Al Gobierno municipal le ha surgido un nuevo frente de guerra. Y esta vez, desde la base. Por donde más le puede doler al proyecto de Barcelona en Comú. Según la última Encuesta de Servicios Municipales, el turismo es la segunda preocupación de los barceloneses (solo superado por el paro). Una piedra en el zapato de la alcaldesa Ada Colau que ha tratado de enmendar mediante el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos​ (PEUAT), aprobado hace escasos meses. La centrifugadora de hoteles, sin embargo, ha despertado serias discrepancias. ¿El motivo? Cabe ir punto por punto.

ENFADAR AL LOBBY, GUSTA

Por una parte, el recurso contencioso-administrativo presentado por el Gremio de Hoteles contra el plan regulador de hoteles de Colau ha servido, más bien, para que los vecinos, recelosos con el turismo, sonrieran con complicidad. Metafóricamente, la alcaldesa ha terminado por cerrarle el grifo al 'lobby' de Joan Gaspart y compañía. “Se acabó la barra libre”, decía la teniente de alcalde, Janet Sanz. Y sí, escuchar eso gusta a quienes están cansados de soportar ruidos, borracheras y música. Por ahí no va a existir fractura ideológica.

Ahora bien, la medida de gobierno contra la concentración hotelera no ha sido aplaudida de la misma manera en las distintas plazas barcelonesas. Las bases vecinales vacilan. Desconfían de la medida. Los cimientos sociales sobre los que se auparon los 'comuns' en los pasados comicios municipales ya no son igual de sólidos. Aquí el debate no es si va (o no) a frenar la economía. Sino que el plan hotelero no corrige la situación de “saturación” actual, señalan desde la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS).

NO MÁS HOTELES

Decenas de colectivos han firmado un comunicado en el que piden hacer de toda Barcelona zona de decrecimiento. ¿Y qué quiere decir esto? Pues bien, si hasta ahora por cada hotel que cerraba sus puertas en el centro de la ciudad podía abrir otro en las zonas más periféricas (de aquí el término centrifugadora), desde la ABTS piden que en toda Barcelona se aplique el principio de decrecimiento. Es decir, el veto a cualquier proyecto de hotel en la ciudad.

“Si hacemos que determinadas zonas continúen creciendo, haremos que algunas personas vayan a dormir a Nou Barris o a Horta, pero ellos continuarán yendo a cenar al Gòtic”, sopesa la portavoz de la ABTS, Sònia Fabra, quien también es miembro de la plataforma 'Ens Plantem' del Poblenou. De hecho, su mensaje lo puede entender cualquier persona que alguna vez haya viajado: “Es normal que si nosotros viajamos a otras ciudades no nos quedaremos en el barrio donde nos alojamos, sino que nos iremos a visitar las otras zonas dónde haya las cosas interesantes para ver”. Los restauradores del carrer d'Avinyó continuarán llenando la caja.

Ante esta situación, Fabra considera que “muy poca gente puede estar en contra de decir que 'tenemos un grave problema de masificación turística'”. Un problema que cree que se puede extender todavía más allá de la zona más céntrica de la ciudad si el PEUAT sigue su curso. “Poco a poco empezarán también las molestias en el resto de barrios; empezaran procesos de gentrificación, subirán los alquileres...”, aventura.

CIFRAS AL ALZA...

En el mandato anterior, el exalcalde Xavier Trias apuró prácticamente hasta el último día para otorgar las últimas licencias hoteleras. En total, hay unas 11.337 plazas turísticas con sello convergente que están por hacer y que ya tienen todos los permisos en regla. Por lo tanto, imposible que Colau les eche el freno de mano. La mayoría de estas habitaciones irán a zonas del centro, como puede ser el futuro hotel de les Drassanes. Otras, igual se desvían ligeramente hacia el Besòs. 3.500 plazas se deben de levantar en el Poblenou.

Pero no todo lo nuevo que se vaya a abrir lleva la firma de Trias. A las anteriores plazas cabe sumar las que permitirá el plan hotelero del actual Gobierno municipal. En total 11.625 plazas más en las zonas periféricas de la ciudad. De esta manera, en solo cuatro años Barcelona puede llegar a rozar las 23.000 nuevas camas.

“Nuestro punto de partida era el decrecimiento y después trabajar en la sostenibilidad, tal como marquen los especialistas”, defiende Fabra. Un orden inverso de los factores que (en este caso) sí alteraría el resultado del producto. Resultado que, de ahora en adelante, está por ver cómo lo interpretaran las filas de la alcaldesa.

Por ahora, las entidades de la ATBS han sido contundentes: “Creemos que los partidos que han aprobado el PEUAT no han sido suficientemente valientes para adoptar la verdadera solución, que es el decrecimiento y la lucha contra la saturación”. De hecho, consideran que “está muy lejos de lo que necesita la ciudad y sus vecinos” y advierten a los 'comuns' que, con su plan, “no se soluciona el problema; se para levemente el empeoramiento, pero la saturación continuará”.