La hermana de Marc tuvo que ser ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Barcelona por una insuficiencia respiratoria aguda. Muy angustiado por su situación, fue a preguntar al personal de enfermería cuándo podría volver a visitarla porque tenía algunas reuniones de trabajo inaplazables y no sabía si tendría tiempo de llegar para la hora de comer. “La UCI está abierta todo el día”, le dijeron para su sorpresa, aunque técnicamente de 7:30 a 10:30 piden a los familiares que no acudan a la unidad para hacer las visitas médicas.

El Hospital de Barcelona, que abrió sus puertas en 1989 en el edificio que debía ser el hotel Hilton, fue el primer hospital cooperativo del mundo (es propiedad de SCIAS y está cogestionado por médicos y usuarios) y también se desmarcó de otros centros con una política de puertas abiertas para la UCI, que cuenta con 14 camas. “Ahora está muy de moda hablar de las puertas abiertas, pero aquí ha formado parte de la filosofía del hospital desde el primer momento”, explica a Metrópoli Abierta el jefe del Servicio de Cuidados Intensivos, el doctor Lluís Cabré

PACIENTES MÁS ACOMPAÑADOS

Los pacientes ingresados en la UCI suelen estar en una situación crítica y para los familiares es importante poder estar cerca en todo momento. “Al no haber horarios restrictivos, es más fácil que los familiares se puedan organizar las visitas, pero lo más importante es que pueden quedarse tanto tiempo como quieran”, señala Cabré. Y eso tiene un doble efecto positivo: los pacientes se sienten mucho más acompañados en un momento complicado y los familiares “se involucran mucho más en el día a día”. Para médicos y enfermeras también es valioso, ya que los familiares proporcionan información “muy valiosa” sobre los pacientes que permite ofrecerles un cuidado más personalizado.

El Hospital de Barcelona fue el primer hospital cooperativo del mundo / SCIAS

Además, son más conscientes de lo que les pasa a sus seres queridos, ya que estar en la UCI es una montaña rusa de emociones. “Pasan muchas cosas entre el desayuno y la comida y a veces cuesta explicar de forma concisa y comprensible todo lo que ha ocurrido en unas pocas horas, sobre todo en los casos más graves”, añade la supervisora, Eugenia Portillo. “Ver la evolución del paciente de forma continuada les ayuda a entender mejor lo que pasa y algunos acaban convirtiéndose en auténticos expertos sobre la saturación de oxígeno o las constantes vitales”, dice medio en broma.

UNA FUENTE DE ANÉCDOTAS

Tener un régimen de visitas abierto hace que el personal médico y las familias estrechen lazos y establezcan relaciones personales. “Hemos celebrado cumpleaños, fiestas de fin de año... una vez una chica se puso de parto y tuvo a su hijo mientras su padre estaba ingresado en la UCI”. Estar presente en los momentos especiales de las familias también ayuda a sobrellevar una rutina marcada por el estrés y la presión de tratar con pacientes en situación crítica y, al mismo tiempo, da una sensación de normalidad.

Las anécdotas también forman parte del día a día de la UCI. “La del zapato”, explica el doctor Cabré ante las risas del personal médico. “Un señor, para no tener que llamar cada vez a la puerta de la UCI, puso un zapato haciendo de tope y se movía descalzo por el hospital”. Incluso hicieron fotos para inmortalizar un detalle tan entrañable. En otra ocasión ingresaron a “dos amantes” con la misma enfermedad y tuvieron que hacer malabares para que sus respectivas parejas no se cruzaran. “Uno en cada punta”.

El Hospital de Barcelona está ubicado en el antiguo edificio donde tenía que estar el Hilton / SCIAS

UNA UCI A LA ALTURA DEL HILTON

El Hospital de Barcelona está ubicado en un imponente edificio construido en los 70 y que en principio debía albergar el primer Hilton de la ciudad, que ahora se encuentra justo enfrente y se puede ver desde muchas habitaciones. La obra fue concebida durante el mandato de José María Porcioles (1957-1973), que aprovechó el desarrollismo franquista para llenar Barcelona de proyectos urbanísticos muy ambiciosos para recuperar el esplendor de la ciudad y transformarla para que pudiera acoger grandes eventos como la Exposición Universal de 1929.

Una ciudad moderna como la que imaginaba Porcioles necesitaba hoteles de lujo y concedió una licencia a Hilton para que levantara un rascacielos. El proyecto no tuvo tiempo ni de estrenarse porque la obra superaba en un 40% los límites de volumetría y altura que marcaba la ley. La justicia ordenó a la cadena derribar la parte ilegal del rascacielos e indemnizar a la ciudad, pero la sentencia que nunca se ejecutaría y el litigio duró varios años. Finalmente, SCIAS se ofreció a comprar el edificio para instalar un hospital (el cambio de usos permitía conservarlo tal y como estaba) y cambió suites por quirófanos y recepcionistas por enfermeras.