“El destino baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”. La frase de William Shakespeare bien podría explicar lo que sucedió el 7 de agosto de 1992. Ese día Eli Maragall, la sobrina del alcalde de Barcelona, marcaba el gol decisivo en la prórroga para llevar a la selección de hockey hierba a lo más alto del podio. Una Maragall, contra todo pronóstico, ganaba la medalla de oro.

En Barcelona, la selección femenina de hockey disputaba por primera vez unos Juegos Olímpicos, a los que se había clasificado por ser el país anfitrión. Según las quinielas periodísticas de la época, sus opciones de conseguir medalla eran mínimas. No en vano, años atrás no era extraño verlas perder por goleada contra Australia, Holanda o Corea del Sur.

Todo cambió un día en el que su entrenador, el mítico José Manuel Brasa, reunió a sus jugadoras en una habitación. “Nos dijo que teníamos tres opciones: participar, hacer un buen papel o ir a por algo serio. Se fue de la sala y dejó que tomáramos nosotras la decisión”, recuerda Eli Maragall, una de las más jóvenes del equipo.

Eli Maragall, junto a una foto de la selección de hockey hierba en 1992 / AM

Todas las jugadoras sin excepción aceptaron el gran reto y, dos años antes de los Juegos, redoblaron sus esfuerzos para preparar a consciencia la cita olímpica. Las más veteranas pidieron la excedencia en sus trabajos y “las jóvenes nos fuimos al CAR” para intentar compaginar los estudios con los entrenamientos. No fue fácil. “Entre concentraciones, viajes, campeonatos... ¡El hockey lo absorbía todo!".

Los Juegos se acercaban y nadie les hacía caso, pero ellas sabían que nunca antes habían estado tan bien preparadas. “En enero del 92 nos fuimos a Cuba para mejorar nuestra capacidad física ya que, por temperatura y humedad, era el lugar más parecido a Barcelona en julio”, cuenta Maragall. “Volvimos hechas unos toros”. 

ROMPIENDO FILAS EN LA INAUGURACIÓN

Y llegó el gran día de la inauguración. El 25 de julio, Eli tenía a sus hermanas Natàlia y Helena en el Estadio Olímpico haciendo de voluntarias. Al inicio del desfile de la delegación española, ella estaba situada justo detrás del Príncipe Felipe, pero al ver a Natàlia rompió la formación y corrió para darle un sentido abrazo [ver el minuto 00:13 de este vídeo]

“Todos querían situarse en la parte derecha, donde estaba el público, pero yo me coloqué a la izquierda porque sabía que mis hermanas estaban en el cordón de seguridad”, rememora. "Fue muy emotivo" ya que Natàlia, un año antes de los Juegos, se había autodescartado de la selección para dejar paso a jugadoras más competitivas. "Ella tenía otras prioridades", aclara.

Eli Maragall llevando la antorcha olímpica 

Un día después de la inauguración arrancó la competición en Terrassa y el mundo del hockey se volcó con las 'Chicas de Oro'. Tras empatar contra Alemania (2-2) y deshacerse de Canadá (2-1), las españolas tenían que jugarse el pase a semifinales contra Australia, las vigentes campeonas olímpicas. “Eran unas bestias, pero nosotros nos adelantamos en el marcador y nos defendimos muy bien. Nuestra portera Maribí voló literalmente y lo paró todo”, recuerda.

Las semifinales serían contra Corea, con las que un año antes habían perdido por 10 a 0. “Físicamente eras fuertes, rápidas, con una mentalidad cuadriculada y tácticamente perfectas, pero nosotras rompimos sus esquemas gracias a nuestro juego creativo".

En la prórroga, y a tres minutos del final, Carmen Barea anotaba el gol decisivo transformando un penalti córner. Las medalla estaba asegurada y los focos mediáticos se giraron, por fin, hacia el combinado femenino de hockey. Con solo 430 licencias federativas, España había conseguido plantarse en la final olímpica

EL GOL SOÑADO EN LA PRÓRROGA

"En el último partido contra Alemania sabíamos que teníamos muchas opciones y que todo el país estaba pendiente de nosotras", recuerda. Cerca de 12.000 personas abarrotaban las gradas, una cifra sin precedentes en el hockey español. Tras un partido muy igualado y ya en la prórroga, llegó el gran momento. En un centro de Carmen Barea, la biznieta del poeta Joan Maragall se tiró al suelo para pinchar una bola imposible. "No fue fruto de la casualidad; era una jugada que ensayábamos siempre las delanteras". "Todavía recuerdo, con total nitidez, la imagen de cómo entraba la pelota".

Un gol que le ha marcado para toda la vida: "Por muchas cosas que haga, siempre seré recordada por aquello. Soy consciente de que culminé una historia perfecta... ¡La sobrina de Pasqual Maragall marcaba el gol decisivo en la final y ganaba la medalla de oro!".

EL ENTUSIASMO DEL ALCALDE

Antes de los Juegos, explica, "Pasqual y yo teníamos vidas paralelas. Él se dedicaba a la política y era primo hermano de mi padre, que había fallecido. Yo solo era una joven estudiante que jugaba a hockey. Compartíamos apellido, pero no teníamos mucha relación". Tras las Olimpiadas, en cambio, cada vez que se encontraban se daban un fuerte un abrazo y charlaban sobre las ironías del destino. "Él era un entusiasta y siempre me transmitía una emoción especial al verme. Los Juegos de Barcelona nos unieron".

El próximo 25 de julio, Eli Maragall protagonizará el primer relevo por las calles de Barcelona para llevar la antorcha olímpica a la Plaça Catalunya, que acogerá la celebración de los 25 años de los Juegos Olímpicos. Una nueva ocasión para rememorar el gol más importante del hockey español.