El Barça parece tocado por una varita mágica. Gana cuando Messi destapa toda su magia y gana con su versión menos distinguida. Casi por inercia. En Lisboa, el equipo de Valverde encadenó su octava victoria en un partido tan intenso como poco exquisito. Un autogol de Coates fue suficiente para que el grupo azulgrana derrotara al Sporting de Portugal (0-1).

En la Liga y en la Champions, el Barça suma y sigue. Tras el varapalo en la Supercopa de España, el equipo vuelve a ser reconocible. Valverde prefiere el control y la reducción de los espacios a un intercambio de golpes. Cuando Messi se entona, no hay rival que pueda replicar al Barça. En los últimos partidos, sin embargo, el Barça ha perdido finura.

UMTITI, EL MEJOR

En Lisboa, el Barça se mostró muy errático, incluso tras el autogol de Coates en los primeros compases del segundo acto. Al equipo le falta profundidad y Luis Suárez sigue con el punto de mira desviado, tanto en el remate como al asociarse con sus compañeros. Contra el Sporting, brilló Umtiti, señal inequívoca de que muchas cosas fallaron en la segunda cita continental.

El central francés se mostró expeditivo y siempre estuvo colocado en el sitio oportuno. Rivalizó, curiosamente, con un antiguo compañero suyo, Mathieu, que salió airoso de sus duelos con Messi. El argentino, no obstante, dibujó el gol de la victoria en una acción a balón parado, solución en una noche de pocas luces y bastantes sombras, más alargadas por la extraña ausencia de Deulofeu, el teórico sustituto de Dembélé.