Josep Maria Bartomeu vive las horas más bajas como presidente del Barça. Su gestión está bajo sospecha y las tensiones, en el Camp Nou, se han multiplicado desde la marcha de Neymar al PSG por su incapacidad para renovar un equipo que fue el mejor del mundo y que ahora está a años luz del Real Madrid (conquistó la Supercopa de España tras ganar por 2-0 en el Bernabéu y 1-3 en Barcelona). En los próximos días, el presidente azulgrana se juega su credibilidad y, tal vez, su futuro, preparado como está Agustí Benedito para activar una moción de censura imprevisible en sus consecuencias. En los últimos dos años ha tenido pocos aciertos y ha cometido muchos, demasiados errores. Sus siete pecados capitales son:

1. Neymar: El 30 de junio, en la boda de Leo Messi, Neymar comunicó a sus compañeros que se iba al PSG. El anuncio, desvelado por Gerard Piqué, causó un gran revuelo entre los futbolistas y la noticia se difundió poco después en los despachos del Camp Nou. Bartomeu y los ejecutivos del Barça no reaccionaron, tal vez porque el presidente priorizó el ingreso de 222 millones de euros a las necesidades deportivas del equipo. Eludieron cualquier contacto con el futbolista brasileño y no cerraron ningún fichaje estratégico para contrarrestar la marcha de Neymar. A principios de julio, Coutinho y Dembele estaban tasados en 70 millones de euros. Ahora, el Liverpool y el Borussia Dortmund piden más de 100 millones. El Barcelona tiene urgencias deportivas y Bartomeu no domina el mercado futbolístico.

Neymar durante el acto de presentación en París  / EFE

2. Fichajes erráticos: Bartomeu ganó las elecciones de 2015 con autoridad. Hizo una buena campaña electoral y rentabilizó el triplete (Liga, Copa y Champions) del equipo de fútbol. Ese mismo verano fichó a Arda Turan y Aleix Vidal por 34 y 18 millones de euros, respectivamente, más variables. Un año después invirtió 122 millones de euros en los fichajes de Cillesen, Digne, Umtiti, Denis Suárez, André Gomes y Alcácer. Sólo Umtiti justificó su contratación y la plantilla del Barça se debilitó en la misma medida que potenció la suya el Real Madrid. Zinedine Zidane cuenta con 14/15 futbolistas de primer nivel. Hoy, el Barça tiene problemas para completar un '11' competitivo. Los últimos fichajes de Semedo y Paulinho no ilusionan. La distancia con el eterno rival no se solucionará con las probables incorporaciones de Dembele y Coutinho. La diferencia es abismal.

3. Estructura sobredimensionada: El actual presidente del Barça quiso desmarcarse de la gestión de Sandro Rosell con el despido de Antonio Rossich, el director general del club que rechazó el fichaje de Marco Asensio por 500.000 euros. Bartomeu ascendió a Nacho Mestre, quien hace un mes se desvinculó de la entidad tras ejercer como director general del club, primero, y de la Fundación, después. Óscar Grau, exjugador de balonmano, es el actual director ejecutivo de la institución y Robert Fernández sustituyó a Andoni Zubizarreta como secretario técnico o director deportivo. Con unos resultados decepcionantes, Bartomeu rebajó el poder de Robert con el nombramiento de Pep Segura como director del área deportiva. Su figura suscita muchos recelos en la plantilla azulgrana, que le reprocha sus críticas a Piqué tras la derrota contra el Real Madrid en el Camp Nou. Con Bartomeu de presidente, el club ha despedido a dos directores de comunicación: Albert Montagut y Albert Roura, dos ejecutivos de perfil muy distinto.

4. Problemas judiciales: El Barça ha tenido muchos problemas con la Justicia desde que Sandro Rosell relevó a Joan Laporta en 2010. El caso que más penalizó a la primera entidad deportiva de Catalunya fue el fichaje de Neymar. El expresidente, en prisión por sus oscuros negocios en el mundo del fútbol, argumentó que el delantero brasileño costó 57,1 millones, pero silenció muchas cláusulas y comisiones de su contratación. En junio de 2016, Bartomeu y Rosell quedaron exonerados de cualquier delito después de que el club asumiera el pago de 5,5 millones de euros y admitiera dos delitos fiscales en un pacto con la Fiscalía y la Abogacía del Estado. Antes, el Barcelona había sido sancionado por la FIFA con un año sin poder inscribir nuevos jugadores por su política de fichajes de menores.

Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu / EFE

5. El malestar de la plantilla: Los futbolistas del Barça ya no disimulan sus recelos ni sus diferencias con Bartomeu y los máximos responsables deportivos del club. Piqué fue el primero en denunciar la pasividad de la entidad para frenar la marcha de Neymar. Más contundente todavía fue Sergio Busquets, quien cargó contra Pep Segura, el nuevo director del área deportiva, por cuestionar el rendimiento de Piqué contra el Real Madrid. Mientras, algunas fuentes aseguran que Bartomeu frenó el fichaje de Iñigo Martínez, defensa de la Real, por supuestas presiones de Messi y Mascherano. La escasa popularidad del presidente entre los futbolistas constrasta con los elogios de dos antiguos capitanes, Carles Puyol y Xavi Hernández, a Joan Laporta. El expresidente siempre tuvo una relación mucho más próxima con los futbolistas.

6. El escándalo de los abonos: Bartomeu, en plena campaña electoral, reconocía hace dos años que el Barça tenía un problema de comunicación. El club, argumentaba, no sabía transmitir su obra. Los problemas persisten y se han agravado. A principios de verano, TV3 destapó que la junta directiva lograba importantes ingresos adicionales (ofrecía servicios VIP) con algunos carnets que liberaban los abonados. Jordi Cardoner, vicepresidente responsable del área social, argumentó que el club no cometió ninguna infracción, pero muchos socios denunciaron la falta de transparencia de la cúpula del club. Desde entonces, las relaciones entre el Barça y la televisión pública catalana, dirigida por Vicent Sanchis (persona muy próxima al expresidente Joan Laporta), son muy tensas.

7. El Camp Nou más blanco: El Barça ingresó 10 millones de euros por taquillaje en el partido de ida de la Supercopa de España. Éste fue el único consuelo para la junta directiva. En 2011, la junta directiva que entonces presidía Sandro Rosell decidió que los socios tenían que pagar para ver la Supercopa, alegando que muchos abonados se encontraban de vacaciones y no acudirían al estadio. Desde entonces, muchos turistas han presenciado esta competición. El pasado domingo, el Camp Nou rozó los 90.000 espectadores, una cifra nada despreciable, pero por primera vez se cantaron y celebraron los goles del eterno rival de manera muy efusiva. Iniesta expresó su perplejidad al acabar el partido y muchos socios expresaron su malestar en las redes sociales. Con Bartomeu de presidente, el Real Madrid vive otra época de esplendor y sus aficionados tienen carta blanca para festejar los éxitos del equipo de Zidane en el coliseo azulgrana.