La ruptura del gobierno entre la Barcelona en Comú (BeC) de Ada Colau y el PSC de Jaume Collboni devuelve a la política municipal del ayuntamiento barcelonés a la casilla de salida: un gobierno minoritario de BeC con solo 11 concejales. Será el retorno a “la minoría más absoluta de la historia” de la ciudad, en palabras del presidente del Grupo Popular (PP), Alberto Fernández Díaz, la misma del día 0 de la era Colau.

Y la oposición no piensa, por ahora, mover ficha ni a favor ni en contra de la alcaldesa. Oídos sordos a sus cánticos de sirena de la geometría variable, esa que le ha permitido aprobar durante el mandato algunos proyectos importes de ciudad recabando apoyos más allá de los socialistas. Pero el horno político municipal no parece estar ahora para muchos bollos, como durante algunas fases de la primera mitad del mandato. Hay mucha desconfianza y demasiadas sospechas de que la ruptura tiene sobre todo un fin meramente partidista, diseñado con la “calculadora electoral” en la mano, según la definición de la edil del Grupo Municipal de Ciudadanos (Cs), Marilén Barceló .

El portavoz municipal del Grupo Demòcrata (PDeCAT), Jaume Ciurana, ha definido el divorcio Colau-Collboni como “una tregua para que cada uno pueda hacer su campaña electoral” para las autonómicas del 21-D. Ciurana no ha ocultado sus sospechas de que después de los comicios la ruptura “pueda quedar en nada”. No obstante, los antiguos convergentes (primera fuerza de la oposición con 10 ediles) estarían dispuestos a apoyar a la alcaldesa si definitivamente se echa en brazos del independentismo. “Si la ruptura es real, y no cosmética o simulada, estamos dispuestos a sentarnos y hablar", ha apuntado el portavoz demócrata.

BEC NO SE HA GANADO LA CONFIANZA

Pero cualquier acercamiento pasa para el PDeCAT porque la alcaldesa se retracte de sus últimas declaraciones contra la DUI, que definió como “un engaño” por el que pidió responsabilidades al Govern. Aunque es posible que ni siquiera ese gesto fuera suficiente porque para el grupo del exalcalde Trias hace falta una cadena de confianza que BeC no se ha ganado. En definitiva, que es "altamente improbable, o altamente imposible" que los demócratas gobiernen con Colau, ha subrayado Ciurana, aunque la aritmética les de una virtual mayoría absoluta en el consistorio.

Quien sí le ve posibilidades a un virtual frente independentista es el Grupo Municipal de Ciudadanos. Su concejal, Barceló está convencida de que la ruptura es "el paso previo para que se materialice un pacto de Colau con los partidos separatistas del consistorio", en relación a PDeCAT, ERC y CUP. Esta hipótesis la ha avalado el propio presidente del Grupo Municipal de ERC, Alfred Bosch. Bosch ha recordado a la alcaldesa que hace un año y medio ya le propuso “un cambio real” del color del gobierno de la ciudad, que pasaba evidentemente por prescindir del PSC, y que hace unas semanas renovó la propuesta. Ahora le pide que mueva ficha.

Las únicas formaciones que si que se han mojado un poco, aunque en direcciones opuestas, han sido precisamente las que ocupan las antípodas ideológicas del plenario: el PP y la CUP. El edil popular Alberto Fernández ha sido tajante: “Colau que no cuente con el PP” y se ha ofrecido “para configurar una alternativa”. “Los barceloneses nos piden que la oposición nos unamos para echarla democráticamente”, ha asegurado el líder del PP. Por contra, la presidenta del Grupo Municipal de la CUP, Maria José Lecha, ha recordado a Colau que su formación “siempre ha tenido la mano extendida a las políticas rupturistas” y la salida del PSC del gobierno municipal puede ser “una oportunidad”, siempre que Colau se ciña a su perfil más radical.