Las concentraciones espontáneas ante comisarías, edificios oficiales o juzgados que se están produciendo estos días en Barcelona forman parte de una planificación milimétrica de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), con el visto bueno del Gobierno de la Generalitat.

Los centenares de personas que se desplazaron la noche del lunes hasta la Via Laietana, frente a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, no eran vecinos. Como tampoco eran vecinos los que se desplazaron a Travessera de Gràcia, a las puertas del cuartel de la Guardia Civil. Ni los que durante la jornada del martes se constituyeron en comités de huelga y promovieron concentraciones ante edificios oficiales del Gobierno español. Las convocatorias se hicieron vía redes sociales y partieron de la estructura de los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), una especie de milicias populares controladas por los radicales.

Fuentes de estos comités señalan a Metrópoli Abierta que los CDR “son la estructura de autodefensa de la CUP y están formados no sólo por militantes de la organización, sino por miembros de Corriente Roja, movimientos sociales, casales de jóvenes y anarcos, muchos anarcos”. El pasado fin de semana, uno de los CDR de Barcelona decidió convertirse en piquete de la huelga de este martes y, a partir de ahí, los demás CDR de los distintos barrios comenzaron a hacer lo mismo, aunque en algunos distritos se formaron comités “unitarios”, en los que también participaron la CGT, la CNT, la COS, la Asamblea nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural o la propia Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

La autotransformación de los CDR es una de sus principales características. “En principio, los CDR están pensados para servir como defensores y avalistas de todo lo relacionado con el referéndum hasta el día en que se proclame la independencia”, aducen las fuentes internas de esta estructura.

La Tarde con Ángel Expósito de Cope se hace eco de la noticia de Metrópoli Abierta

¿Qué pasará a partir de entonces? “No se sabe, porque no está escrito en ningún documento. Lo mismo pueden pasar a integrarse en la estructura de la CUP como reconvertirse para seguir desempeñando un papel activo en la defensa del proceso constituyente. En realidad, se va improvisando sobre la marcha, por eso casi todos se convirtieron por un día en comités de huelga y a partir de mañana [hoy para el lector] volverán a ser CDR”.

TRES MESES DE RODAJE

Los primeros CDR comenzaron a formarse en el mes de julio pasado. “Durante los meses anteriores realizamos muchas reuniones y negociaciones para ponernos en marcha, aunque no había un calendario fijado. De hecho, sólo nos reuníamos cuando era necesario, para ensamblar bien a los distintos sectores que convergemos en esta estructura y poder integrar a los movimientos alternativos en ella”. El trabajo dio resultados positivos, ya que, subrayan las miembros de los CDR, “muchos colegios electorales del domingo pasado se abrieron gracias a nosotros, porque de lo contrario nadie se hubiese atrevido a mantenerlos abiertos”.

En estos momentos, y tras el rodaje, los CDR ya están a pleno rendimiento y se han reproducido también en otras ciudades de Cataluña. Su misión es controlar toda movilización en las calles y presionar para reivindicar la República Catalana.

Su estrategia, igual que la de los partidos independentistas, entidades soberanistas o el propio Gobierno de Puigdemont, se basa en el método de no violencia del politólogo norteamericano Gene Sharp, que establece patrones de conducta y mecanismos tanto de manipulación de masas como de enfrentamiento a las estructuras del Estado. Así, mientras la Generalitat asume como verdades absolutas la existencia de una “doble soberanía” (en referencia a las leyes vigentes y a las leyes aprobadas por el Parlament, pero suspendidas por el TC), la “desobediencia a leyes ilegítimas” (así lo proponen los manuales de Sharp) o la negación de la autoridad a funcionarios del Estado (como la resistencia a poner a los Mossos bajo el mando del coronel Diego Pérez de los Cobos en todo lo relacionado con el referéndum), el trabajo sucio en la calle lo hacen las milicias ciudadanas controladas por la CUP.

RECHAZO A ESPAÑA

“Es cierto que los partidos como PDeCAT y ERC no controlan la calle. No tienen capacidad, al contrario que la CUP. LA ANC y Ómnium Cultural son instrumentos para que los partidos se hagan oír fuera de los despachos, pero quien verdaderamente mueve la calle es la CUP”, argumentan las fuentes de los CDR a este diario. A estos comités corresponde ahora tensar a la ciudadanía para que rechace todo lo que huela a España. Porque no hay que olvidar que de las filas de la CUP han partido muchas de las iniciativas para calentar el procés y que sus militantes han sido la parte más activa de la actividad callejera.

La estrategia de Sharp adoptada por la CUP se mimetiza ahora en los CDR, cuya principal misión es liderar las protestas y algaradas, mantener huelgas estudiantiles, rechazar la autoridad española y sus leyes, presionar psicológicamente “al adversario”, promover vigilias y protestas “generalmente de noche, con guardias constantes, largas y prolongadas”, o realizar “sentadas con el visible gesto de “dar la espalda” al enemigo, tal y como se hizo en las concentraciones de este martes durante las concentraciones ante comisarías del Cuerpo Nacional Policía (CNP) y cuarteles de la Guardia Civil.

Esas acciones, que forman parte del ideario no violento de Gene Sharp, han sido llevadas a cabo a rajatabla por los CDR en los últimos días. No en vano, uno de los capítulos del politólogo norteamericano explicita acciones para la “desintegración” de un Estado y para que “deje de funcionar un Gobierno”. Pero la propia versatilidad de esas milicias puede convertir a las patrullas no violentas en algo más preocupante en cuestión de horas. Sólo hace falta una consigna a través de las redes sociales para que arda Barcelona.