Si el barómetro municipal sobre las principales preocupaciones de los barceloneses incluyera el asunto de las deposiciones de los perros, podríamos jugarnos una pierna a que se encontraría en el top ten de las inquietudes vecinales. Por lo menos, dicha observación se puede extraer tras visitar múltiples audiencias públicas, plenos y consejos de barrio de Barcelona. Los excrementos es el tema (aunque en los rankings municipales igual no se incluye por cuestión escatológica). Quedaría mal. Pero aún así, la Síndica de Greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, no se achanta a la hora de denunciarlo.

CAMPAÑA Y MULTAS

Tal como ha expresado a este medio de comunicación, la Síndica ve necesario que el Ayuntamiento de Barcelona se arremangue de una vez por todas y empiece una campaña para concienciar a los propietarios de perros. “Se han hecho campañas, pero muy pequeñas y hace tiempo que no se ve ninguna de potente”, denuncia. Al fin y al cabo, son estos los responsables de dejar la vía pública tal como se la habían encontrado. A pocos viandantes (en su sano juicio) les interesa conocer el resultado del sistema digestivo del can del vecino.

Por ello, Vilà plantea al ejecutivo de Ada Colau que estudie la posibilidad de hacer “una actuación contundente y ejemplar por parte de la Guardia Urbana”. En esta línea, la Síndica pide que se aplique la Ordenanza sobre la protección, la tenencia y la venta de animales. O dicho de otra manera, “que la Guardia Urbana sancione”. “Si no se hace así, difícilmente se conseguirá una mejora en el estado de limpieza de las vías y los espacios públicos”, opina. Si bien, asegura que “no me gustaría que se multara”, observa que la suciedad de algunas calles obliga a actuar de forma contundente.

Dos perros por la calle : EFE

Según Vilà, “la actuación municipal sobre esta cuestión es insuficiente”. De hecho, la misma Síndica reproduce lo que los espacios de participación vecinales exclaman día sí, día también. “Son continuadas las quejas que se reciben por esta problemática en diferentes puntos de la ciudad”, señala. Y uno de los puntos negros son los alrededores de los Jardines de la Industria. Tal como denuncian los vecinos, “las calles de la zona suelen estar sucias debido a los excrementos y orines de los perros”. Pero si bien esta es la última queja que le ha llegado a la Síndica, otras decenas de cartas similares se le deben de acumular encima de su mesa.

EL NÚMERO DE PERROS NO ES EL PROBLEMA

Si bien en 2014 un 16,5% de los hogares barceloneses tenía un perro como animal de compañía (unas 108.000 viviendas), el dato de la Encuesta de Servicios Municipales del Ayuntamiento podría quedarse corta tres años después. Aún así, la Síndica apunta que “el problema no es tanto el número de estos animales, sino el comportamiento incívico de las personas que los pasean”. “Dejan que hagan sus disposiciones y micciones en cualquier lugar y muchas veces no son capaces de recogerlos o de limpiar la vía pública”, denuncia.

Ante esta situación de minas in crescendo en la vía pública, Vilà plantea una campaña de concienciación ciudadana, con publicidad en diferentes formatos y con presencia de agentes cívicos, “para que las personas propietarias de un animal se vean como los responsables de los daños, los perjuicios y las molestias que ocasionen”. ¿El objetivo? Revertir la situación actual.