Mientras el Poblenou se despide de la centenaria subestación eléctrica de la calle Castella, Les Corts da la bienvenida a un nuevo transformador que le permitirá operar con alta tensión. La instalación, soterrada a 16 metros bajo suelo entre las facultades de Zona Universitària, empezó a llevar carga en marzo del 2016, aunque hasta el momento solo tenía capacidad para hacerlo en media tensión. El equipamiento, sin embargo, está diseñado para albergar dos transformadores más, por lo que podría llegar a abastecer a 49.000 clientes, como ha explicado el explicado el técnico gestor de subestaciones de Barcelona, Joan Martí, durante una visita a la instalación.

Aunque lo de que le darán la bienvenida es relativo, porque la subestación es imperceptible a los ojos de los viandantes, que, en su lugar, pueden apreciar poco más que un destartalado solar propiedad del distrito. Un descampado que, en un futuro, se destinará a la construcción de equipamientos municipales que recubrirán el exterior de la instalación.

Su integración con el paisaje urbano es precisamente uno de sus atributos más destacados, al que hay que añadir el hecho de que suponga un ahorro de espacio significativo. Esta misma estación en el aire necesitaría de mayor espacio de aislamiento y, por lo tanto, sus dimensiones crecerían exponencialmente.

Con la puesta en marcha de este segundo transformador, la subestación queda conectada a la red de alta tensión mediante dos líneas con dos subestaciones más, la de Collblanc y la de Trinitat, y, a su vez, unida también a dos subestaciones de media tensión, la de Sant Just y la de Carles III. La integración de esta instalación a la red permite crear una malla que garantiza que, en caso de incidencia, los clientes que dependen de una de las subestaciones que la integra se puedan alimentar de la electricidad de otra.

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SIN TRABAJADORES

Junto a estos dos transformadores, en los 7.452 metros cuadrados de extensión del equipamiento no hay ni una sola silla o cualquier rastro de mobiliario de oficina. El motivo es que esta subestación funciona de forma completamente autónoma y no alberga trabajadores en su interior.

Por eso, la instalación incorpora un sistema de control que vigila bajo lupa todo lo que ocurre en su interior. Las medidas de seguridad están especialmente dirigidas a evitar incendios, por lo que, junto al transformador, se han instalado detectores que controlan la temperatura de la sala, una barrera de infrarrojos, extintores de agua nebulizada o pintura que resiste temporalmente al fuego. Además, las cámaras con supervisión térmica permiten registrar en tiempo real la temperatura a la que se encuentran las partes que pueden ser más críticas de esta instalación.