El debate sobre la intención de algunos ayuntamientos de recuperar la gestión pública de determinados servicios básicos ha hecho que personas autorizadas y de enorme prestigio profesional hayan decidido hacer pública sus opiniones para permitir que el asunto llegue a la sociedad con la mayor y mejor información posible.

Uno de los que se ha decidido a postularse ha sido el prestigioso economista Ramón Tamames, que ha escrito junto a otros autores el libro recientemente publicado ‘Remunicipalicación, ¿ciudades sin futuro?', y considera que los intentos de algunos ayuntamientos de remunicipalizar la gestión de los servicios básicos es un tremendo error que puede tener graves consecuencias para los ciudadanos. Tamames defiende que este asunto se ha provocado más por cuestiones ideológicas que económicas y cree que las posturas dogmáticas no van a ayudar a resolver este asunto.

¿Cree usted que existe una demanda social para que los ayuntamientos tomen el control de los servicios básicos?
Hay un asunto que ha pasado desapercibido para mucha gente, pero yo, que me suelo fijar mucho en estas cosas, considero muy importante. El 4 de noviembre de 2015, un grupo de ayuntamientos, en los que están los populistas gobernando junto a Izquierda Unida o el PSOE, publicó un anuncio en el que manifiestan que todos los servicios deben ser gestionados públicamente. Entre otros, están los de Santiago de Compostela, Barcelona, Madrid o Valencia. En ese anuncio hay una declaración de guerra. Y no alegan razones, alegan principios de sentido solidario y piensan que solo puede haber principios de ese tipo. Lo que deberían hacer son valoraciones de eficacia, que es hacer las cosas, y de eficiencia, que es hacerlas bien.

Entonces, ¿qué tipo de valoraciones se deberían haber hecho?
Frente a este tipo de planteamientos no valen los argumentos ideológicos. Lo hay que ver es si un servicio está bien prestado o no, si es eficaz y eficiente.

¿Qué tipo de gestión cree usted que es mejor?
Yo no me decanto ni por la gestión pública ni por la privada, sino por la más eficiente. Además, eso es algo que la Ley de las Bases de Régimen Local exige, que las soluciones deben ser siempre las más eficientes.

¿Y eso cómo se puede controlar?
Pues con una licitación continua, es decir, una licitación para poner las condiciones, que es la regulación, para poner las condiciones de vigilancia y seguimiento, que es la supervisión. Como decía Renato Zangheri, alcalde de Bolonia del PCI durante muchos años que hizo una gestión municipal extraordinaria, la soberanía municipal está en regular, supervisar y sancionar, no en hacer las cosas directamente. Hizo un gran modelo en ese sentido

¿Qué efectos puede tener una remunicipalización de los servicios?
Puede tener efectos negativos. Hay que tener en cuenta que una remunicipalización no deja de ser una ampliación de la nómina municipal. Que una empresa privada pase a ser pública significa que los trabajadores pasan a ser funcionarios. Ese sistema, de entrada, tiene unos costes, que van al presupuesto municipal, y eso supone que si se destina dinero a esa gestión se va a perder de otras partidas, muy probablemente de otras partidas que son necesarias y que pueden menoscabarse. Y podría ocurrir que atenciones en barrios extremos, de los que ahora se denominan de cuarta categoría, se vieran abandonados. Además, se podría caer en amiguismos y nepotismos o en situaciones indeseables.

¿Cuál sería la forma de impedir todo esto?
Creo que hay que estar vigilantes y siempre que se quiera remunicipalizar exigir que se haga una licitación, para que se puedan presentar los mejores, y que la gestión la hagan los mejores, sean públicos o privados.

De todas formas hay sectores importantes que defienden la remunicipalización.
Pero es un absurdo. Por ejemplo, en Madrid el servicio de gestión de aguas funciona muy bien, y es público, es el Canal de Isabel II. Lo lamentable es que haya sido un pozo de corrupción, pero el servicio era excelente. Creo que la pretensión de la alcaldesa de Madrid de remunicipalizar el agua dentro del Canal de Isabel II es un absurdo. ¿Para qué se mente a tener un servicio propio del ayuntamiento? Volviendo al tema de la declaración de noviembre de 2015, en general allí hay mucha dogmática y pocos principios racionales explicados, hay mucha ideología y poca economía.

Usted defiende en el libro Remunicipalización ¿ciudades sin futuro? que esto puede afectar negativamente al desarrollo de las ciudades, al empleo y a las condiciones laborales de los sectores implicados. ¿En qué se notaría ese perjuicio?
En el libro se dice también que el 34 por ciento de los servicios es de gestión pública y el 34 por ciento de gestión privada. Y el resto es de empresas mixtas. En España no estamos en una situación desastrosa y los servicios públicos son buenos funcionan razonablemente bien, aunque siempre hay algunos fallos. Pero para corregir esos fallos están las multas. Creo que hay una buena situación de equilibrio entre lo público y los privado. Y ahora hay una tendencia a romper ese equilibrio que nos puede llevar a una fase de menos eficiencia, más coste y peor servicio para los ciudadanos.

Pero hemos podido ver algunas situaciones de familias que no tiene accesos a los servicios mínimos…
Ese es un tema que está casi resuelto. El bono eléctrico ya funciona y hoy en andie a nadie prácticamente se le corta el agua. Hay que tener en cuenta que el bono eléctrico ya es una buena partida para las eléctricas. Cero que en todo este asunto se ha avanzado mucho.

¿Qué opinión le merece que en Barcelona se esté intentando crear una empresa pública para ofrecer servicios funerarios?
Creo que el ayuntamiento no tendría que meterse en eso si la situación es normal. En Madrid hay una sociedad mixta, 49 por ciento privada 51 por ciento pública, que funcionaba bien, pero creo que la remunicipalización que se ha hecho ahora es negativa, ya que va a costarles dinero a los ciudadanos de Madrid. Además, no se ha hecho una reforma fundamental, que es que se debería ir, no a una prohibición, pero si a una recomendación de la incineración. La situación actual de los cementerios no se puede sostener, están saturados y cada vez hay más población. La solución más lógica es la incineración, algo que ahora hasta la iglesia acepta, aunque crea que las cenizas deben depositarse en la iglesia o en algún lugar sagrado.