En el Ayuntamiento de Barcelona se ha instalado una larvada guerra entre la alcaldesa, Ada Colau, y el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Alfred Bosch. Ambos mantienen un antiguo pulso político y dialéctico que les ha llevado a situaciones muy tensas. Por algo son cordiales enemigos. La alcaldesa, muy suya a la hora de abordar todas las situaciones, choca frontalmente con Bosch, que se ha erigido en el portavoz de la oposición, laminando incluso al convergente Xavier Trias, que ha mantenido un bajo perfil en esta legislatura.

Desde las filas republicanas no se ahorran críticas hacia la coalición que gobierno la ciudad, Barcelona en Comú (BeC), a la que tildan de “arribista”, de “demagógica” e incluso de “botiflera” (o sea, traidora) por dar una de cal y otra de arena a la hora de posicionarse sobre la independencia. Pero luego aclaran que “lo que ocurre en Barcelona es que hay una encarnizada batalla para convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda de la capital catalana.

No hay que olvidar, a este respecto, que Barcelona es el único lugar de Catalunya donde los comunes han conseguido un espacio de poder notable. En el Parlament, Catalunya en Comú –o Podem, o Guanyem- no tienen cuota de poder. Y es cierto que también gobiernan Badalona, pero allí la situación es muy diferente, ya que han tenido que ceder el protagonismo a la CUP y la propia alcaldesa, Dolors Sabater, es de la formación anticapitalista. En Barcelona, en cambio, la pugna por el espacio político es dramática

Lo cierto es que existe una pugna gigantesca, tanto por parte de Colau como por parte de Bosch, de marcar perfil propio. Ambos lo han conseguido. Ahora la lucha se ha trasladado al plano social. Las últimas encuestas le daban un salto cuantitativo a los republicanos que podrían situarse como segunda fuerza municipal, mientras que BeC apenas se mueve. Y eso es lo que pone de los nervios a la alcaldesa, según aseguran en ERC. Debido a esta circunstancia, aseguran, las dos fuerzas políticas no llegarán jamás a ningún acuerdo en el plano municipal.

CRÍTICAS DESDE LA IZQUIERDA

“Hay tensión entre los dos –reconoce a Metrópoli Abierta una persona cercana a Bosch-. El hecho de que Alfred sea la cara visible de la oposición siempre le ha sentado muy mal a Colau, que preferiría tener como principal oponente a Xavier Trias”. Además, hay otro detalle: “ERC proviene de una tradición de pureza ideológica de la izquierda. Y que una fuerza de izquierdas se atreva a criticarla suena casi a herejía. A los comunes les molesta mucho que seamos nosotros quienes les saquemos los colores en los plenos. Estarían más cómodos si las críticas vienen desde la derecha, pero viviendo de la izquierda, la cosa fastidia mucho”.

La labor de Bosch en la oposición ha sido determinante en muchas ocasiones. En abril del año pasado, propuso a la alcaldesa un gobierno tripartito que se mantendría con BeC, ERC y la CUP. No es mucho, pero el republicano aspiraba a sortear la minoría de ese tripartito con acuerdos puntuales con PSC y CiU (entonces todavía no se llamaba PDeCAT). La oferta no prosperó.

Desde el Ayuntamiento también culpan a Bosch de ser el inductor de la oferta realizada esta misma semana conjuntamente por Bosch y Trias para que Colau abrace el independentismo y despache al socialista Jaume Collboni. “Lo hizo por molestar, por poner en un compromiso al gobierno municipal, sabiendo que eso no iría a ningún lugar. Cuando realizó la oferta del tripartito el año pasado lo hizo sin consultar con nadie, por lo que fue desautorizado inmediatamente incluso por la CUP. Lo que busca es marcar perfil a golpe de titular. Bosch quiere ser el jefe de la oposición sin serlo. Ese lugar corresponde a otro, que es de una fuerza política mucho más votada que la suya”, critican al líder de Esquerra desde BeC.

Los republicanos aseguran también que fue la propia Ada Colau la que pidió al presidente de ERC, Oriol Junqueras, la cabeza de Alfred Bosch hace unos meses, aunque luego la situación se fue reconduciendo. Junqueras no decapitó a su hombre en el consistorio, pero es cierto que, desde hace unos meses, Bosch ha suavizado sus críticas hacia la alcaldesa y su acción de gobierno. A cambio, el republicano allanó el camino para que Colau no pusiese inconvenientes a la apertura de colegios electorales durante el 1 de octubre en la demarcación de Barcelona.

La historia de tensión entre la alcaldesa y el incansable republicano no ha llegado a su fin. “Debemos estar atentos a ver en qué acaba

Catalunya en Comú (CeC), el nuevo partido de Colau, las alianzas que prioriza y la estrategia que emplea. Depende de muchas circunstancias. ERC será el gran enemigo de los comunes en la ciudad de Barcelona en las próximas municipales. Ella lo sabe y tratará por todos los medios de poner todas las trabas y de eclipsar la imagen de Alfred Bosch. Por eso, la guerra continuará en los próximos meses. No esperamos ninguna tregua”.