Aunque al hablar de los peligros de la contaminación lo primero que nos venga a la cabeza sean partículas malignas fluctuando en el aire, lo cierto es que el mayor enemigo de los barceloneses en este ámbito es el ruido. Según estudio de ISGlobal, la contaminación acústica derivada del tráfico supone un 36% del conjunto de estimaciones de enfermedades y mortalidad en la ciudad. Un porcentaje superior incluso al atribuible a la contaminación del aire.

El estudio concluye además que Barcelona podría evitar cada año el 13% de esta carga de enfermedad si se cumplieran las recomendaciones internacionales de actividad física y exposición a la contaminación del aire, el ruido, el calor y el acceso a los espacios verdes. Esto supondría que se llegaran a evitar cada año casi 1.700 casos de enfermedades cardiovasculares, más de 1.300 casos de hipertensión, cerca de 850 casos de ictus y 740 casos de depresión, entre otros. 

“La ciudad no cumple con las recomendaciones internacionales”, señala el coordinador del trabajo y director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, Mark Nieuwenhuijsen, que aunta que “se acostumbra a decir que Barcelona es una ciudad ruidosa, pero no se relaciona con la salud". "El estudio muestra esta asociación, por lo que es necesario actuar de forma urgente”, concluye el investigador.

La investigación, publicada en la revista Environment International, se ha realizado a partir de la herramienta “Evaluación de Impactos en Salud de la Planificación Urbana y del Transporte” (UTOPHIA, por sus siglas en inglés), que ha sido desarrollada por un equipo de ISGlobal. Esta metodología ya se utilizó el año pasado para estimar la carga de mortalidad en Barcelona y concluyó que se podrían posponer casi 3.000 muertes prematuras en la ciudad con una mejor planificación urbana y del transporte.

En esta ocasión, el trabajo ha estimado la carga de morbilidad -cantidad de personas que enferman en un lugar y un período de tiempo determinados en relación con el total de la población- y los costes económicos anuales que esto supone para la salud pública. Se han comparado las recomendaciones internacionales con los niveles de exposición anuales de 1,36 millones de residentes de Barcelona de más de 20 años de edad.

EL RUIDO, UN PROBLEMA DE PRIMER ORDEN

Concretamente, el estudio apunta a que los barceloneses están expuestos a una media diaria de 65,1 decibelios durante el día y de 57,6 por la noche, superando así los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que son de 55 dB y 40 dB, respectivamente. Lo saben bien los vecinos de Ciutat Vella, donde los sonómetros instalados en las zonas con mayor actividad de ocio nocturno detectaron que el ruido llegaba a alcanzar los 75 dB. 

También sufren los efectos de la contaminación acústica los vecinos de la plaza del Sol, que llevan años denunciando los altos niveles de ruido a los que se exponen. Por eso, recientemente se armaron de sonómetros e hicieron una radiografía de la situación para presionar al distrito a poner una solución. Los resultados mostraron picos de hasta 100 dB, muy por encima del umbral recomendado.

La plaza del Sol, en Gràcia, está llena desde media tarde hasta la madrugada / XFDC
La plaza del Sol, en Gràcia, está llena desde media tarde hasta la madrugada / XFDC

Por eso, la investigadora de ISGlobal y co-autora de este estudio Natalie Mueller destaca que “los resultados de la investigación señalan que el ruido del tráfico es un problema de primer orden para la salud que causa molestias y alteraciones del sueño a muchas personas”. “Existen evidencias de que la exposición al ruido durante la noche es particularmente dañina, porque afecta a los procesos de regeneración que se producen en el cuerpo durante la fase de sueño. Además, el ruido del tráfico se asocia con la hipertensión, enfermedades cardiovasculares e ictus”, añade.

CONTAMINACIÓN DEL AIRE

A su vez, la contaminación del aire contribuye con un 19% a la carga de enfermedad provocada en la ciudad por la planificación urbana y del transporte. Las personas residentes en Barcelona están expuestas a una media anual de 16,6 µg/m3 de partículas finas (PM 2,5), cuando los niveles máximos establecidos por la OMS son de 10 µg/m3.

En cuanto a la actividad física, el 70% de los barceloneses no llegan al mínimo recomendado por la OMS (150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de alta intensidad por semana). Respecto al calor, en los meses de verano se superan las temperaturas adecuadas para la salud; y un tercio de la población no vive cerca de espacios verdes.

Imagen de los niveles de contaminación en Barcelona / EFE
Imagen de los niveles de contaminación del aire en Barcelona / EFE

La investigación también estima que la carga de enfermedad provocada por una mala planificación urbana y del transporte tiene un impacto económico de más de 20 millones de euros en costes para el sistema de salud.

 “La carga de enfermedad de Barcelona se podría hacer descender de manera drástica aplicando dos medidas: la reducción del tráfico motorizado a través de la promoción del transporte activo, y el incremento de los espacios verdes. Eso daría lugar a mayores niveles de actividad física por parte de la ciudadanía y a menos contaminación atmosférica, ruido y calor”, concluye Nieuwenhuijsen.