Barcelona se calienta. El cambio climático ya es imparable. Lo único que queda en manos de los vecinos es poner un tope al radiador de hormigón comunitario. ¿Qué temperatura pueden alcanzar las calles de la trama Cerdà en 2050? Cómo mínimo 1,6 ºC más que la media actual. ¿Asusta? Igual no. Pero... ¿y si apuntamos un mínimo de 30 días anuales por encima de los 30 ºC? Tal vez más de uno ya mire de reojo a su aire condicionado.

Sí, parece que quede mucho. ¿2050? Bff... Aunque visto bajo otro punto de vista, este mes ya se celebran 25 años de los Juegos Olímpicos. Los años pasan rápido, y con ellos, el incremento progresivo del mercurio. Por ello, en este 2017 se presentan dos caminos a tomar: o las propuestas del acuerdo de París o la vía Trum'pasiva. Es decir, o cumplir con lo pactado o continuar quemando combustibles fósiles como si no hubiese mañana.

BARCELONA IRÁ MÁS ALLÁ DE LO PACTADO EN PARÍS

Desde el Ayuntamiento de Barcelona la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, ya ha señalado que la ciudad tiene que ir “más allá” de las conclusiones de la cimera del clima de París. Si bien todas las opciones pasan por bajar al octavo círculo del Infierno de Dante, existen dos recintos a elegir: o encontrarse con el fuego del centauro Caco o vivir abrasados por la llama de la octava Bolgia. Dicho de otra forma, o adaptarse o morir.

Y no, no es broma. La ola de calor de 2003 se llevó por delante la vida de 73.000 personas en Europa y en Barcelona estos episodios provocan que la mortalidad aumente un 27% por encima de la media, según Serveis  Funeraris de Barcelona. Si bien en las últimas décadas se ha producido una ola de calor cada cuatro años, en el mejor de los casos estas se volverán anuales (con una duración de 5 a 6 días). Sin embargo, en el peor de los casos estas pueden pasar a producirse cuatro o cinco veces cada año. Escenario que “no nos podemos permitir”, señala el comisionado de Ecología, Frederic Ximeno.

La diferencia entre París y continuar como si nada es muy sustancial, tal como señala el estudio elaborado por el Ayuntamiento, el Servei Meteorològic de Catalunya y Barcelona Regional. Si bien ya nadie salva a la ciudad condal de dormir más de 70 noches por encima de los 20 ºC, en el caso de quedarse de brazos cruzados, las que ya tenemos actualmente se triplicarían. Una operación matemática que se calcaría con las noches tórridas; aquellas que directamente provocan insomnio (+25 ºC).

Unos niños se refrescan en las fuentes de Les Glòries / EFE

LAS DESIGUALDADES CLIMÁTICAS SE VUELVEN A REPRODUCIR EN LOS BARRIOS

¿Cómo vivirán los vecinos de Barcelona estos cambios? Pues dependiendo de la zona geográfica donde tengan su hogar y puesto de trabajo, porque desgraciadamente el calor no entiende de calendarios vacacionales. Donde más subirá el termómetro será en Les Corts, L'Eixample Esquerra, Nou Barris y Ciutat Vella; mientras que en el litoral (Barceloneta y Poblenou) se verán más 'refrescados' por el efecto termoregulador del mar. Aunque eso sí, el calor nocturno abandonará las zonas anteriores para engancharse a la fachada marítima.

Grado arriba grado abajo, al fin y al cabo lo que determinará la batalla por conseguir un poco de brisa serán las condiciones de los hogares. En este sentido, el mapa de las desigualdades en la renta se vuelve a reproducir sobre el plano de los barrios climáticamente más vulnerables. Mientras que el tronco central de la ciudad no se vería tan afectado, en las periferias bañadas por el Llobregat y el Besòs impactarían con más vehemencia las olas de calor.

¿EL RESPONSABLE?

En el caso de Barcelona, el 42% de la contaminación se debe a la movilidad y al transporte (principalmente privado). Un lastre que el gobierno municipal de Ada Colau quiere reconducir mediante el Pla Clima que presentará en otoño, programa que incluirá “políticas que nos ayuden a reducir los efectos del cambio climático”, ha explicado Sanz. Si bien “desde las ciudades siempre se nos ha situado como parte del problema, queremos pasar a ser parte de la solución”, ha insistido.

Entre las medidas que llevará a cabo el consistorio se encuentra la creación de un nuevo metro cuadrado verde por habitante, la creación de un operador energético municipal, impulsar los terrados verdes, apostar por la movilidad en bicicleta o implantar más superilles. Toda una serie de medidas que buscarán reducir la emisión de gases invernadero para 2030 en un 40%, respecto al 2005. Tal como ha señalado la teniente de alcalde, “no hay plan B, porque no tenemos planeta B”.