La intención de MSC de construir una nueva terminal de cruceros en el Puerto de Barcelona no ha gustado en el Gobierno de Colau, que de la mano de la quinta teniente de alcalde, Janet Sanz, mostró su disconformidad con el proyecto durante el último Consejo de Administración del enclave, celebrado este miércoles. Sanz se alió con los representantes de El Prat de Llobregat y de UGT y CCOO para "forzar la retirada de los puntos referentes a una futura ampliación del muelle Adossat, donde se sitúan las terminales de cruceros”, según han confirmado a Metrópoli Abierta fuentes municipales.

La maniobra ha causado cierta sorpresa en el Puerto de Barcelona, que normalmente no comenta “deliberaciones del Consejo de Administración”, tal y como han explicado fuentes portuarias. En el orden del día estaba “aprobar el inicio de la licitación de la tercera fase de ampliación del muelle Adossat”, una obra prevista y que incluso se llegó a adjudicar en 2009, pero que se rescindió dos años después a causa de la crisis. “El puerto necesita de la ampliación más allá de si se instala una terminal de cruceros”, han señalado las mismas fuentes. También está previsto construir un pontón para líneas de short sea shipping, una apuesta europea para quitar camiones de las carreteras y hacer más sostenible el transporte terrestre. 

UN MES PARA ACERCAR POSTURAS

A pesar de que la ampliación del muelle Adossat no está directamente relacionada con la solicitud de MSC y de que la decisión final sobre la nueva terminal podría tardar meses en llegar, el Consejo de Administración del puerto decidió aceptar la petición de Sanz para posibilitar un “clima de consenso”. De todas formas, el Gobierno municipal está en minoría y la concesión podría salir adelante sin su apoyo, aunque el consistorio considera que una decisión de esta magnitud no se puede tomar "de espaldas a la ciudad".

La intención de la Autoridad Portuaria es aprovechar el mes que queda hasta el próximo consejo para explicar el proyecto al Ayuntamiento, que se opone a la construcción de la nueva terminal. “El Gobierno municipal no cree que Barcelona necesite una nueva terminal y ha cuestionado la afectación medioambiental, de contaminación y de saturación de la movilidad”, señalan desde el consistorio.

Los cruceros dejan unos 800 millones de euros anuales en Barcelona / PORT DE BARCELONA
Los cruceros dejan unos 800 millones de euros anuales en Barcelona / PORT DE BARCELONA

EL TURISMO DE CRUCEROS, A DEBATE

El Gobierno de Colau siempre se ha mostrado reacio a promover el turismo de cruceros porque, en su opinión, son visitantes que hacen un uso intensivo de la ciudad y no generan actividad económica. El punto de mira del consistorio se dirige a los pasajeros en tránsito, es decir, aquellos que hacen escala en Barcelona y que, de media, pasan poco más de cuatro horas en la ciudad.

Tampoco la Generalitat los percibe como los mejores turistas y este mismo año ha aprobado una tasa especial para ellos, ya que hasta ahora estaban exentos. Por su parte, el Puerto de Barcelona, que prácticamente no hace negocio con los cruceros, entiende que los pasajeros de puerto base (los que embarcan y desembarcan en la ciudad) son su cliente natural y la construcción de una terminal dedicada para MSC “contribuiría a potenciar este tipo de tráfico”.

LÍDER ESTABLE DEL MEDITERRÁNEO

El Puerto de Barcelona, líder del Mediterráneo y cuatro del mundo, lleva ocho años con un tráfico estable de cruceristas que se ha movido en torno a los 2,5 millones de pasajeros (en 2016 se marcó un récord histórico con 2,68 millones, pero este año, por ejemplo, han caído, según datos del propio puerto). De estos, alrededor del 58% son pasajeros de puerto base, un porcentaje que crece año a año. “La prioridad es consolidar el liderazgo y priorizar los cruceristas de turnaround”, recuerdan desde el puerto.

Una de las estrategias más eficaces para potenciar este tipo de pasaje es “atraer inversiones de los grandes operadores” como MSC o Carnival (que ya tiene un terminal propia y está construyendo otra). Cuando una naviera construye una terminal propia en un puerto, la manera de rentabilizar los 15 o 20 millones que cuesta es utilizar ese enclave como base y, además, incentiva el uso de los barcos más modernos y eficientes, ya que las terminales se perciben como una imagen de marca. De hecho, tanto MSC como Carnival ya han encargado los primeros cruceros que funcionan con Gas Natural Licuado (GNL), un combustible mucho menos contaminante que el diésel.

Actualmente hay seis terminales de cruceros en el puerto: cuatro en el muelle Adossat, que dan servicio a los buques más grandes, y dos en el World Trade Center (WTC) para embarcaciones pequeñas. El grupo Carnival, el mayor operador de cruceros del mundo y que ya cuenta con un atraque en el puerto a través de Palacruceros, está construyendo una séptima que también será dedicada para sus barcos. Las otras cinco están gestionadas por Creuers del Port de Barcelona (empresa totalmente privada) y son de uso público.