Líder, con cuatro puntos de ventaja respecto al Real Madrid. El Barça más inestable de los últimos años domina la Liga mientras la institución afronta otra moción de censura que puede liquidar a la actual junta directiva. La inteligencia de Valverde, el liderazgo de Pique y la magia de Messi sostienen a un club que se apaga por los desatinos de Bartomeu y sus directivos y ejecutivos. En el campo, afortundamente, el Barça sigue siendo un equipo fiable y hay cosas que no cambian. El Espanyol, como suele ser habitual, se llevó una buena tunda (5-0). Otra manita.

Ni Bartomeu ni Benedito. En el Barça manda Messi. Suerte tiene el presidente de que el astro argentino vive en su mundo y sólo le interesa la pelota. No quiere saber nada del máximo dirigente, a quien le niega la foto de su renovación, pero en el campo se transforma en un animal competitivo que devora a sus rivales. El talento y el desparpajo de Leo son el mejor ansiolítico para un club demasiado agitado. Valverde, un tipo muy sensato, sabe que la mejor fórmula para soñar con títulos pasa por contentar a su estrella.

El barcelonismo vive días confusos, sólo descifrables en un club tan pasional como ciclotímico. La convulsión institucional contrasta con la suficiencia del equipo en un arranque de Liga sorprendentemente plácido. El Barça gana casi por inercia y el Madrid parece haber desconectado después de tanto elogio. Al campeón le falta puntería y el grupo azulgrana, en proceso de construcción, se encomienda a Messi a la espera de que Valverde ajuste todas sus piezas.

CLAMOR CONTRA BARTOMEU

El Barça, cada día más solvente y equilibrado, vuelve a ser un equipo reconocible. El balón es su gran aliado y ha recuperado la pausa perdida en los últimos años. Sin Neymar tiene menos encanto y profundidad, pero es más creativo y autoritario. Y, sobre todo, descifra mejor los partidos y aguarda una aparición estelar de Messi. Contra el Espanyol, el crack argentino se movió magistralmente entre líneas y batió a Pau López en dos ocasiones antes del descanso.

Resuelto el partido, el Barça levantó el pie del acelerador y la grada alternó insultos al rival con gritos de “Bartomeu dimisión” y el habital cántico a favor de la independencia de Catalunya que debió satisfacer al presidente Puigdemont. El éxtasis, sin embargo, llegó con el tercer tanto de Messi y la aparición de Ousamane Dembele. Piqué y Luis Suárez cerraron la fiesta azulgrana y penalizaron a un Espanyol sin fútbol ni chispa.