Pablo Renato O. F. se internó en el mar para nadar en las costas de Barcelona el pasado día 30 de junio, una actividad que le podía haber costado la vida si no hubiera sido por "el valor humano" de tres guardias costeros que le rescataron cuando ya le fallaban las fuerzas, ha reconocido en una emotiva carta.

"Gracias, gracias, gracias, gracias...", ha repetido en la misiva dirigida a sus salvadores, uno de ellos, Óscar, con el que Pablo Renato entabló una conversación sobre el valor del trabajo de los tres hombres que le salvaron la vida aquel día en el mar.

El nadador que, según dice, tiene una miopía importante, se adentró en el mar en busca de una boya que no logró tocar, por lo que siguió nadando hasta que se percató que sus músculos empezaban a fatigarse y entró en pánico.

"Aguanté en el agua unos minutos cuando, gracias a un amigo que alertó a los socorristas, llegaron tres salvavidas en una lancha a auxiliarme", ha relatado.

El hombre les agradece su trabajo porque, gracias a eso, "puedo seguir viendo a mis amigos, cuidando de mis gatos, leyendo aquello que me apasiona, reírme como si no hubiera mañana, preocuparme por mis inquietudes, disfrutar de las delicias del paladar, descubrir nuevas verdades, escuchar una canción y hundirme en mis pensamientos, y poder despertarme cada día... En otras palabras, por salvarme la vida".

También destaca el valor humano de los tres socorristas, a los que transmite su aprecio y recuerdo "porque su labor es para enorgullecerse", y les anima a que sigan haciendo su trabajo "lo bien que lo hacen".