Fumata blanca. Habrá segundo túnel en Glòries. Después de meses de incertidumbre, finalmente el cónclave municipal ha aprobado el soterramiento de los viales de la Gran Via en el tramo que va del carrer de Badajoz a la Rambla del Poblenou. ¿Por qué tanto misterio? Porque en un principio el Gobierno municipal de la alcaldesa Ada Colau probó de buscar una alternativa y así ahorrarse la prolongación de una obra faraónica que nunca le ha gustado. Sin embargo, y tras mucho buscar, las nuevas opciones que barajó el ejecutivo nunca fueron buenas y al final la presión vecinal le ha obligado a tragarse el sapo.

De hecho, todo el mundo podría esperar que en la Comisión de Urbanismo los grupos de la oposición se cebaran algo más con la teniente de alcalde, Janet Sanz. Simplemente por seguir con las formas a las que nos tienen acostumbrados los representantes municipales, vaya. Pero esta vez ha sido diferente. Incluso algunos no han agotado el tiempo del que disponían para dejar en evidencia las públicas contradicciones del Gobierno. En este sentido, cabe recordar que los casi 50 millones de euros que costará solo este tramo de túnel irán a parar a la mejora del tráfico rodado. Y, ya si se suma el tramo que fue paralizado, la infraestructura costará en total unos nada despreciables 150 millones de euros.

¿QUÉ TÚNEL ES ESTE?

Para quienes la noticia les coge en blanco, cabe recordar una serie de cuestiones para entender de qué va la cosa. En primer lugar, el segundo túnel en si viene a ser el mismo que el primero, solo que es una prolongación. Es decir, la infraestructura en lugar de empezar en Castillejos y acabar en Badajoz, acabará en la Rambla del Poblenou. Ahora bien, soterrar esta prolongación es más sencillo técnicamente que el primer tramo, motivo por el cual el anterior Gobierno de Trias decidió dividir la obra en dos partes (túnel uno y túnel dos).

Sin embargo, la división queda nuevamente cosida con la aprobación de este martes. O dicho de otro modo, la excavación desde Castillejos tendrá continuidad asegurada hasta la Rambla, siempre y cuando no aparezcan más problemas técnicos. Cabe recordar que la intención es hacer pasar los 90.000 coches diarios a 25 metros bajo tierra (lo que equivale a un edificio de 8 plantas) ya que tiene que sortear los cuatro túneles ferroviarios que le irán por encima: los de la L1 de Metro, la R1 del Maresme, la R3/R4 de Manresa y Puigcerdà y la línea que conecta las estaciones de França con Sants.

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EVITAR FANTASMAS ECONÓMICOS

Con tal de no caer en la misma trampa de los retrasos y los sobrecostes, Sanz ha asegurado que el nuevo contrato contará “con más mecanismos para tener un control público de la obra”. Cabe recordar que ahora mismo la obra acumula un retraso de 19 meses y un sobrecoste de casi 40 millones de euros más de lo que había previsto las constructoras. De hecho, estas ganaron la adjudicación por 60 millones, cuando el Ayuntamiento la licitación por 80 millones. Ahora esta tramo en concreto se calcula que pueda costar 97 millones.

Desde el grupo Demòcrata, Jordi Martí ha dado el visto bueno de su partido, “porque creemos que finalmente se aportan soluciones que poco tienen que ver con los análisis que que se habían hecho inicialmente por el Gobierno; rectifican y aciertan”, ha expresado. O dicho de otro modo, los comuns dan a torcer el brazo según C's: “El Gobierno intentó ignorar esta demanda, pero las entidades les obligaron a rectificar”, ha comentado el edil Santiago Alonso, quien también ha dado su voto favorable al proyecto ejecutivo, como también ha hecho el regidor no adscrito Gerard Ardanuy.

Los republicanos no han vacilado a la hora de dar su beneplácito al proyecto y desde el PP Javier Mulleras se ha regodeado en el hecho que “este Gobierno municipal solo acierte cuando rectifica”. A pesar de ello, su grupo se ha abstenido sin dilucidar muy bien el motivo (se supone que por la eliminación del ramal que tenía que ir a parar directamente al centro comercial de Les Glòries). Abstención que, además, se ha sumado a la de CUP – Capgirem Barcelona, formación que ha decidido no asistir a la Comisión.