Estudiar los ritos funerarios y proporcionar las claves para darle cierto carácter de normalidad a la muerte son dos de las premisas con la que nació la Biblioteca Funeraria hace algo más de 30 años. La idea fue de Manuel Hernández, trabajador de los servicios funerarios y arqueólogo, que inició la colección de libros, propuso la creación del fondo bibliográfico y se puso al frente del mismo.

De la iniciativa de Manuel Hernández nació la mayor biblioteca funeraria de España y la segunda más grande Europa, solo superada por la de Viena. "Fue Manuel el que propuso la idea de crear una biblioteca centrada en la muerte y en los ritos y cultos funerarios que se dan en algunas culturas, sobre todo centrada en la egiptología, a los responsables de los servicios funerarios", explica Adrià Terol, nieto de Manuel y actual responsable de la biblioteca. "Y, para su sorpresa, aceptaron encantados. Acababa de jubilarse de su trabajo de ebanista en los servicio funerarios, y empezó a recopilar libros sobre ritos y cultos funerarios para dar respuesta a las preguntas que mucha gente se hace sobre estos temas".

Estanterías con los libros de la biblioteca funeraria. / CR.

EJEMPLARES ÚNICOS

La joya de la corona son los tres volúmenes del Templo del Rey Seti I en Abidos, que son ejemplares únicos traídos especialmente desde Egipto, pero la biblioteca "abarca libros sobre rituales en México, donde hay un gran culto a la muerte, y de civilizaciones anteriores, desde la prehistoria hasta nuestros días. Libros en los que se estudia por qué se enterraba a los muertos en determinada posición o con objetos concretos, o qué significan los símbolos, etc", afirma Adrià.

Fue precisamente la originalidad de algunos de sus libros lo que hizo que la Biblioteca General de Barcelona "se interesara por nosotros y se catalogaron los libros y se incluyeron en la red de bibliotecas de la ciudad. Podemos hacer préstamos y se pueden hacer consultas", confirma Adrià.

El fondo bibliográfico alcanza los 1.900 ejemplares y está abierto a cualquiera que busque información sobre el tema de la muerte. Además, ofrecen la posibilidad de que los colegios acudan con sus alumnos, "aunque en este caso las respuestas son un sí rotundo o un no categórico", explica Adrià. "Aún hay cierto reparo a tratar el tema de la muerte con absoluta normalidad".

Carrozas funerarias: la Estufa y la Grand Doumont, dos joyas. / CR.

ARTE SOBRE RUEDAS

Junto a la biblioteca, se encuentra reunida una impresionante colección de carrozas fúnebres. Son auténticas obras de arte sobre ruedas, obra de algunos de los más prestigiosos artesanos de la época en que se diseñaron y construyeron. Con nombres tan curiosos como la Estufa, Grand Doumont, Imperial o Gótica, sirvieron para conducir féretros de grandes personalidades hasta el cementerio.

"Son auténticas obras de arte", afirma Adrià. "La más emblemática es la Estufa, que se llama así por estar inspirada en los coches de la aristocracia, que llevaban cristales para protegerse del frío. Esta se utilizó en entierros como el de Enric Prat de la Riba o Santiago Rusiñol, entre otras personalidades. Y también tenemos la Imperial, que fue la que se uso en el entierro del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Es más ostentosa y lleva mucha simbología asociada a la muerte: el búho, como anunciador de la muerte, la flor de la amapola del opio, como calmante, una corona de laurel, etc. Además, está la Grand Doumont, que se llama así porque su origen está en un duque francés llamado Louis D'Aumont, al que le gustaba exhibir su riqueza, por eso es tan recargada. Con esta carroza se hizo en Madrid el entierro del torero Joselito.Y la llamada Gótica, que no lleva el color negro sino el lila, lo que quiere decir que solo se podía usar durante la semana santa".

La conocida como la Estufa es muy elegante. / CR

Además, hay un grupo de carrozas blancas. "Estas eran para los niños y niñas, hasta los 12 años, las doncellas no casadas y las religiosas. El blanco simboliza la pureza. Y como en el resto de las carrozas, también hay categorías".

HOMENAJES

El museo acoge también los coches de acompañamiento, aunque sólo uno de ellos, el llamado coche de respeto, era exclusivo para servicios fúnebres, el resto podían ser usados también como taxis y vehículos de alquiler. Algunos de sus nombres son conocidos: coupé, cortada en la parte de delante y solo para dos pasajeros; berlina, cómodo para largos desplazamientos mejorada por los artesanos de Berlín (de ahí su nombre).

Carroza blanca, para funerales de niños, doncellas y religiosas. / CR.

Además, en el Museo se rinde homenaje a algunas mujeres que lucharon por sus derechos también en este tema. Basta recordar que hasta bien entrado el siglo XX estaba mal visto que las viudas acompañaran el féretro de su marido al cementerio, por lo que de la iglesia se iban a su casa. Lo hacían con la carroza llamada coche de respeto.

Alrededor de este tema, en el museo se explica la historia de Roser Segimon, que enviudó de Josep Guardiola y heredó una fortuna enorme. Tras el entierro, se encerró en un balneario, donde fue a buscarla Pere Milà para proponerle matrimonio. Se casaron y poco después, Pere Milà contrató a Antoni Gaudí para que construyera la casa Milà, más conocida como La Pedrera, aunque la casa no le gustó nada a Roser, que acabó pleiteando con Gaudí. Aquel matrimonio provocó que en la ciudad se extendiera el dicho de que no se sabía si Milà se había casado con la viuda de Guardiola, o con la guardiola (hucha en catalán) de la viuda. Sea como fuere, de aquel matrimonio salió la más espléndida obra arquitectónica civil de Antoni Gaudí.

La conocida como Imperial es muy recargada. / CR.

PRIMERAS CARROZAS

Adrià explica también los motivos que llevaron a la aparición de las carrozas funerarias en Barcelona.  "Al principio, los muertos se enterraban al lado de las iglesias, dentro de las murallas. Pero cuando empezó a crecer la población y, por tanto, los muertos, se creó un problema de salud pública. En 1775, el obispo Climent decidió construir el primer cementerio fuera de las murallas, que luego despareció, y en 1819 se construyó el del Poble Nou. Entonces estaba lejos de la ciudad para llevar a los muertos a hombros y a la gente le costó mucho aceptar que se enterrara a sus muertos lejos de su parroquia.

Para no tener que llevar los muertos a hombros, el alcalde de entonces, Josep Marià de Cabanes, puso la primera carroza fúnebre para que se llevara a los muertos. La gente no lo aceptaba y hubo hasta manifestaciones en contra ya que no entendían cómo a sus familiares muertos los iban a llevar animales en vez de personas, les parecía una falta de respeto. El primer entierro con carroza fúnebre fue en 1836 y el alcalde lo hizo gratuito para tranquilizar los ánimos de la gente".

Un modelo de Hispano Suiza transformado como coche fúnebre. / CR.

EXQUISITOS APAREJOS

En un rincón del Museo se pueden diferentes correajes que lucían los caballos que tiraban de las carrozas. Son auténticas obras maestras de la guarnición con que se adornaban los caballos. Los trabajos en el cuero y el cobre son de una exquisitez inigualable, "aunque nos lleva mucho trabajo cuidarlos y tenerlos en perfecto orden. Algunos son muy delicados e imposibles de reproducir, así que no podemos permitirnos ningún error", dice Adriá.

El Museo también conserva tres coches fúnebres de motor, tres auténticas joyas. Un Hispano Suiza T16 de 1920, perfectamente conservado, un Studebaker Six de los años 20 del siglo pasado convenientemente transformado en coche fúnebre, y un Buick Riviera Special, fabricado en 1958 y que se retiró del servicio en los años 70 por la crisis del petróleo. El consumo de su motor V8 de casi 6.000 centímetros cúbicos era excesivo.

Los trabajos artísticos de las guarniciones de los caballos son de gran valor. / CR.