Ecuador en el gobierno del cambio. Justo hace dos años, la plaça de Sant Jaume quedaba dividida en la disputa por la hegemonía. Artur Mas cayó y parte de los comuns celebraron el movimiento de ficha que había llevado a cabo la CUP. Sin embargo, el lento pero infatigable procés parece perfilarse para impactar contra la fachada del Ayuntamiento. El obituario de la coalición entre comuns y socialistas puede tener ya los primeros párrafos escritos.

La abrumadora manifestación del 11 de septiembre de 2012 no queda tan lejos. Sin entrar en cifras de cientos de miles o millones de personas, resulta objetivo asegurar que la sucesión de movilizaciones soberanistas no tienen parangón alguno en la historia de la democracia. Se puede estar más o menos de acuerdo con la causa, pero las reiteradas exhibiciones de fuerza demostradas a lo largo del procés han tenido consecuencias imprevisibles en el statu quo político. Ahora, su alargada sombra parece cruzar la plaza de Sant Jaume tras el anuncio de convocatoria de referéndum para el 1 de octubre.

RUPTURAS POLÍTICAS

Vayamos por pasos. ¿Cuáles son los descosidos a los que se enfrenta la actual coalición entre comuns y socialistas? El más sonado e igual más olvidado es el de Convergència i Unió. Mientras que los convergentes se han rebautizado, en Unió casi que no queda ni el apuntador. En paralelo, el procés ha terminado de hundir al PSC y una figura inamovible como parecía la de Artur Mas se ha visto obligada a dar “una passa al costat” por el procés.

Sí, todas ellas son rupturas y caídas a nivel de país, pero no hay que olvidar cómo el resto de piezas políticas se han ido recolocando sobre el tablero. En el caso de la cámara municipal, el mono-tema también ha ido cayendo cuál gota malaya en los plenos. En el grupo municipal Demòcrata, Xavier Trias no se dejó ver lo suficiente junto a la estelada, aunque ahora su sucesor, Joaquim Forn, parece reconducir los discursos hacía el campo independentista.

En el sentido opuesto, ERC ha querido exprimir tanto su esencia soberanista que se llegó a auto-descartar para sumarse a un Gobierno municipal. Ejecutivo al que precisamente tildan de “ambiguo”. El objetivo, sin embargo, lo continúan teniendo muy cuesta arriba. Los números que les dan en el Parlament no terminan de reflejarse en el consistorio y no lograr la vara de la alcaldía de la ciudad podría poner en entredicho la política llevada a cabo en este mandato. De todas formas, es justo considerar que la cámara política municipal, hasta ahora, no ha sido un ring procesista. Por los menos, hasta ahora.

EL GOBIERNO MÁS ESTABLE

Los nuevos vientos refrendarios plantean toda una seria de vicisitudes que el Gobierno municipal debe sortear. El teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, no se ha cansado de declarar en estas últimas semanas que “el Gobierno de Barcelona es el más estable de todo el panorama político”. Mientras que en España el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se enfrenta a mociones de censura y hace malabarismos para aprobar los presupuestos, la pareja catalana de baile (JxSí y la CUP) no deja de darse pisotones. En la Casa Gran, en cambio, la coalición con los socialistas ha permitido al equipo de Colau forjar el presente. La opción de un ejecutivo alternativo quedaba desactivada de facto.

Ahora bien, el procés plantea un nuevo capítulo: el referéndum unilateral. Tal como ha expresado en un artículo para Crític, el regidor de Barcelona en Comú, Jaume Asens, cree que en el 1-O “el choque parece asegurado”. Gobierno del Estado y Govern de la Generalitat no parecen variar sus intenciones. Y en esta coyuntura, el Ayuntamiento de Barcelona jugará un papel fundamental en su papel de tercera institución más importante (justo por detrás de las dos anteriores).

REFERÉNDUM UNILATERAL, ¿SÍ O NO?

El ejercicio democrático sobre cuestiones soberanistas siempre ha sido un filón del cual se han distanciado los comuns. Ni ha habido consulta ciudadana sobre el ingreso de Barcelona en la Asociación de Municipios Independentistas (AMI) ni ahora hay apoyo explícito al referéndum que plantea la Generalitat. Colau aseguró vía Twitter haber defendido “siempre” un referéndum “con garantías” como solución “real y democrática”. Una postura que, en pocos días, seguramente generará un #PressingColau desde los sectores independentistas más intransigentes.

Ahora bien, lo que está en juego no es tanto el posicionamientos del partido en el hipotético referéndum soberanista (siempre puede quedar sobre la mesa la libertad de voto), sino qué futuro le puede deparar a la pinza comuns – socialistas. Por ahora el enfrentamiento parece lejano (aunque hasta la fecha solo diste un verano de distancia). Ambas formaciones quieren garantías legales. Pero el espíritu del mensaje entre unos y otros difiere.

Mientras que el discurso entre los socialistas sigue firme (Collboni ha reiterado a los micrófonos de Betevé que su formación municipal no dará apoyo “a ninguna actuación que esté fuera de la ley”), el partido mayoritario en el ejecutivo plantea un hipotético apoyo a la consulta. Tal como declaraba el teniente de alcalde y cerebro de los comuns, Gerardo Pisarello, en una entrevista al 3/24: “Para que sea efectivo ha de tener un mínimo de garantías; el Govern dice que puede asegurar que esto pase, así que ojalá”. “Si reúne las garantías evidentemente el Ayuntamiento de Barcelona estará”, añadió Pisarello.

LA PETICIÓN DE GARANTÍAS, CARGADA DE INCÓGNITAS

Sin embargo, BeC esconde un redundante as bajo la manga: el referéndum ha de cumplir las garantías. Que el ejercicio democrático tenga validez y “no sea otro 9-N”, señalaba Pisarello. Petición que su compañero Asens ve complicado: “Se hace difícil, en este contexto, ir a las urnas con las garantías que exige la Comisión de Venecia”. Pero en el caso de los comuns, es complicado afinar el tiro sobre qué harán al final. En la anterior consulta, unos cuantos de ellos votaron Sí-Sí mientras que otros se abstuvieron de participar.

En BeC han apoyado a Mas, Ortega y Rigau por los juicios del 9-N. Coyuntura que, de todas formas, abre una nueva incógnita. En el caso de que se celebre la consulta (sin intervención policial cargando urnas en furgones) ¿Colau volverá a votar 'Sí'? Collboni ya ha sentenciado que el Gobierno municipal actual es “plural y de izquierdas, pero no es independentista”. Por lo tanto, en el caso que Colau dé un golpe de timón hacia el referéndum, ¿los socialistas aprovecharán la disyuntiva para saltar del poder municipal y empezar a perfilarse como alternativa electoral?

Sí, el procés parece interminable, pero los nombres, siglas y pactos que puede arrastrar por el camino parecen también infinitos.