Todos duermen. Apenas circulan coches. Con el verano a la vuelta de la esquina, el calor nocturno ya se empieza a hacer notar y las prendas de ropa se hacen más molestas conforme se pasea un largo rato. Son las 12 de la noche. O las 24 horas... O las 00:00 h... Qué más da. Ellos duermen. Pero... ¿quiénes son ellos? Tus vecinos. Aquellos con los que no tienes que hablar del tiempo en el ascensor, porque nunca han subido contigo. O aquellos que te cruzas por la calle e intentas esquivarles la mirada, no vaya a ser que te pidan algo. Sí, aunque no tengan un hogar en tu rellano, también son tus vecinos.

Cada noche duermen al raso. Algunos prefieren vivir aislados, otros se hacen compañía mútuamente en cajeros. La comunidad no deja de crecer, sopesan desde la Xarxa de Persones Sense Llar. La crisis se ha cebado con su censo, aunque puedan parecer invisibles. Pocos no son. Solo hace falta darse una vuelta nocturna por Barcelona y abrir bien los ojos. Encontrarlos en una entidad financiera es habitual, sí. Pero son muchos más los que dan vida a cualquier recodo de la vía pública.

Las zapatillas quedan resguardadas bajo las mantas / DGM
Las zapatillas quedan resguardadas bajo las mantas / DGM

IMAGINACIÓN URBANA

Un pequeño tejadillo, un saliente o una superficie plana envuelta de muros, son espacios potencialmente habitables. Todo es imaginación a la hora de subsistir en la calle. En una de las confluencias del passeig de Sant Joan de Malta, la gracia del ingeniero civil provocó un voladizo entre la diferente altura de una acera a otra. ¿Error de cálculo? Virtud para el residente. En este espacio, un hombre ha conseguido colocar dos mantas a modo de cortina para zafarse de los primeros rayos de sol, de las miradas indiscretas y establecer así un pequeño espacio en el que resguardar su bicicleta. Y sí, a lo que a simple vista parecían unas sábanas tendidas, detrás suyo había una historia humana.

Metros más allá, otro joven duerme sobre un colchón en un cajero muy cercano a la calle de Espronceda. A diferencia del anterior, la intensa luz solo la puede combatir con una camiseta sobre los párpados. Descansa profundamente, así como quien reside en las puertas de la fábrica de helados Farggi. El orden de este último vecino se aprecia incluso en cómo guarda sus mantas. Todo tiene el aparente aspecto de una habitación, pero sin paredes. Incluso unas zapatillas de estar por casa asoman bajo las sábanas. El termómetro las mantiene plegadas en sus pies. Hoy no las necesita. Mañana ya será otro día.

BUENA FE, RESULTADO AMARGO

Y así, de repente, sus vidas a la intemperie pasan a ser un número. El 1, el 2 o el 3; el 344, el 345 o el 346. El Recompte de Persones Sense Llar hace una foto fija de cuántas personas hay durmiendo sobre la piel de Barcelona. Más tarde, dichas cifras servirán para mejorar la asistencia que les puedan ofrecer las entidades solidarias o las administraciones. Buena fe no falta en los rostros de los organizadores del evento. Mil personas se han apuntado para llevarlo a cabo. Sin embargo, la ligera curva de sus sonrisa hace percatar que el resultado no será el deseado. El jueves a las 12 horas se conocerá el número exacto de vecinos que viven entre bancos, cajeros y sueños. El número exacto de la noche del miércoles. El jueves igual serán alguno más o alguno menos, pero ahí continuarán.