En 1995, la población de cotorras argentinas en Barcelona era de 1.400 ejemplares. En el año 2000 la cifra creció hasta las 2.000 y una década después ya eran 2.700. En el último recuento de esta especie invasora, realizado en 2015, la población de cotorras se sitúa en alrededor de 5.000 ejemplares.

El crecimiento exponencial ha permitido que la población de cotorras prácticamente se duplique en apenas 5 años, mientras las autoridades no actúan para frenar esta plaga. El Real Decreto 630/2013, del 2 de agosto, establece que es competencia de las Comunidades Autónomas legislar sobre las “medidas de gestión, control y erradicación de plagas de especies exóticas invasoras”, como es la cotorra argentina.

EL TIEMPO CORRE A FAVOR DE LAS COTORRAS

El jefe de servicio de Vigilancia y Control de Plagas Urbanas de Barcelona, Víctor Peracho, señala que “cuánto más tardemos en intervenir activamente, más difícil será controlar la plaga de cotorras”, por lo que reclama a la Generalitat un marco legal para poder actuar contra esta plaga.

Por el momento, el equipo de Control de Plagas está vigilando a la especie, a través de estudios poblacionales y epidemiológicos, “para de alguna manera saber cómo evoluciona, cómo crece y en qué estado se encuentra y si tiene enfermedades que se puedan transmitir al hombre”, según ha declarado Peracho a Metrópoli Abierta.

Actualmente sólo se actúa cuando hay riesgo de caída de un nido, por el peso del mismo. Las cotorras tienen nidos comunales que en ocasiones provocan la rotura de las ramas de los árboles en las que colocan sus casas, ante cuya amenaza se actúa cortando la rama para evitar que caiga sobre un vecino.

PROBLEMA AMBIENTAL, NO HUMANO

El problema es la falta de visualización de las consecuencias de la plaga de cotorras, pues a diferencia de otros animales como las palomas, apenas tienen perjuicio para los humanos, más allá del ruido que producen en los nidos. El pasado año sólo hubo 19 quejas de vecinos relacionadas con este animal.

El impacto sobre el patrimonio vegetal de las cotorras viene determinado porque son animales que se alimentan de brotes verdes de árboles y plantas y desplazan a especies autóctonas como los gorriones, los mirlos o las urracas. Los nidos los colocan principalmente en palmeras, pero también en plataneros.

CÓMO CONTROLAR LA PLAGA

La falta de sus depredadores naturales, unida a las condiciones climáticas favorables y que dispongan de alimento en abundancia permite a este animal crecer con facilidad. Las cotorras se han expandido por toda la costa mediterránea y por algunas ciudades de interior, como Madrid o Zaragoza. Precisamente, la capital aragonesa es la única localidad española que ha adoptado medidas para frenar el crecimiento de esta especie, y con éxito. Para ello ha esterilizado los huevos y ha cazado los animales adultos con escopeta.

A diferencia de las palomas, con las que se está desarrollando un plan para controlar la población esterilizándolas mediante pienso, no existe un producto similar que permita repetir este proyecto con las cotorras. Además, tampoco es viable la captura de ejemplares adultos para esterilizarlos o sacrificarlos, pues, según Peracho, “capturarlas no es tan fácil. (la cotorra) No es una paloma, tiene su capacidad de aprendizaje mucho más desarrollada y tampoco responden en masa como las palomas. El tema de las capturas no está ni mucho menos resuelto”.