La primavera ya está aquí y, como cada año, viene acompañada. Con la llegada del buen tiempo, muchos barceloneses empiezan a hacer hueco en sus armarios para desterrar los abrigos y, a cambio, llenan sus bolsillos de pañuelos para combatir las alergias a los ácaros del polvo y al polen, que durante la primavera campan a sus anchas por la ciudad. En Barcelona, como en todo Occidente, la prevalencia de las alergias oscila entre el 20% y el 25% de la población, una cifra que ha ido en aumento desde hace al menos dos décadas.

“No se sabe muy bien a qué se debe este incremento”, explica el doctor Antonio Valero, especialista de Alergología del Servicio de Neumología y Alergia del Hospital Clínic. Sí está demostrado que las personas con alergia tienen una predisposición genética a sufrirlas. “En 20 años no puede haber cambios genéticos, por lo que es más probable que se trate de cambios epigenéticos”, es decir, factores ambientales que modifican la forma en que se expresan determinados genes.

Hay más contaminación, hemos modificado nuestros hábitos alimentarios, estamos más expuestos a antibióticos y nuestro organismo tiene menos contacto con patógenos

La doctora Victoria Cardona, jefa del Servicio de Alergología del Hospital de la Vall d'Hebron, sintetiza estos cambios: “Ha cambiado el ambiente en el que vivimos. Hay más contaminación, hemos modificado nuestros hábitos alimentarios, estamos más expuestos a antibióticos y nuestro organismo tiene menos contacto con patógenos debido a una mayor higiene. Todo esto influye en el sistema inmunológico y nos hace más propensos a desarrollar alergias”.

La buena noticia es que las alergias, si bien son incurables, sí pueden convertirse en una enfermedad asintomática. “El mejor tratamiento es la prevención. Fácil de decir y difícil de hacer, claro”, añade la Dra. Cardona. “Además del suero, los antihistamínicos y los corticoides, que tratan los síntomas, las vacunas pueden ser muy útiles si se selecciona bien al paciente porque cambian el sistema inmunológico”. Funcionan como cualquier otra vacuna: se inyecta una cantidad pequeña del alérgeno y el cuerpo produce anticuerpos que impiden desarrollar los síntomas.

LAS ALERGIAS MÁS COMUNES

Las alergias son reacciones anómalas del cuerpo a sustancias que en principio deberían inocuas, como el polen, o que son vitales para una persona, como la comida o ciertos medicamentos. En una ciudad como Barcelona, las alergias respiratorias son muy comunes tanto por el clima como por la geografía. De hecho, se estima que alrededor de un 40% de las alergias son causadas por los ácaros, mientras que otro 40% es debido al polen (aunque las cifras pueden variar según la zona).

“Barcelona es una ciudad perfecta para los ácaros del polvo”, señala la Dra. Cardona. Viven en el polvo que se genera en las casas y se reproducen más en los cambios estacionales de primavera y otoño, lo que provoca un aumento de la exposición. “Una temperatura ambiente agradable y una humedad relativa alta son condiciones ideales para los ácaros. En lugares menos húmedos, como en el Pirineo, no hay”.

En grandes ciudades como Barcelona o Madrid el platanero es el árbol ornamental por antonomasia y, por lo tanto, es el que más alergias causa

En el caso de los pólenes, los más comunes son los de platanero (que poliniza a finales de marzo y abril), de urticáceas (como las parietarias, que polinizan en abril y siguen hasta otoño, aunque en verano desciende) y de cupresáceas (el ciprés es el más habitual, cuya polinización empieza en invierno y proviene de la zona del Tibidado), señala el Dr. Valero. “En grandes ciudades como Barcelona o Madrid el platanero es el árbol ornamental por antonomasia y, por lo tanto, es el que más alergias causa porque su polinización dura solo cuatro o cinco semanas, pero tiene más intensidad”.

Distribución del polen por época del año y especie o género / XAC

ALERGIA VS. RESFRIADO

Los síntomas de la alergia son muchos y variados, pero se acostumbran a agrupar en tres: rinitis (estornudos, picor, mucosidad), conjuntivitis (picor, enrojecimiento y lagrimeo) y asma (dificultad para respirar, sensación de ahogo, tos), apunta el Dr. Valero. Los pacientes con alergias respiratorias suelen tener rinitis en casi el 100% de los casos, mientras que el 60%-80% también sufre conjuntivitis y el 20%-40% asma, ya sea de forma simultánea o consecutiva -aparición de nuevos síntomas con el paso del tiempo-. Algunos son muy fáciles de identificar, pero otros podrían confundirse con los del resfriado común. 

Tanto el Dr. Valero como la Dra. Cardona coinciden en que el diagnóstico es muy sencillo “desde el punto de vista médico”, pero no tanto desde el del paciente. Además de acudir al médico de cabecera, el truco más sencillo es contextualizar los síntomas. Un resfriado común suele durar entre siete y diez días, no más, y una persona puede acatarrarse como máximo unas tres veces al año. Si el supuesto resfriado dura más de diez días o siempre aparece en cambios estacionales o cuando hay circunstancias ambientales muy parecidas, entonces lo más probable es que sea alergia.

Aunque no hay manera de predecirlo con seguridad, es muy habitual que una persona alérgica tenga familiares directos afectados

Otro factor importante es la genética. Aunque no hay manera de predecirlo con seguridad, es muy habitual que una persona alérgica tenga familiares directos afectados. Algunos estudios muestran que si ambos progenitores sufren alergia, los hijos tienen hasta un 80% de posibilidades de ser alérgicos, mientras que si solo es uno de los dos, la probabilidad baja al 40%-50%. Dos datos más: las alergias se pueden desarrollar a cualquier edad, si bien lo más habitual es que aparezcan entre los 10 y los 30 años, y normalmente no vienen solas: ser alérgico a una sustancia te hace más propenso a serlo a otras.

FALTAN ALERGÓLOGOS

En Catalunya existe un déficit histórico de alergólogos en la sanidad pública, tanto por los recortes como por la apuesta por el concierto privado: hay unos 55 para 7,4 millones de personas, una cifra que, teniendo en cuenta que una de cada cuatro sufre una alergia, da una tasa de un alergólogo por cada 33.700 pacientes potenciales. No todos necesitan supervisión médica, por supuesto, pero esta circunstancia provoca listas de espera de entre tres y doce meses y añade una gran carga de trabajo a los servicios.

En el Hospital Clínic, por ejemplo, visitan a 1.800 pacientes al año y realizan unas 6.000 visitas de control. En el Vall d'Hebron tratan a 3.000 nuevos pacientes cada año y hacen el seguimiento a otros 4.000. Son cifras muy elevadas para servicios con poco personal, pero hay que tener en cuenta que ambos, además de hospitales de zona, son centros de referencia que aceptan casos complejos de otros hospitales. 

“Nos dejamos quitar el asma, que tradicionalmente se ha llevado desde neumología”, bromea la Dra. Cardona. Pero ahora alergólogos y neumólogos trabajan juntos para dar una respuesta coordinada. “Los alergólogos somos los únicos que podemos hacer un diagnóstico global. El otorrinolaringólogo puede diagnosticar una rinitis, pero no sabe de alergias alimentarias, y el dermatólogo sabe de dermatitis, pero no tiene experiencia con el asma”, concluye.