Una rápida consulta en las hemerotecas de las rotativas barcelonesas durante la última década permite encontrar titulares prácticamente calcados sobre los estragos de la venta y el consumo de heroína en la Mina y en el Raval. El retrato del devastador torbellino que ha supuesto y supone la presencia de esta droga en ambos barrios tiene centenares de puntos en común, aunque también alguna diferencia. Entre ellas, la gentrificación del Chino, que contribuye a que el tráfico anide en pisos vacíos (los llamados narcopisos), pared con pared con los vecinos.

Como ha explicado la directora del Observatori de Salut Pública de l’Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB), Maribel Pasarín, la proliferación de los 'narcopisos' en el Raval son una consecuencia directa de las redadas en la Mina de 2015, aunque no es, ni mucho menos, la única causa. "Si hay un movimiento de las personas que venden droga, se mueven los indicadores. Más que aumentos, son movimiento", ha sintetizado Pasarín.

En este sentido, la comisionada de Salud de Barcelona, Gemma Tarafa, ha apuntado que en los meses de verano ha habido un incremento en la recogida de jeringuillas -el indicador del consumo de heroína en vía pública- en el Raval, mientras que se ha reducido en los barrios del Eje Besòs. La cifra oscila entre las 1.000 y 2.000, en función del punto del del ciclo en el que se encuentre el consumo de droga, que repunta y cae constantemente.

Concretamente, Tarafa ha especificado que las jeringuillas recogidas subieron en junio y julio pero descendieron en agosto, pasando de unas 1.700 a más de 2.000, para después volver a bajar. De momento, desconocen las causas del descenso, ha reconocido la comisionada de Salud, que ha apuntado a que podría ser una consecuencia de las últimas redadas o simplemente tratarse de una caída del propio ciclo.

LAS CIFRAS DE LA DISCORDÍA

De nuevo, Tarafa ha sacado a relucir una cifra que ya levantó polvareda entre los vecinos. La comisionada de Salud ha destacado que, en el global de Barcelona, se han reducido exponencialmente las recogidas de jeringuillas de las 156.000 de todo 2004 -un año devastador- a las 16.000 en lo que llevamos de 2017.

El número, descontextualizado, puede inducir a pensar que Barcelona ya no tiene un problema con la heroína. Lo que, lógicamente, indigna a los vecinos que conviven a diario entre narcopisos. Por eso, a través de un comunicado, los residentes de Roig, Picalquers y Robador -calles especialmente afectadas- exigieron que se proporcionaran las estadísticas actualizadas sobre el consumo de drogas para constatar cuál ha sido la evolución de estos últimos meses. Los vecinos, además, mostraron su preocupación ante las contradicciones en las cifras que dan las diferentes instituciones implicadas en la lucha contra el tráfico de drogas en el Raval, como la Agència de Salut Pública y los Mossos d'Esquadra.

EL BINOMIO 'ESPECULACIÓN Y DROGAS'

En este sentido, coincidiendo con la presentación del Plan de Acción de Drogas de 2017-2020, piden que se hagan públicos los resultados del documento antecesor (correspondiente 2013-2016) para esclarecer la efectividad de las estrategias tomadas hasta el momento. La ausencia de un censo de pisos vacíos, lo que permitiría a los vecinos denunciar con mayor celeridad ante una ocupación con fines ilícitos, contribuye a la indignación ante la falta de cifras. 

Y es que el traspaso de la heroína de la Mina al Raval se explica, en gran parte, por la dejadez de muchas de sus fincas, en manos de empresas que ni siquiera tienen sede en Barcelona, como denuncian los vecinos. El binomio fondos de inversión y tráfico de drogas se ha vuelto demoledor para los residentes del antiguo barrio chino, que ya no solo se enfrentan a la expulsión de sus hogares por la astronómica subida de las rentas, sino a vivir entre heces, jeringuillas y broncas a pie de calle.