Tomar solo un café en una terraza a las 10 de la mañana significa amortizar el coste de la mesa en la que nos hemos asentado para lo que resta de día. E incluso, puede haber margen para el beneficio para su propietario dependiendo de lo que se pague por el café. Tal como ha denunciado este miércoles una cincuentena de entidades bajo el paraguas de la FAVB, los empresarios “mercantilizan” la vía pública a cambio de pagar solo 55 céntimos diarios por mesa. “Es más barato operar en el exterior que no en el interior del local”, contempla Josep Maria Alcoberro desde SOS Enric Granados. Además, el 56% de todas las terrazas barcelonesas incumple algún punto de la normativa vigente, sin apenas ser sancionadas.

CONTRA LA MERCANTILIZACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO
Desde la FAVB, Joan Balañach critica cómo el “lobby de restauración ha incidido en la agenda del Ayuntamiento”. “El debate no es terrazas sí, terrazas no”, asegura; “Nosotros apostamos por una ciudad cohesionada, justa y sostenible”. ¿Y qué quiere decir eso? Pues que la ordenanza “se subordine a la calidad del espacio público”, señala Balañach. Es decir, que Barcelona sea para vivir y no para vivir de ella. Todo un alegato contra la “mercantilización” y la “privatización” del espacio público.

Las entidades sociales y vecinales denuncian que la gestión del Gobierno municipal no es la adecuada para frenar la actual “burbuja” de la restauración. Solo en el último lustro, señalan que el número de terrazas se ha multiplicado por dos; mientras que la norma municipal ha obviado cuestiones tan esenciales como el derecho a la salud o el medio ambiente.

Una terraza en la plaza de la Vila de Gràcia, una de las que pierde mesas / XFDC

TERRAZAS PERJUDICIALES PARA LA SALUD

“Si conociésemos todos las lesiones psíquicas que comporta [el ruido nocturno de las terrazas], nos quedaríamos de piedra”, avanza Lluís Gallardo, representante de la Associació Catalana contra la Contaminació Acústica. “No son empresarios, son delincuentes”, exclama Gallardo contra los responsables de los bares que malmeten contra el descanso de sus vecinos. “Los derechos fundamentales de la integridad física y psíquica son legalmente superiores a la de cualquier empresario que quiera desarrollar su actividad”, recuerda, aunque el problema no se atajará hasta que el Ayuntamiento contrate el suficiente personal de inspección.

Hoy por hoy, más de la mitad de las terrazas incumple la normativa consensuada en el pasado mandato por la mayoría de formaciones políticas. Algunos restauradores de forma inconsciente; otros de forma plenamente malintencionada, desvelan desde la AVV de la Sagrada Família. En este caso, Joan Itxaso asegura que la última ordenación singular del 27 de abril ha comportado un incremento del incumplimiento de la norma: “Los restauradores se niegan a retirar las mesas y mantienen las terrazas”, apunta en referencia a la Avinguda de Gaudí, por poner solo un ejemplo.

Desde la entidad del Eixample dicen estar cansados de denunciar la ocupación irregular de la vía pública sin obtener respuesta de los responsables del Distrito. “O aplican la norma o que se vayan a casa”, critica Itxaso ante la supuesta inacción de los funcionarios públicos. “Queremos que haya sanciones efectivas contra los incumplidores” y “mecanismos de participación vecinal para dar soluciones a esta problemática”, han subrayado este miércoles. Y si los funcionarios se dan la vuelta de rigor para comprobar si se cumple o no la normativa, su horario diurno y de lunes a viernes tampoco les ayuda para visualizar los problemas de convivencia más graves. El ruido es, sobre todo, nocturno y festivo.

PRECIOS POR LAS NUBES; HORAS DE SUEÑO ROBADAS

Para evitar la proliferación de más terrazas, Alcoberro aboga por poblar de zonas verdes los grandes espacios que urbanísticamente se han dejado vacíos. Puntos que, señala, suelen seducir a nuevos restauradores. ¿Y su conglomeración qué provoca? La subida indirecta del precio de los locales y el desplazamiento del comercio de proximidad, apunta el representante vecinal.


Terrazas a la espera de clientes / CR

Sin embargo, lo que más preocupa a los vecinos son las horas de sueño que pierden al no poder dormir. El engorro no se limita al cierre de las terrazas a las 00h en día laborable y a la 1 de la noche en fin de semana. El problema ocupa más horas de las establecidas, ya que los locales no se ven obligados a bajar la persiana hasta las 3 de la madrugada y, mientras tanto, los clientes no dejan de salir a la calle para fumar o hablar con más calma entre ellos (y con más apatía para los vecinos).

Desde Alerta Poble Sec, Maria Cardús relata como, a partir de una supuesta mejora urbana, el carrer de Blai se ha vuelto inhabitable. “Muchos vecinos se han ido”, explica. Y todo por la peatonalización de la vía en 2009, “sin preguntar en ningún momento a los vecinos por la idea”, recuerda Cardús. “En un principio parecía una cosa buena y bonita, pero luego surgieron los problemas con los ruidos. Si bien la calle hace 9 metros de ancho por 600 de largo, en ella se han instalado algo más de 35 bares y restaurantes que continúan cerrando a las 3 de la noche, después que ganaran la partida al Ayuntamiento y a los vecinos por vía de contencioso-administrativo.

TRABAJO SÍ, PRECARIO TAMBIÉN

Según la plataforma vecinal SOS Enric Granados, el problema de trasfondo es “la definición del modelo Barcelona”. Las entidades denuncian que las formaciones políticas les ponen como “coartada” los puestos de trabajo que generan las mesas en la vía pública. “Argumento cuestionable, ya que es más que conocido que el sector ofrece trabajos precarios y sueldos bajos”, denuncian.

Dibujar Barcelona como la terraza de Europa “no es un modelo a seguir”, advierten. Tal como analizan, la ciudad podría competir con la sala de máquinas que representaría Alemania, o la biblioteca que suponen las tierras británicas. “Pero el actual sistema es ineficiente, porque no asegura la competitividad de la ciudad, ni el bienestar de sus ciudadanos”, advierten desde la FAVB.