El pasado lunes el restaurante 4Gats (Montsió 3) cerró sus puertas por un día. No fue ni por descanso semanal, ni por enfermedad ni nada similar. El motivo fue que una productora norteamericana quería grabar unas escenas para la película que están preparando sobre Pablo Picasso.

Y es que el famoso pintor malagueño expuso su obra por primera vez en las paredes de este centenario restaurante barcelonés, al que no le dejaron entrar en un primer momento, porque no vestía adecuadamente. Centro neurálgico del modernismo a finales del siglo XIX, solo admitía clientela que vistiera con capa y sombrero de copa.

Menu del 4Gats pintado por Picasso
Menu del 4Gats pintado por Picasso

Picasso tuvo que hacerse un traje para poder entrar, según explica el actual propietario del local, Josep Maria Ferré, quien añade más detalles a la anécdota: “El pintor intercambió la ropa por un retrato del sastre, quien se murió al poco tiempo. Entonces, un marchante de Barcelona fue al despacho a ver si la viuda le vendía el marco, que era dorado con dibujos. Ella le dijo: '¿el marco? Ya te lo puedes llevar todo', y ahora está en el museo Hermitage. Debía estar hasta la coronilla del marido”. La obra en cuestión es 'Retrato del sastre Soler' y en 1990 estaba valorada en 3.000 millones de pesetas.

CIERRE DURANTE LA DICTADURA

El 4Gats es un restaurante con mucha historia. Inaugurado en 1897, cerró al cabo de seis años y no volvió a reabrir sus puertas hasta la transición, cuando el grupo de cantautores y escritores bautizados como 'Els Setze Jutges', entre los que destacan Joan Manuel Serrat, Guillermina Motta, Maria del Mar Bonet o Lluís Llach, sustituyeron a los modernistas y fijaron su lugar de encuentro en este emblemático local de Barcelona.

Vista exterior del edificio, obra del arquitecto Puig i Calafach
Vista exterior del edificio, obra del arquitecto Puig i Calafalch

El local ahora es propiedad de Josep Maria Ferré, quien llegó a él casi sin quererlo en 1988. Tras avalar un dinero a una sociedad, esta se fue a pique y tuvo que pagar. “Como contrapartida me quedé con su patrimonio, que era el 4Gats”, explica a Metrópoli Abierta. Sin ninguna experiencia en el mundo de la restauración, buscó buenos profesionales que le ayudaran a sacar adelante el negocio.

“Yo venía del ramo del comercio, donde se trabajaba en céntimos y aquí, por el menú, cobrabas 1.000 pesetas, que era mucho para mi”, explica emocionado recordando el cambio que supuso para él. El primer día que subió él la persiana tuvo tres comensales. Poco a poco el negocio fue mejorando y consiguió una clientela fija, pero su despegue se produjo a raíz de los JJOO de Barcelona 92. El restaurante ocupa los bajos de un edificio de Puig i Cadafalch, que fue uno de los primeros que se restauraron gracias a la campaña municipal 'Barcelona posa't guapa'. Ferré se hizo amigo de los responsables de la campaña. “Puede que les cobrara más barata la comida, porque me gustaba mezclarme con este ambiente”, rememora Ferré.

Estos nuevos amigos le propusieron que cerrara el local para los alcaldes de las ciudades que habían organizado JJOO previamente. Ferré no lo tenía claro, pero aceptó y los alcaldes, arquitectos y periodistas internacionales pasaron por el 4Gats. A raíz de eso, el restaurante apareció en numerosos medios de comunicación internacionales. “La gente me decía que 'cuánta publicidad haces por todo el mundo', y yo no hice ninguna publicidad”, explica entre risas.

MEDALLA DE ORO DE BARCELONA

Los modernistas y 'Els setze jutges' han dejado paso a una clientela menos exclusiva, pero más internacional. Las paredes mantienen el encanto histórico del local, en el que un piano preside el comedor principal y cada mes se realizan actividades para atraer al público local, a veces reacio a entrar a comercios con tanto pedigrí. La próxima será una exposición que se inaugura el 1 de diciembre con un invitado sorpresa.

Comedor del restaurante 4Gats, con el piano al fondo
Comedor del restaurante 4Gats, con el piano al fondo

Ahora ofrecen un menú de mediodía y la cocina está abierta desde las 11:30 hasta la medianoche. El chef apuesta por recetas catalanas con toques modernos. El local lo gestionan actualmente los hijos de Ferré, aunque fue él quien acudió este verano a recoger la Medalla de Oro de la ciudad, concedida al 4Gats por su trayectoria cultural durante los 120 años que han transcurrido desde su apertura. Una apuesta que mantienen y que quién sabe qué nuevo movimiento acogerá.