El suicidio es una tema delicado y del que se habla poco, pero que está muy presente en la sociedad. Según datos del Idescat, en 2015 hubo 333 muertes por suicidio en la provincia de Barcelona, más del doble que en accidentes de tráfico, por ejemplo, y es la primera causa de muerte externa en España. A pesar de que los medios de comunicación suelen contenerse a la hora de cubrir informaciones relacionadas con el suicidio, Internet es un universo tan grande y difícil de controlar que está lleno de páginas que incitan a quitarse la vida o que difunden un discurso complaciente. 

“Muchas personas que se suicidan consultaron por Internet métodos para hacerlo”, explica la presidenta de Después del Suicidio, Asociación de Supervivientes (DSAS), Cecilia Borràs. La presentación este lunes de un informe del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) sobre el riesgo que entrañan ciertos contenidos digitales ha servido “para poner en papel una realidad que hemos detectado en nuestro día a día” y por eso considera importante “fomentar la comunicación, ya que la mayoría de la gente navega sola por Internet”, lo que hace más difícil detectar conductas de riesgo.

INTERNET, ESE MUNDO FASCINANTE Y PELIGROSO

Nadie discute que Internet es una herramienta imprescindible en el mundo actual, pero como todos los inventos tiene una cara oculta y peligrosa. Una búsqueda rápida de la palabra “suicidio” en Google te da 22 millones de entradas, entre las cuales hay muchas páginas y foros que incitan a quitarse la vida o que abordan el suicidio desde un punto de vista romántico. “Al menos la primera cosa que ves es un teléfono de ayuda”, señala el presidente del CAC, Roger Loppacher, en referencia al Teléfono de la Esperanza, que funciona 24 horas al día. 

En el caso del navegador, el análisis del CAC se ha centrado en las 50 primeras entradas, de las cuales un 10% ofrece contenido considerado de “riesgo”. Muy distinto es el caso de YouTube, donde la misma búsqueda arroja casi un millón de entradas y de las 50 primeras el 58% contienen mensajes que incitan al suicidio o que son susceptibles de favorecer un efecto imitación, conocido como efecto Werther por el protagonista de la célebre novela de Goethe. En este sentido, Loppacher lamenta “la falta de efectividad de los mecanismos de protección de las plataformas de Internet”, ya que gran parte del contenido es accesible a todo el mundo, incluidos adolescentes y personas en una situación de vulnerabilidad.

LA COMUNICACIÓN SALVA VIDAS

Las estadísticas de suicidios esconden una realidad de la que tampoco se habla: los intentos fallidos. “Por cada suicidio consumado hay 10 o 15 tentativas”, añade Borràs. Según los cálculos de su asociación, cada día unas 100 personas intentan quitarse la vida sin éxito. Por ello, desde DSAS consideran que la comunicación es fundamental, sobre todo si “hay un cambio significativo en la conducta de la persona”, que normalmente va asociada a una falta de motivación para “participar en actividades familiares y sociales”.

“Es necesario que hablemos directamente sobre el tema con esta persona, expresar nuestra preocupación y mostrar nuestra disponibilidad para ayudar”, explica la asociación en un documento con recomendaciones sobre cómo actuar cuando un familiar o amigo está en una situación de riesgo. Borràs recomienda buscar señales en el comportamiento de la persona, en especial si sufre depresión o acoso y expresa su deseo de quitarse la vida o si tras un periodo de mucha angustia parece que está más en paz y utiliza frases como “no os preocupéis por mí”. Ante la duda, la experta aconseja “preguntar siempre”

EDUCAR A LOS ADOLESCENTES

El libre acceso de los adolescentes a Internet supone un riesgo añadido porque están en una etapa vital de muchos cambios y son especialmente influenciables. “Hay que cambiar el chip y ser conscientes de que en Internet también hay peligros”, señala Borràs. “Igual que enseñamos a que no hay que cruzar un semáforo en rojo, también hay que involucrarse en la educación digital, sobre todo porque la tecnología avanza muy rápido y los padres deben estar al día”.

Según la presidente de DSAS, es importante que los padre se interesen por el contenido audiovisual que consumen sus hijos y aprendan cómo funcionan las páginas y las aplicaciones que utilizan. “Hay que navegar con ellos, fomentar su espíritu crítico ante todo lo que pueden encontrar en Internet”, añade. También es esencial que los adolescentes entiendan que si entran en contacto con contenidos ilegales o inapropiados (pornografía, violencia, terrorismo, incitación al suicidio, etc.) “tienen que denunciar y no contribuir a difundirlo en la red”. Y no deben publicar información personal como su número de teléfono o el correo electrónico para evitar posibles situaciones de acoso.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS MEDIOS

Los medios de comunicación, que en general tienden a ser muy cautos a la hora de publicar informaciones relacionadas con el suicidio, tienen una responsabilidad enorme, aunque si se hace de una forma correcta, la difusión de este tipo de informaciones puede contribuir a su prevención. “El hecho de hablar del suicidio no implica necesariamente incitar a esta conducta o provocar un efecto contagio”, recuerdan desde la asociación.

La cobertura sensacionalista de este tipo de noticias, como ha ocurrido con el peligroso fenómeno de la Ballena Azul, sí “puede aumentar el comportamiento suicida en poblaciones vulnerables”, pero si se hace de forma responsable puede tener un “efecto preventivo”. Por eso es clave evitar las descripciones detalladas de los métodos de suicidio, no mencionar páginas ni redes que contengan un discurso favorable a quitarse a la vida y cuidar mucho el lenguaje que se utiliza cuando se habla de situaciones de riesgo de autolesiones para no banalizarlas ni presentarlas como inofensivas.

RECURSOS PARA PREVENIR EL SUICIDIO

CatSalut Reponde - 061

Teléfono de la Esperanza – 902 500 002 - Prevención del suicidio

Organización Mundial de la Salud - Prevención del suicidio: recursos

Después del Suicidio, Asociación de Supervivientes (DSAS) - Mitos y creencias equivocadas respecto a la muerte por suicidio