Barcelona, 1951. Las familias que vivían en las barracas situadas en la montañita de la Barceloneta, a los pies de la torre del teleférico de Sant Sebastià, son desalojadas por la Brigada de Represión de Barraquismo, un cuerpo de policía creado a propuesta del político falangista Carlos Trias en 1949. Los camiones ocupaban las calles de barro y se plantaban ante las chozas, desalojaban a las personas y las trasladaban a su nuevo destino. Primero el Pavelló de les Missions y después, el emplazamiento definitivo, el barrio del Polvorí. Es uno de los capítulos de la historia de la Barcelona de las barracas, un fenómeno que marcó la historia de la ciudad desde finales del siglo XIX hasta poco antes de la celebración de los Juegos Olímpicos.

El punto de partida se encuentra en la década de los años 20 cuando Barcelona ya contaba con 6.000 barracas y un centenar de núcleos que se extendían por toda la ciudad: desde el litoral y la montaña de Montjuïc hasta los dos extremos del Eixample o a los pies de la montaña de Collserola. Con los años, las barracas se fueron extendiendo y aparecieron nuevos asentamientos en el Carmel, la Diagonal o el propio barrio de la Perona. Viviendas sin agua corriente ni luz cuyas puertas daban a calles sin asfaltar.

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Niños del barrio de la Perona / Pepe Encinas, 1978

A finales de los 60, tras la gran ola migratoria que llegaba a la costa catalana, Barcelona alcanzó las 20.000 barracas donde vivían 100.000 personas. O dicho de otra forma, hace poco más de medio siglo el 7% de la población vivía en unas construcciones que ahora quedan retratadas en la exposición Barris de barraques de Montjuïc, Sants i Les Corts. La muestra, que desde este jueves y hasta el 23 de junio se puede visitar en la sede del distrito de Sants, hace un recorrido en blanco y negro por la Barcelona de las chabolas. Todo un viaje en el tiempo.

PRIMEROS REALOJOS

El realojo de las barracas de la Barceloneta fue el primero de una serie de actuaciones que el régimen franquista llevó a cabo en la década de los 50 y 60, pero no fue ni mucho menos el primero. En la década de los años 20, Montjuïc se convirtió en cuna y cementerio de chabolas. El barranquismo se extendió creando barriadas como la de la Magòria, l’Animeta o el Polvorí, áreas en las que vivían muchos de los trabajadores que construían el recinto de la Exposición Universal de 1929. Y precisamente por ella, antes de su inauguración, se decidió derribar gran parte de las 3.500 barracas que cubrían sus colinas. Familias que fueron realojadas en las afueras de Barcelona.

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Calle del barrio de barracas de Magòria en los años 20 / Oliveras. AFCEC

Tres décadas después, el fenómeno no hacía más que crecer. Tras el desalojo parcial de Montjuïc y el de la Barceloneta les tocó el turno a las familias que vivían en los alrededores de la Avenida Diagonal. Los mismos camiones de la brigada fueron recogiendo a las familias y sus escasas pertenencias para que abandonaran una especie de bohíos que habían convertido en su hogar. Corría el año 1952 y el franquismo tenía prisa en derribar las barracas porque ese año, la Avenida Diagonal y la zona del Real Club de Polo se convertiría en el escenario del XXXV Congreso Eucarístico Internacional. Un evento que supuso el reconocimiento del Vaticano al régimen franquista y las chozas no daban una buena imagen de la ciudad.

La solución se encontró en Can Clos, donde en 28 días se levantaron viviendas ultra económicas de 37 metros cuadrados. Según Trias, se tenían que edificar pisos en zonas alejadas y de grandes agrupaciones para dar respuesta a “las especiales características de los habitantes de barracas”.

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Familias de las barracas de Maricel desalojados por la Brigada de Represión de Barranquismo / Exposición Barris de barraques de Montjuïc, Sants i Les Corts

 

DESALOJOS POR EL CAMP NOU

En Les Corts, las barracas que había en los terrenos de las masías de la Granota y de Can Taner fueron derribadas por la construcción del estadio del FCBarcelona. Las que quedaban cerca del cementerio del distrito o en Can Rigalt también desaparecieron con la ampliación del campo de fútbol y de la Zona Universitaria.

A finales de los 50, se optó por el realojo masivo de las familias fuera de la ciudad bajo la apariencia de planes urbanísticos. En 1958 se diseñó el Plan de urgencia social de Barcelona; en 1961, el Plan de la Comisión de Urbanismo de Barcelona y en 1963 pasó a la acción el Ministerio de la Vivienda a través de la Obra Social del Hogar (OSH) creando las denominadas unidades vecinales de absorción (UVA). Como resultado, bloques de pisos de una estética franquista y baja calidad que se levantaron principalmente en los extremos y las afueras de la ciudad.

Así, las familias de Maricel, en Montjuïc, tuvieron que irse a vivir al Besòs porque en la mítica montaña con vistas al mar se iba a construir un parque de atracciones que con el tiempo también ha pasado a la historia. También se construyeron las UVAS de Sant Roc y Pomar en Badalona; las de Sant Cosme y Sant Damià, en El Prat, y las Cinco Rosas en Sant Boi. Pero eran tantas las personas que vivían en las barracas de Montjuïc que el plan de realojo se hizo extensivo a zonas de L’Hospitalet; a La Mina, en Sant Adrià o Cerdanyola y Terrassa, entre otros. El grueso de las barracas que quedaba en Montjuïc fueron desapareciendo a principios de los años 70. Las últimas se convirtieron en polvo coincidiendo con la inauguración de los Juegos Olímpicos.

En 2015, el Ayuntamiento colocó placas en memoria de una Barcelona en blanco y negro a la que esta exposición rinde homenaje.

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Inauguración de la placa en memoria de las barracas de Montjuïc / Alonso Carnicer