Hace un año, el cinco de septiembre de 2016, los vecinos del Poblenou que vivían entre las calles Badajoz, Pallars, Llacuna y Tànger se despertaron dentro de una superilla. Muchos no sabían de qué se trataba, pero vieron que el tráfico se había restringido en sus calles y que se había colocado algún elemento decorativo.

Desde entonces se ha ido introduciendo mobiliario urbano, como bancos o mesas de ping pong, se ha abierto Roc Boronat al tráfico para que puedan pasar los autobuses públicos, y se organizan actividades como el cine a la fresca.

También se han polarizado las opiniones de los vecinos y han aparecido dos plataformas ciudadanas de partidarios, Col·lectiu Superilla Poblenou, y detractores, Plataforma d'Afectarts per la Superilla del Poblenou (PASP9). Si algo está claro, es que no deja indiferente a nadie. Los administradores del grupo de Facebook del Poblenou censuran sistemáticamente las publicaciones relacionadas con la superilla porque los miembros inician debates interminables y a veces subidos de tono.

MÁS CONGESTIÓN EN LAS ÁREAS PERIMETRALES

En una entrevista en Metrópoli Abierta, el portavoz de la PASP9, Jordi Campins, explicó que, para esta plataforma, la Superilla “no ha solucionado ninguno de los problemas que nos dijeron que intentaba solucionar”. Además, Campins considera que su implementación “nos ha provocado una serie de incomodidades y un empeoramiento de la calidad de vida, así como la bajada de negocio de muchos comercios de dentro de la Superilla”.

Interior de la Superilla del Poblenou / P.A.
Interior de la Superilla del Poblenou / P.A.

Según Campins, la Superilla no solo no ha cumplido con su objetivo principal, el de reducir la contaminación global, sino que ha provocado su incremento. Como explica el portavoz de la plataforma, “lo que han hecho es centrifugar la poca circulación que había por estas calles y ahora algunos recorridos son más largos y en las áreas perimetrales hay más congestión”.

Además, Campins afirma que “en el centro de la Superilla también hay gente que está en contra” por motivos como la desertización de la zona por la noche, que provoca que a veces se use para “hacer botellón”. Es por ello que han encontrado argumentos 

RECUPERAR EL ESPACIO PARA LOS VECINOS

Frente a esta firme oposición que crítica el proyecto del gobierno municipal está el Col·lectiu Superilla Poblenou, que celebra la recuperación del espacio público para los peatones. Para ellos, la superilla hace posible que se rompa la hegemonía de los coches en esta área, disminuye los niveles de contaminación y, consecuentemente, supone una mejora de la calidad de vida de los vecinos.

Por eso, los partidarios del proyecto aplauden esta prueba piloto cuya implementación, consideran, permite que los niños puedan jugar en estos espacios o que se lleven a cabo iniciativas como culturales y lúdicas como el Poblenou Open Day.

Niños patinando en la superilla del Poblenou / JORDI GINABREDA
Niños patinando en la superilla del Poblenou / JORDI GINABREDA

El portavoz del Col·lectiu, Carlos Peña, considera, como declaró en una entrevista Metrópoli Abierta, que la superilla “nos permite hacer un cambio de chip como ciudadanos respecto al futuro de la ciudad: una ciudad más amable, más respirable, más sostenible. Eso no se traduce inmediatamente en los niveles de polución ni de ruido, pero es algo que impregna a la gente”

“Los coches son invitados al espacio de la Superilla, pero deben respetar a los peatones; al igual que los ciclistas”, añadía Peña, quien también niega las críticas de inseguridad y de pérdidas en los comercios.

UNA CONSULTA VECINAL

La PASP9 organizó una consulta vecinal sobre la aceptación del proyecto en el mes de mayo en la que no participaron los miembros del Col·lectiu que defiende la superilla porque consideraban que estaba manipulada. Ganó mayoritariamente el no y a raíz de ella el Consell Plenari del distrito de Sant Martí elevó al pleno del Ayuntamiento una petición para retirar la superilla, que no prosperó en la plaza Sant Jaume.

La consulta no sólo dividió a los vecinos por el hecho de ir o no a votar. También provocó discusiones sobre la participación. Mientras los organizadores aseguran que participó el 26% del censo, desde el Col·lectiu se reduce la cifra a 1,99%.

Mientras la división entre los vecinos persiste, donde existe unanimidad es en la prensa extranjera, que ha dedicado varios reportajes a informar de la superilla y el proyecto que pretende restringir el tráfico por la ciudad de Barcelona. También ha inspirado a artistas urbanos que han plasmado sus ideas en las calles de Barcelona.