El año 1860, Ildefons Cerdà presentó el proyectó del Eixample que marcaría un antes y un después en la historia de la ciudad. Una transformación urbanística que vislumbraron dos empresarios de Mataró (Barcelona) y un barcelonés en 1857. Ese año, crearon la Compañía de Aguas Dos-Rius con la que pretendían trasladar el agua desde el Maresme hasta la capital catalana. Diez años después, se constituyó en  Lieja (Bélgica) la Compagnie des Eaux de Barcelona.

Así es como empieza la historia de Agbar, ahora recogida en un nuevo libro editado por la compañía que preside Ángel Simón: Aigües de Barcelona. 150 años al servicio de la ciudad (1867-2017). Un ejemplar que se ha presentado este jueves en las instalaciones de la Central Cornellà, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos. Al acto han asistido Simón; el director general de Agbar, Ignacio Escudero; el alcalde de Cornellà, Antoni Balmón y el exconseller Felip Puig, entre otros.

Durante el acto, el historiador y autor del libro Manel Martín, ha explicado algunos de los puntos claves en la historia de Agbar subrayando que incluso durante la Guerra Civil Española, “ni un solo dia le faltó el agua a la ciudad. Ni siquiera se cortó durante los bombardeos” para poder ayudar en las labores de extinción de incendios y abastecer a la ciudadanía, según el experto.  La también historiadora y editora de la revista Avenç, Nuria Martín, ha explicado que el libro se ha presentado tras tres años “muy intensos” de consultas y documentación.

LA HISTORIA CONTADA POR AGBAR

El libro hace un repaso de la historia de la compañía en más de 200 páginas de historia e ilustraciones. El punto de partido es el momento de su aparición en 1867 y a partir de entonces, se empezaron a construir kilómetros de canalizaciones de distribución de agua llegando a los 40 kilómetros y los 412 edificios abonados en 1873. Ocho años después, se superaban los 2.500 inscritos distribuidos por el Eixample, Ciutat Vella, Gràcia, Sant Gervasi, Sant Andre, Les Corts y Sant Martí.

En 1902, la reconvertida en Societé Générale des Eaux de Barcelona (SGBA) no solo abastecía a la capital catalana sino que también llega a L’Hospitalet, Montcada y Badalona. Dos años después, se construye en el Tibidabo el depósito más alto de la ciudad y en 1905, la empresa logra el permiso para explotar las aguas subterráneas del río Llobregat en Cornellà. Fue en 1909 cuando se abrió el primer pozo en este misma ciudad que ahora alberga el Museo de Agbar.

Con el fin de la Guerra Civil español, la empresa filial Baños Populares de Barcelona empieza a ofrecer duchas, baños y piscinas populares que en la década de los 60 se convertirían en atractivo turístico. A finales de esa misma década, en 1967, empieza a canalizar el agua del Ter hasta la capital catalana. La red sigue sumando abonados hasta que en 1992, coincidiendo con los Juegos Olímpicos, se constituye el actual grupo Agbar. La historia más reciente queda marcada por la inauguración de la Torre Agbar en 2005, ahora candidata a acoger la Agencia Europea del Medicamento, y por el pulso que la empresa privada mantiene con el Ayuntamiento de Barcelona por la municipalización del agua.