Pocas personas tienen una mirada tan poliédrica de Barcelona. Pedro García Aguado (Madrid, 1968) lleva 30 años en la ciudad y la ha observado desde todos los ángulos posibles. Vivió como deportista las Olimpiadas del 92 en la mítica selección de waterpolo, descubrió en los años 90 la cara más salvaje (y oscura) de la noche barcelonesa y, tras un largo tratamiento para superar sus adicciones a las drogas y el alcohol, se formó como mediador familiar para asesorar a los adolescentes más conflictivos de la ciudad.

Escritor, conferenciante, empresario, padre de dos niñas y presentador de televisión, a Pedro le cuesta “cada vez más enamorarse de Barcelona". Eso sí, habla de su ciudad de adopción con la misma pasión e intensidad de siempre.

Llegaste a Barcelona con 18 años. ¿Qué ciudad te encontrase?
Me trasladé a Barcelona en 1987 para dedicarme al waterpolo. Hospitalidad y acogimiento son las dos palabras que definen mi llegada y no es un tópico: ¡Nunca me sentí un extraño! Me encontré una Barcelona un poco dejada, con las calles sucias y los edificios antiguos, pero con un encanto especial.

¿Como ha cambiado Barcelona en estos 30 años?
Cuando llegué era una ciudad fácil para vivir, para moverse y enamorarse de sus rincones. No sé si me he vuelto más exigente, pero ahora me cuesta cada vez más enamorarme de esta nueva Barcelona. Se ha convertido en un parque temático, donde turistas, bicicletas y peatones no saben convivir. Barcelona es ahora en una ciudad difícil para vivir e imposible para circular.

Barcelona se ha convertido en un parque temático, donde turistas, bicicletas y peatones no saben convivir

¿Qué problemas de movilidad tenemos?
En Barcelona hay mucha bici y poca educación vial. Para que la ciudad sea más amable deberíamos regularizar su uso, porque se ha ido de madre. Estoy a favor de la bici, pero es importante que los ciclistas conozcan las normas de circulación y respeten un mínimo código de convivencia con los peatones. Ellos tienen su carril, y cuando no lo tienen, deben circular por la calzada... ¡La acera es para el peatón! 

Vives a medio camino entre Madrid y Barcelona. ¿Qué diferencias destacas?
Madrid tiene más oferta cultural y es ahora mismo una ciudad más acogedora. Barcelona sigue siendo una ciudad amable hasta que entras en el tema político. Antes te ibas a comer con los amigos y eran todo risas. Ahora la gente está enervada y muy crispada con el conflicto político. Es muy cansino, la verdad... ¡Barcelona no se merece esto!

¿Tenemos que poner freno al turismo?
El turismo es imprescindible... ¡No lo perdamos de vista! Los pisos turísticos ilegales nos han hecho mucho daño y estoy a favor de regular el turismo de borrachera. Hay que apostar fuerte por la marca Barcelona para que nos llegue un turismo cultural y de calidad.

Ada Colau lleva dos años en la alcaldía. ¿Qué opinión te merece su gestión?
Entró peleándose con todo el mundo y eso no puede ser. Cuando gobiernas una ciudad como Barcelona hay que cuidar más lo que transmites y ser sensible a los diferentes sectores que conforman la ciudad. Yo he colaborado con el Ayuntamiento en distintas campañas y siempre me han tratado muy bien, pero tienen que dar mensajes más tranquilos y sosegados.

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¿No crees que han ido moderando su discurso?
En absoluto. Simplemente no han podido hacer todo lo que les hubiese gustado. De sueños (e idealismos) vivimos todos, pero por muy buenas intenciones que tengas hay cosas imposibles. Tienes que llevarte bien con los lobbies del poder y no puedes ir a degüello. Vende mucho decirle a la gente que le vas a salvar la vida, ¿pero realmente lo están haciendo? Yo creo que no. Prometieron muchas cosas que después no han podido cumplir.

Se cumplen 25 años de los Juegos. ¿Con qué recuerdo te quedas?
Con la llegada de las Olimpiadas Barcelona cambió su cara, cogió color y se puso bonita. Organizamos los mejores Juegos Olímpicos de la Era Moderna gracias al calor de la gente. Fue un lujo que los Juegos se celebraran dentro de la ciudad, y no en la periferia, como sucede en las otras ciudades. Esa fue la gran diferencia. Barcelona siempre ha sido una ciudad vanguardista y en los Juegos también lo fuimos. Teníamos una mascota fea de cojones, pero era vanguardista.

Has conocido Barcelona desde muchos ángulos. También como noctámbulo empedernido...
Descubrí una Barcelona oscura porque yo decidí vivirla. La Barcelona de los 'afterhours' tenía locales muy interesantes, con una gran cultura de club. Otros, en cambio, eran mucho más sórdidos, llenos de 'malotes' y gente de vuelta de todo. La droga y el alcohol me llevaron a descubrir los barrios más duros de la ciudad, pero nunca sentí miedo de verdad.

Barcelona es una ciudad excesivamente cara y cuesta mucho montar un negocio aquí

Y como padre y empresario, ¿cómo ves Barcelona ?
Veo una Barcelona segura. Mis hijas se mueven por toda la ciudad y no tengo sensación de peligro. Sí existe la picaresca mediterránea, pero no tenemos una delincuencia agresiva, de pistolas. Barcelona es también una ciudad con muchas oportunidades de ocio saludables para la gente joven y nos tenemos que alegrar por ello. Empresarialmente, en cambio, veo una ciudad excesivamente cara. Cuesta mucho montar un negocio aquí, ya que pagamos unos impuestos desorbitados.

Te enamoraste de Sant Andreu y te compraste un piso allí. ¿Qué descubriste en el barrio?
Ya me había comprado dos pisos antes, pero se los habían quedado mis ex. Compré el de Sant Andreu cuando yo estaba resurgiendo, una vez recuperado de mis problemas de adicción. En Sant Andreu encontré el calor de los vecinos, noté que era mi hogar. Paseaba por el barrio y hablaba con los vecinos, iba al mercado a comprar, a la churrería... Encontré un pueblito en la ciudad.

¿Cómo ves la ciudad dentro de 10 años?
Depende de quien gobierne. Si siguen los mismos será complicado.