El peligro más importante para la salud no se ve a simple vista. Cabe distanciarse. Subir a Collserola o alejarse a algún pueblo de la costa. Y una vez se esté allí, hay que girarse y mirar hacia Barcelona. Es entonces cuando uno se da cuenta de la boina de contaminación bajo la que vive. Una atmósfera de color marrón cálido que llena los pulmones las 24 horas del día. Algunas horas son más críticas que otras, pero al fin y al cabo los agentes perjudiciales conviven en la calle y se adentran en los hogares todos los días. De hecho, las conclusiones del último informe de la Evaluación de la Calidad del Aire del 2016 son alarmantes (aunque desgraciadamente, ya no sorprenden): el 95% de los barceloneses respira demasiada contaminación.

Los máximos que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS) están muy por detrás de los niveles que se alcanzan en Barcelona. Solo un dato: si se redujera a lo que establece el organismo sanitario en referencia a la cantidad de PM2.5 que hay en la atmósfera barcelonesa, cada año se podrían evitar 650 muertes. Sí, la contaminación mata. Casi que esta conclusión no es noticia, pero cabe repetirla para que no se nos olvide: la contaminación (nos) mata.

ENFEREMEDADES AGRAVADAS

Para contemplar el efecto que provocan estos niveles de contaminación sobre los ciudadanos, no hay nada mejor que ejemplificar sus consecuencias. Por ello, es importante saber que, si estos niveles se desbordan, hay enfermedades que sí se harán notar en el cuerpo humano. Sobre todo aquellas relacionadas con problemas cardiovasculares y cerebrovasculares. Estas no dan tregua, y cada día que pasa, acercan al ciudadano un poco más a su fin de forma prematura. Luego, y aunque no lleven a pasar por la morgue, hay otras afecciones como el asma, la diabetes o la hipertensión que se pueden ver agravadas por culpa del aire que respiramos.

De hecho, no hay que cargar todas las culpas sobre el PM2.5. Este no es el único agente contaminante que hay en Barcelona por encima de lo recomendable. En la Ciudad Condal también no encontramos con niveles excesivos de NO2, PM10, benceno, ozono y benzopireno. Para luchar contra estos excesos atmosféricos, la comisionada de Salud del Ayuntamiento, Gemma Tarafa, ha señalado que desde el consistorio irán desplegando progresivamente el plan anti contaminación que anunciaron el pasado mes de noviembre.

DEL COCHE AL TRANSPORTE PÚBLICO

Las 58 medidas, sin embargo, no esconden ningún secreto. Los causantes son fáciles de imaginar, aunque muchas veces se trate de mirar hacia otro lado. Tal como señala el estudio, es “imprescindible” disminuir el tránsito que circula por la ciudad. Ni siquiera los vehículos menos contaminantes son parte de la solución, porque lo único que aportan estos es una disminución de los agentes NO2. Los deberes que los expertos le encargan a la administración son muy claros: incentivar/molestar/atraer los usuarios del vehículo privado hacia el transporte público o la bicicleta. Un largo paseo, añade, tampoco sería una mala idea para hacer salud de camino al trabajo. Menos ir al gimnasio en moto y más andar, vaya. 

De las 58 medidas que tiene previsto desplegar el consistorio, una de ellas se pone en marcha este martes. Tal como señalan desde la administración local, la información que recibe el barcelonés es fundamental para llevar a cabo el programa anti contaminación. Por ello, mediante la web lameva.barcelona y en el espacio virtual del consistorio, los vecinos y vecinas podrán informarse de los niveles atmosféricos 'on time' de cada una de las estaciones que hay repartidas por Barcelona. Sin embargo, hay zonas de la ciudad, como la Meridiana, en las que no hay ninguna de estas furgonetas-termómetro.