Dar accesibilidad ya no será solo instalar ascensores y rampas de acceso. Sí, son los elementos más destacables, pero no los únicos que pueden facilitar la vida a los 130.000 vecinos que padecen algún tipo de discapacidad. O si no, un ejemplo sencillo: ¿cómo puede un ciego disfrutar de una exposición fotográfica? De ello tratará el nuevo plan de accesibilidad 2018 – 2026, que dará relevo al anterior de 1996 – 2006. “Será un cambio cultural”, profetiza la teniente de alcalde de Derechos Sociales, Laia Ortiz.

A FALTA DE REGLAMENTO, LA CASA GRAN TIRA MILLAS

Evidentemente, el plan tratará de eliminar todas las barreras arquitectónicas que todavía permanecen en la vía pública y en los espacios privados. O dicho de otra manera, el plan viene a ser un adelantamiento por la izquierda a la ley que aprobó el Parlament de Catalunya en 2014 y que todavía no está en vigor. ¿Por qué? Pues porque el reglamento para hacerla cumplir todavía no se ha aprobado en el seno del parque de la Ciutadella. Sin reglamento legal, no hay ley que se pueda aplicar. Y como desde la Casa Gran prevén que el tema irá para largo, el equipo de la alcaldesa Ada Colau ha querido poner una marcha más (aunque, vistas las fechas, no se les quemará el motor).

La medida no deja de ser un camino hacia lo que el consistorio nunca ha tenido en sus estanterías: una ordenanza municipal de accesibilidad. La misma teniente de alcalde ha confesado sentirse “sorprendida” cuando se dio cuenta que el Ayuntamiento no disponía de una normativa "tan básica". “Esto tiene que acabar con una ordenanza municipal”, ha sintetizado la regidora. “En este mandato queremos hacer el primer informe sobre cómo debería de ser la ordenanza y en 2020 empezar un proceso de negociación”. Tal como ha adelantado, la medida precisará de un acuerdo de ciudad con el resto de partidos políticos (venideros) y las entidades del sector.

ACCESIBILIDAD UNIVERSAL

“En 2026 queremos que Barcelona sea una ciudad 100% accesible para el 100% de la población”, ha remarcado Ortiz. La misma teniente de alcalde ha reconocido que, si bien “Barcelona había estado reconocida durante mucho tiempo por la retirada de barreras; ahora la ciudad se tiene que revisar”. Por ello, el Ayuntamiento ya ha contratado a 35 personas con discapacidad mediante planes de ocupación. Estos serán los que se tendrán que coger la lupa y encargarse de diagnosticar cuáles son los problemas en accesibilidad que presenta Barcelona. Ya sean instalaciones deportivas sin rampas o exposiciones culturales sin textos en braille. 

Al no haber plan definido (ahora se empieza a confeccionar), tampoco hay presupuesto calculado. Por ahora solo existe una partida de 847.000 euros para llevar a cabo la fase de diagnóstico, pagar las nóminas a las personas contratadas y organizar el proceso participativo. Unos cientos de miles de euros que se quedarán muy cortos ante la inversión que precisará el cambio que quiere llevar el Ayuntamiento. No solo se reformaran y adaptaran los edificios y equipamientos municipales, sino que la norma se hará extensible al resto de infraestructuras (como las estaciones de Renfe) o los comercios privados.

CONDICIONANTES Y SUBVENCIONES

Si bien la ley autonómica se tendrá que cumplir una vez entre en marcha el reglamento (al que todavía se le espera), desde el Ayuntamiento comprenden que al sector privado no se le puede andar con prisas y obligarle a reformar sus instalaciones de un día para otro. Por ello, Ortiz ha recalcado que el consistorio les “acompañará” y lanzará una línea de subvenciones para incentivar el cumplimiento de la medida. Por ahora, no hay cifras económicas sobre la mesa, aunque en Sants y Ciutat Vella ya se están llevando a cabo pruebas piloto en esta línea.

En paralelo, el consistorio empezará a aplicar una serie de condicionantes en la entrega de licencias para que 'los nuevos' en el sector ya tengan sus espacios adaptados desde el día cero. Por ejemplo, hoy por hoy si un bar quiere conseguir una licencia de terraza tiene que tener su local plenamente adaptado a personas con movilidad reducida. Pues lo mismo, pero ampliando la idea al resto espacios, ya sea para terrazas o para conseguir permisos de obras, por ejemplo. Tal como ha señalado Ortiz, “no será el primer plan, pero queremos que sea el último”.