El nombre de Ramón Espel tal vez no le diga demasiado a la mayoría de la gente, pero estamos ante una de las personas que mejor conoce uno de los lugares más emblemáticos de Barcelona: La Sagrada Familia.

Ramón, arquitecto técnico, lleva más de 24 años como Jefe de Obra del templo y conoce cada rincón del mismo como la palma de su mano. Es capaz de hablarte de cada piedra, del porqué de cada paso que se da en la construcción y de cómo se ha mantenido el espíritu original de Gaudí durante el paso de los años, resistiendo a todo tipo de evoluciones en las técnicas de construcción y en los materiales utilizados.

Apasionado de la obra de Antoni Gaudí, le describe como alguien avanzado a su tiempo, como alguien que sin haber viajado jamás, se empapó de libros que hablaban de arquitecturas lejanas que sin duda le influyeron en todo lo que hizo y, por encima de todo, como un hombre que creía que la arquitectura era una continuación de la naturaleza, la forma en que el hombre podía honrar la creación de Dios.

Gaudí decía que la Sagrada Familia era el templo para los no creyentes y por eso decidió colocar en el exterior todas las imágenes que habitualmente se encuentran en el interior de los templos. Con eso quería impactar a los viandantes y empujarlos a entrar al interior de su magnífica creación, donde él pensaba que entrarían en contacto con Dios.

La Sagrada Familia, el eterno templo inacabado de Barcelona, toma una nueva dimensión cuando lo visitas de la mano de un hombre que ha hecho de su construcción su vida, que ha dedicado cada minuto y cada esfuerzo en culminar la obra de uno de los genios mundiales de la arquitectura y que, ahora sí, pone fecha a la culminación de un emblema de Barcelona y de la humanidad.

¿Por qué decidiste ser arquitecto?
Bueno, en realidad, soy aparejador o arquitecto técnico, como prefieras. Lo tenía muy claro desde muy pequeño, con doce o trece años. Empecé estudiando delineación especializada en obras y con catorce años ya hacía cálculos de estructuras, cosas que me gustaban, y a partir de ahí ya tuve muy claro a dónde llegaría. ¡A dónde llegaría no quiere decir a La Sagrada Familia! ¡Me refiero a la carrera! En ese momento no tenía ni idea de que mi futuro se vería ligado a este templo. En realidad, acabar aquí fue fruto de mi proyecto final de carrera.

Ramón Espel en lo más alto de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS
Ramón Espel en lo más alto de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS

Pero antes ya tenías recuerdos de la Sagrada Familia, ¿no?
Sí, claro. Uno de los recuerdos que tengo más vivos de la Sagrada Familia se remonta a cuando yo tenía mi piso de estudiante muy cerca de aquí. En el año 1992, en el que yo estaba haciendo mi proyecto final de carrera sobre Gaudí, no sobre la Sagrada Familia, se me ocurrió comprar una entrada para visitar el templo e ir al puente de 60 metros para ver la maratón de las olimpiadas. Como mucho de lo que veis ahora no existía, era el mejor enclave para verla.

Y llegaste aquí a través de tu trabajo final de carrera
Exacto, yo había realizado mi proyecto final de carrea sobre Gaudí, basado en la expresión gráfica y la investigación, y me acerqué al templo a hablar con Jordi Bonet, por entonces arquitecto director de las obras. Y de ahí surgió la oportunidad ya que me comentó que estaban en fase de sustituir al jefe de obra y, dado mi interés en Gaudí, podía ser un buen candidato. Pasé un par de años solapado con el jefe de obra para aprender todo lo que fuera posible y ya en el 96 me quedé solo.

¿Y ha sido fácil, difícil,…?
Ha habido momentos de todo. Si yo hubiera entrado aquí tal como está ahora el templo, posiblemente me hubiera mareado sólo de ver la magnitud de la obra. Tuve la “suerte” de entrar en un momento en el que los recursos eran muy limitados y la marcha de la obra también, y poco a poco fueron incrementándose hasta llegar a donde estamos ahora. Esta subida progresiva de recursos y, por tanto, de ritmo de obra, facilitó mi adaptación. De otra forma no sé si hubiera sido capaz hacerlo.

"Gaudí de muy pequeño vio como en su casa, donde eran caldereros, de una plancha en dos dimensiones eran capaces de sacar un caldero"

¿Cuáles han sido las personas que más te han marcado durante estos años de trabajo en el templo?
Entre otros, Jordi Bonet, del que ya hemos hablado y que fue quien me contrató y, por supuesto, el maestro Subirachs, al que me unía una gran amistad y que sin su aportación no tendríamos la Sagrada Familia que tenemos hoy. Y, por último, y que conste que no es para hacer la pelota, el actual presidente de la Fundación de la Sangrada Familia, Esteve Camps. Es una persona que ha transformado la forma de hacer las cosas aquí y del que aprendemos mucho cada día.

¿Qué nos puedes contar de Gaudí más allá de lo que más o menos todo el mundo sabe?
La verdad es que estudiar a Gaudí siempre ha sido una de mis pasiones y una de las razones para continuar trabajando en el templo ha sido conocerle mejor. Yo digo que a medida que construimos vamos conociendo un poco más a Gaudí, es nuestra herramienta para llegar a él, es lo que nos ha permitido acabar de profundizar en la investigación de su figura. Y con esto llegas a la conclusión de que Gaudí es, entre comillas, más simple de lo que la gente piensa. Era una persona que dominaba muy bien los oficios, que de muy pequeño vio como en su casa, donde eran caldereros, de una plancha en dos dimensiones eran capaces de sacar un caldero. Tenía unas bases muy sencillas pero que, gracias a esta tercera dimensión que él tenía en la cabeza y la oportunidad que le dieron personas como Güell y otros mecenas, pudo desarrollar al máximo y convertirlas en lo que hoy todos podemos admirar.

¿Es cierto que su arquitectura se basaba mucho en la naturaleza?
Sí, totalmente. Si te fijas por ejemplo en las gárgolas, hay una que es una rana, otra una serpiente. Las formas finales de sus estructuras se basan en las ramas, en las hojas y, muy especialmente, en las que él veía aquí mismo cuando todo esto eran campos.

Pero es muy importante en él el cambio de siglo y lo podemos ver muy claramente en la Pedrera, donde todas las formas son de la naturaleza, no tiene ninguna razón geométrica, es la supresión de la línea recta, es como si fuera amorfa. Pero Gaudí enseguida se da cuenta de que, para aplicar este tipo de arquitectura, él debería estar siempre en la obra, ya que nacía de su cabeza y era difícil de plasmar en planos. Y piensa: ¿qué pasará cuando yo muera? Y es por eso que en la fachada del templo podemos ver claramente esta arquitectura “natural”, pero para el interior se decantó por una geometría basada en la naturaleza, pero geometría al fin y al cabo, que permitiera que futuros arquitectos la pudieran interpretar cuando él ya no estuviera. Las columnas son troncos, las pequeñas columnas son las ramas y las vueltas son las hojas.

Torres de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS
Torres de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS

Pero es muy importante remarcar el cambio que antes te comentaba que Gaudí experimenta con el cambio de siglo. Las obras anteriores al siglo XX son mucho más geométricas, pero en las proyectadas a partir de 1900 o 1904, la casa Batlló, la fachada del templo, la Pedrera, el parque Güell, podemos decir que la cosa se “desmadra”.

Es muy curioso el caso de la Pedrera si lo ponemos al lado de una obra contemporánea como es el museo Guggenheim. En los dos casos se trabajó de la misma manera, partiendo de una maqueta de yeso que posteriormente se amplió y se pasó a piedra. En el caso del Guggenheim creo que se utilizaron 50.000 planos, pero se partió de una maqueta de yeso. Es crear esa arquitectura que parece escultura porque, en realidad, parte de una escultura. ¡Pensemos, por eso, en la tecnología con la que podía contar Gaudí! Impresionante lo que hizo.

Y durante estos 24 años, ¿cómo has visto evolucionar el templo, no ya sólo a nivel de construcción sino de relevancia pública, de internacionalización?
La evolución ha sido brutal, pero se ha producido en varias fases. La primera se produce con los juegos olímpicos de Barcelona 92. No es un fenómeno exclusivo de La Sagrada Familia, sino que afecta a toda Barcelona, que pasa a ser conocida mundialmente, pero no es un fenómeno de efectos inmediatos. Midiéndolo por el nivel de gasto en la construcción que podíamos manejar, los efectos se empiezan a notar en el 95 o 96, coincidiendo con la entrada de donaciones importantes que permiten inversiones en elementos clave que antes no habíamos tenido: grúas de gran dimensión o una central hormigonera robotizada que te permite hacer las filigranas que vemos aquí. Estas inversiones se siguen notando desde el 98 al 2000. Después viene otro hito en el 2002 coincidiendo con el año Gaudí. Si bien es cierto que ya llevábamos una inercia de subida clara en el número de visitantes, ese año se produce un salto cuantitativo importante que viene para quedarse, que se mantiene los años siguientes. Y creo que una cosa lleva a la otra: como más gente visita el templo, más rápido avanzan las obras y hacen La Sagrada Familia más interesante para ser visitada. Yo siempre digo que la Sagrada Familia tiene algo único: cuando tú vas a Paris por primera vez, seguro que visitarás la Torre Eiffel, pero tal vez la segunda vez no repitas. Cada vez que visitas Barcelona, la Sagrada Familia es distinta de la vez anterior y, por tanto, la vuelves a visitar para comprobar por ti mismo su evolución. Es el único monumento del mundo que está vivo.

Y, por supuesto, la evolución de la marca Barcelona y el hecho de que se haya pasado de un turismo estacional a uno que se mantiene durante todo el año con congresos y eventos importantes, ha proporcionado un flujo de visitantes difícil de imaginar cuando yo empecé.

Y qué me puedes decir de los métodos de construcción. Seguro que han cambiado mucho durante estos años, ¿verdad?
Sí, y ha sido un verdadero reto. El método que estamos utilizando desde un tiempo hacia aquí para construir las torres, es realmente innovador. Traemos los bloques de piedra, en el templo todo es piedra maciza, desde distintos lugares del mundo ya cortados con las medidas y formas exactas que necesitamos. Es importante la procedencia de la piedra, porque las tonalidades que se emplean en la construcción tienen un porqué. La piedra originaria con la que se empezó a construir la Sagrada Familia provenía de las canteras de Montjuïc. Es una piedra de tonalidades rojizas que actualmente es difícil de encontrar y tenemos que irnos a lugares bastante lejanos para conseguirla. En la construcción también encontramos materiales de Galicia, Irlanda, Siria… Pero siempre trabajamos exigiendo la máxima precisión en los bloques que nos envían. Estos bloques se acaban de montar cerca de Barcelona y se dejan listos para su transporte y ensamblaje en las distintas torres. Cada vuelta de una torre viene totalmente montada y aquí la ensamblamos a la estructura ya existente. Es como un juego de construcción pero de precisión milimétrica, muy difícil y costoso de realizar, pero que nos permite avanzar a un ritmo inimaginable hace unos años. Y lo mejor de todo es que este método es extrapolable al resto de la construcción que queda por realizar. ¡Y no olvidéis que estamos hablando de piedra maciza! Que nadie piense que la construcción se realiza con hormigón que después se reviste con piedra. Debemos y queremos ser fieles a la idea original de Gaudí.

"Gaudí enseguida se da cuenta de que, para aplicar este tipo de arquitectura, él debería estar siempre en la obra, ya que nacía de su cabeza y era difícil de plasmar en planos. Y piensa: ¿qué pasará cuando yo muera?"

Explícanos porqué La Sagrada Familia es tan importante para los barceloneses y, en general, para las gentes de todo el mundo.
¡Porqué es la más alta! (risas) Bromas aparte, durante muchos años fue lo más alto que teníamos en Barcelona, lo más vistoso. En mi opinión personal, ha traspasado lo que es su función principal, la religiosidad, para convertirse en un símbolo, en parte por su singularidad y, por supuesto, por ser una obra de Gaudí. A cualquier persona del mundo que le hables de Barcelona, te podrá nombrar dos o tres cosas emblemáticas y, probablemente, la primera será siempre La Sagrada Familia.

Cuéntanos algún secreto, alguna anécdota que has conocido después de tantos años aquí.
¡Hay un montón! ¿Arquitectónico o más de cotilleo? Mira, como arquitectónico hay uno que sigue siendo un misterio para nosotros. Si miras desde la plaza las cuatro torres que se hicieron inicialmente, te parecen perfectamente alineadas. Pero no es así, existe una variación entre los ejes de cada par de 65 centímetros. Hay dos teorías: una es que Gaudí se equivocó, cosa poco probable porque el error hubiera sido grande, y la otra es que fue una variación sobe la marcha por un tema modular. Nunca lo sabremos.

Ramón Espel explicando anécdotas de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS
Ramón Espel explicando anécdotas de la Sagrada Familia / ESTHER TEJADA - COLECCIONISTAS DE MOMENTOS

Y también hay varias anécdotas divertidas y humanas de Subirachs.  En la fachada que él realizó hay quien ha encontrado símbolos masónicos. Ya os avanzo yo que Subirachs no era masón, pero hay un laberinto en la fachada con una escalera a un lado con un número determinado de escalones que han despertado mucho interés, algo muy masónico. Cuando un día le pregunté por qué había esculpido aquel número concreto de escalones y no otro, me contesto: ¡muy sencillo, porque se me terminó la piedra!

Hay otra curiosidad muy buena que es que esculpió un pentagrama que, sumes por donde sumes, el resultado siempre es 33, la edad de Jesús. Hubo quien también encontró en esto algún mensaje oculto y la realidad que él me confesó es que lo había diseñado en el avión volviendo de la Expo de Sevilla porque se aburría y no sabía qué hacer.

"La Sagrada Familia es el único monumento del mundo que está vivo"

¿Y recuerdas la primera vez, de niño, que vistes la Sagrada Familia?
Sí, lo recuerdo perfectamente. Una de mis tías, hermana de mi padre, vivía en Barcelona, muy cerca de aquí, en el Puente de Marina. Yo bajaba a menudo con mi abuela a Barcelona, especialmente en Navidades, a ver a los reyes, y recuerdo ver estas torres, las primeras, todavía con la bastida, y preguntarle a mi tía: ¿qué es eso tan raro? Y me contestaba: es una iglesia que empezó Gaudí y que dicen que no se acabará nunca. Yo debía tener unos diez años.

¿Y me has dicho que se acabará cuándo?
En 2026. ¡Bueno, no lo digo yo eh, se ha dicho oficialmente! ¡No me atribuyas esto como una predicción propia! Y en teoría, debería ser en junio, el 26 concretamente, porque es cuando se cumplirá el centenario de la muerte de Gaudí.

La Sagrada Familia de Antoni Gaudí es uno de los templos más visitados y admirados del mundo. La mezcla de la visión de la arquitectura que tenía Gaudí, tan distinta a todo lo que se había hecho, y su empeño en que se debía construir sólo con donaciones, le han otorgado a la Sagrada Familia un carácter especial. La iglesia que nunca se acabaría, según la abuela de Ramón, parece que por fin verá su conclusión en el cercano 2026. Mientras tanto, seguiremos disfrutando de su evolución, viendo cómo crece año tras año, y disfrutando de la genialidad de un creador irrepetible que quiso poner todo su talento al servicio de su fe.