganters que han aprovechado la campaña para renovar su colección. Y es que todo aquel que deposita su granito de arena recibe una recompensa proporcional a su apoyo.

Por ejemplo, la aportación mínima, de 15 euros, está obsequiada con un set de bromas clásicas que incluye una bomba fétida, una nariz de payaso, una caca falsa y tinta mágica. Y la aportación más alta, de 11.500 euros, se premia con una carpeta de coleccionista que incluye dos poemas de Joan Brossa y tres aguafuertes de Antoni Tàpies en homenaje.

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EL LOCAL QUE ENAMORÓ A BROSSA

El establecimiento nació en el seno de la familia de escultores Escaler, cuya tradición se ha procurado conservar durante los 179 años que llevan en activo. Sus pioneros abrieron entonces un taller de producción de figuras de cartón piedra del que han salido algunos de los personajes de ficción más conocidos de las fiestas de toda Catalunya.

Los problemas económicos promovieron que el negocio cambiara de manos. Así que en los años 20, la tienda fue traspasada a Delfí Homs, un vendedor de figuras de santos con parada cerca de Catedral. El primer planteamiento del nuevo propietario fue el de trasladar su mismo negocio al nuevo local, pero la tradición de este establecimiento estaba tan asentada entre los vecinos que tuvo que volver a vender productos de fiesta.  

Más tarde, el negocio llegó a manos de Josep Cardona, yerno de Homs. Fue bajo su batuta cuando el local vivió sus años de mayor esplendor y logró conquistar al poeta Joan Brossa. Después lo heredó Rosa Cardona, que estuvo al pie de cañón hasta el pasado verano, cuando se jubiló. Y de aquí, a los reyes de la magia, una familia que se puede considerar experta en esto de vivir con el agua al cuello. Además de su mítico negocio, en plena crisis abrieron un teatro-museo también dedicado a la magia. Así que el barco no podría estar en mejores manos.