Las calles de Barcelona son de todos. Cinco días después de la multitudinaria manifestación contra la violencia policial en el referéndum del 1 de octubre, unas 950.000 personas (según los organizadores, 350.000 según la Guardia Urbana) se sumaron a la llamada de Societat Civil Catalana por el “seny” y la unidad de España. Las banderas sindicalistas y las esteladas del martes fueron sustituidas por banderas españolas, catalanas y de la Unión Europea. La llamada mayoría silenciosa fue mayoritaria, pero no silenciosa, al menos por un día. 

Mujeres mayores, bien vestidas y con un look muy tradicional, cambiaron la misa dominical por expresar su repulsa “al golpe de Puigdemont y el Govern”. Jubilados, padres con sus hijos, jóvenes universitarios y adolescentes, muchísimos con una senyera o con una bandera española, o con ambas, también se movilizaron para constatar que en Catalunya conviven muchas sensibilidades. 

Cientos de miles de personas han tomado el centro de Barcelona / EFE/Marta Pérez

El centro de Barcelona se colapsó mucho antes de las 12:00 horas. Los vagones de los trenes de cercanías estaban abarrotados desde las 10 de la mañana. También, los accesos a la capital catalana,  con decenas de autocares procedentes de Girona, Lleida, Tarragona y otras ciudades (12 de ellos salieron de Madrid). Y, por supuesto, los autobuses y el metro. La estación de Urquinaona estaba cerrada por motivos de seguridad.

LA POLICÍA NACIONAL Y LA GUARDIA CIVIL

En Maragall, línea amarilla, los convoyes del metro se llenaron a las 11:00 horas. En las siguientes estaciones no podía subir nadie. No jugaba la selección española de fútbol, pero lo parecía. Cánticos y abrazos cómplices se mezclaban con los primeros insultos al presidente de la Generalitat. “El Puigdemont a prisión” sonaba con mucha fuerza. Era el hit más exitoso, el más sentido, en otra jornada de fuertes pasiones.

Miles de ciudadanos salían en tromba de las estaciones próximas a la plaza Urquinaona y vitoreaban a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Era su particular homenaje a las fuerzas de Seguridad del Estado, protagonistas una semana antes de contundentes cargas policiales durante el referéndum del 1 de octubre, tras la negativa de los Mossos de requisar las urnas.

Los manifestantes llevaban banderas españolas y 'senyeras' / EFE/Marta Pérez

Voluntarios de SCC, mientras, repartían senyeras, una bandera que hace apenas una década era mayoritaria en las manifestaciones reivindicativas del 11 de septiembre. En las últimas Diadas, sólo se ven esteladas.

A las 12:00 horas, era imposible desplazarse desde la plaza Catalunya hasta Urquinaona, donde muchos manifestantes llegaron al éxtasis cuando un grupo de legionarios interpretaban sus canciones y exhibían sus banderas. “Puigdemont a prisión y viva la legión”, gritaba un ciudadano octogenario, visiblemente emocionado. “España unida, jamás será vencida” y “viva España y viva Catalunya” , proclamaban otros ciudadanos en la manifestación más transversal en favor de la unidad de España.

CAMISETAS DE VARIOS EQUIPOS

En una esquina de la plaza, ancianos y jóvenes, como Laura, también gritaban “no somos fachas, somos españoles”. Muy cerca, un grupo de antiguos Brigadas Blanquiazules (antiguos ultras del RCD Espanyol) callaban. Preferían cánticos más rotundos y una skinhead, cerveza en mano, proclamaba: “Y si somos fachas, tampoco pasa nada”. Otros pedían “seny” y lucían pancartas con múltiples mensajes como “aislarse es empobrecerse”, “govern traidor” o “sóc Català, sóc espanyol, sóc europeu”. “Todos somos catalanes y no nos van a separar”, comentaba Anna. “La marcha de algunos bancos y de las grandes empresas desactivará cualquier aventura independentista”, añadía un hombre de Mataró, acompañado de sus dos hijas.

Moverse era una misión casi imposible en algunas zonas. El atasco en Urquinaona fue monumental y muchísimos manifestantes desfilaron por calles próximas como el Passeig de Gràcia o la Rambla Catalunya. Podían verse algunas camisetas del Espanyol y de la selección española, pero también del Betis y del Barça, tal vez porque no todos comparten que el club azulgrana sea el ejército no armado de Catalunya.

LOS BOMBEROS, ESCOLTADOS

Y mientras muchos manifestantes enfilaban Via Laietana hacia el puerto, otros miles regresaban a sus casas, satisfechos de la respuesta de quienes se oponen a una Catalunya independiente. “Ha sido impresionante”, destacaba Ramón. “La calle no solo es de los independentistas”, añadía una mujer que prefería no identificarse.

La jornada fue, mayoritariamente, tranquila y festiva, pero también hubo algunos momentos de tensión. Una situación delicada se produjo cuando dos coches de bomberos quedaron atrapados en Gran Vía con Rambla Catalunya y tuvieron que ser escoltados por los Mossos. Dos calles más arriba, un ciudadano contemplaba a los manifestantes desde el balcón de su casa, adornado con una estelada. Los mensajes que escuchó no son reproducibles.