Uruguayo de nacimiento y catalán de adopción, Ever Blanchet es el hombre detrás de dos de las salas teatrales de Barcelona con más personalidad propia. Junto a la trama urbana y a sus habitantes, 1992 también fue un año de importantes mutaciones para el paisaje cultural de la ciudad. "Antes", advierte el dramaturgo, "aquí no aguantaba nadie en cartelera, ni Els Joglars ni Dagoll Dagom". Con este cambió de paradigma, en 1995 la compañía Versus vio la oportunidad de abrir una sala de nombre homónimo con la intención de programar a autores emergentes y revisionar a los clásicos. Pronto se convirtió en un espacio de referencia en la ciudad dando salida a jóvenes dramaturgos y apostando por un espacio no convencional: un escenario central.

Tras consagrarse como una sala alternativa, Blanchet vio la necesidad de dedicar un segundo espacio a un teatro de carácter más popular. De ahí surge la semilla del Teatre Gaudí, estrenado en 2008, con el doble de capacidad que su predecesor y específicamente consagrado a los musicales. Su leitmotiv, “un espacio joven para un proyecto viejo”.

Si el Versus actúa como una lupa que amplia y disemina las irracionalidades y atrocidades de nuestra sociedad contemporánea, en la otra cara de la moneda, el Gaudí nos recuerda que el teatro es uno de los cohesionadores sociales más efectivos. De ahí que Blanchet reivindique la importancia de las piezas cómicas y los musicales, comúnmente banalizados o estigmatizados por ser “leves” por parte de ciertos sectores intelectuales que “parecen tener fobia a aquello que se llame 'popular'”. Por el contrario, el director artístico apunta a que el peligro real está en ese teatro críptico que acaba convirtiéndose en un ejercicio pretencioso de contar algo sin que nadie lo entienda.

SHAKESPEAREenBERLIN 4
Shakespeare en Berlin, en el Teatre Gaudí

PELIGROS DE LA ALTERNATIVIDAD

Aunque la coletilla “alternativo” hoy día acompaña a toda actividad que esté de moda, Blanchet recuerda que “las salas alternativas” no son ni mucho menos un fenómeno reciente. “Es lo que Peter Brook hacía en la Chapelle de París”, apostilla. Por eso, el director teatral considera que la alternatividad radica, precisamente, en el espacio. “Hay gente que no quiere entrar al Liceu aunque programe una ópera de Wagner o de Puccini”, alerta, en referencia a la “población ácrata y consuetudinaria que sigue teniendo Barcelona”. “Aunque algunos se empeñen, los anarquistas perviven, sus hijos están vivos y son sus herederos y la gente necesita otros espacios porque es donde encontrará otros contenidos”, sintetiza el dramaturgo.

Sin embargo, Blanchet también alerta de los riesgos de esta “alternatividad”: “si haces algo demasiado crítico, pecas de elitista. Si haces una cosa popular, dentro de tu mismo mundo está mal visto porque 'es algo fácil o leve'”, concluye. “Además, somos un poco talibanes: si siendo salas alternativas conseguimos el éxito, se nos dice que nos hemos vuelto comerciales”, bromea el dramaturgo.

IMG 7206 (1) 
Ever Blanchet en los vestidores del Teatre Gaudí

RECELO INSTITUCIONAL

Pero el enemigo no solo viene desde dentro. Blanchet considera que desde las instituciones siempre ha habido -y continúa habiendo- un cierto recelo a que “surja algo que no esté en sus manos, que se cree y que nazca cultura y propuestas en paralelo”, como ocurre también, a ojos del director teatral, “con los centros autogestionados que no pasan por el filtro oficial". Este tipo de iniciativas alternativas a los circuitos oficiales "asustan a las instituciones", opina.

En este sentido, Blanchet critica que, mientras el público del Liceu, generalmente con mayor poder adquisitivo ("de la Diagonal para arriba, bromea), recibe descuentos en sus entradas derivados de las subvenciones públicas de las que se beneficia el Gran Teatre, el público de las salas alternativas no recibe estos mismos beneficios.

foto 23
Happy Boom, en el Versus Teatre

En cuanto a los “monopolios teatrales” que se dan en Barcelona, Blanchet advierte que estos siempre han existido “porque sus ingresos se lo permiten”. “Nosotros tuvimos que vender un piso para poder tener tres años de autonomía económica, pero también hay grandes empresarios que se meten en este mundo y que perfectamente podrían haber hecho otra cosa”, comenta el dramaturgo, que considera que el paisaje teatral barcelonés continúa siendo rico en variedad.