Uno de cada 10 barceloneses tiene perro. De los más de cuatro kilómetros de playa que tiene la ciudad, destinar una pequeña área para que los dueños puedan darse un chapuzón junto a sus mascotas parecería una iniciativa lógica e inofensiva. Pero nada más lejos de la realidad. Por segundo año consecutivo, la playa para perros ha despertado un encendido debate en la arena.

¿El conflicto principal? La mala sintonía entre los propietarios de los animales y algunos bañistas, pero sobre todo una pasarela de unos 80 metros por la que tienen que pasar los perros para acceder a su área. “El otro día había cuatro mujeres estiradas tomando el sol junto a la pasarela y un perro se cagó en su toalla. ¡No entiendo por qué no hacen un acceso directo!”, reclama Antonio, un habitual del lugar. “Nos quejamos al dueño y nos contestó que él también paga sus impuestos”.

Esta zona para perros se encuentra en la parte final de la Playa de Llevant, poco antes de llegar al Fòrum, y está abierta desde el 1 de junio hasta el 25 de septiembre. Tras la prueba piloto del verano pasado, el Ayuntamiento ha decidido repetir la experiencia en el mismo lugar. “¿Por qué no la ponen junto al Hotel Vela?, se pregunta Jaume, vecino de Poble Nou. “Como estamos casi tocando con Sant Adrià nos consideran los últimos mindundis de la ciudad”, sentencia.

La pasarela para llegar a la playa de perros / AM

La playa para perros cuenta a priori con todos los servicios necesarios para que la convivencia sea posible. Una valla separa a los animales del resto de bañistas, el área tiene duchas, bebederos y urinarios propios; y dos informadores ambientales están permanentemente controlando los accesos. “Este año se ha reforzado la limpieza y siempre hay un chico pendiente de los excrementos, tanto en la playa como en la pasarela. Ensucian más los turistas o los que vienen del Primavera Sound”, asegura uno de los informadores, que defiende que los dueños de los perros son "muy responsables”.​

Así lo corrobora Alex, el encargado de la limpieza: “Aquí todo el mundo tiene su bolsita y recoge los excrementos. Yo hago un recuento diario y hoy [son las 11:00] solo he recogido cuatro cacas desde las 7 de la mañana”.

Control de acceso en la playa de perros / AM

FALTA DE ESPACIO Y PROBLEMAS DE AFORO

Un total de 13.241 perros asistieron el pasado verano a esta zona acotada. En los días de máxima afluencia, los poco más de 1.200 metros cuadrados habilitados son claramente insuficientes y se restringe el aforo a un máximo de 100 perros. “Esto provoca que los fines de semana, y durante todo julio y agosto, se creen colas fuera del área acotada y al final los perros acaban jugando al otro lado de la valla”, explica Jaume. "¡Es surrealista!”.

En el mismo sentido se expresa Julia, una vecina del Guinardó, que alerta de los peligros para los más pequeños. “Cuando acaban las clases esta zona se llena de críos, ya que es un sitio ideal porque está recogido del viento. No es normal que los niños estén compartiendo espacio con los perros... ¡Algún día pasará algo grave!”, advierte.

Perros jugando en la Playa de Llevant / AM

Para evitar estas conflictivas colas, los dueños de perros han reclamado aumentar el espacio con 1.000 metros cuadrados más, pero su petición no ha sido atendida: “La zona es diminuta y, si no llegas a primera hora de la mañana, toca esperar tu turno durante más de una hora”, dice la dueña de un pastor belga llamado Rocky. “Sí hombre, solo falta que nos roben más espacio”, le replica uno de los bañistas al escuchar la conversación.

Ramon, otro habitual de la Playa de Llevant, corta la discusión para mostrarnos uno de los episodios de falta de higiene que, según él, se vive a diario: “Mira, mira... este chico se está lavando los dientes en el mismo sitio donde acaba de mear un perro”. Ramón, que asegura venir a la playa durante todo el año, se queja de la "falta de civismo" de algunos dueños y critica al Ayuntamiento por esta iniciativa. "¿Cuántos barceloneses tienen perros en Barcelona? Haz el cálculo y sabrás todos los votos que han conseguido con esta chapuza".

La ducha en la que orinan algunos perros fuera de la zona acotada / AM