Los restauradores de la Rambla del Poble Nou están dispuestos a presentar batalla ante el Ayuntamiento de Barcelona y a defender sus negocios a toda costa. La normativa sobre las terrazas que el consistorio ha puesto en marcha ha supuesto un duro golpe para muchos negocios de restauración en una zona de la ciudad en la que la vida en la calle marca el pulso de la salud del barrio.

Por ello, la Asociación de Restauradores de la Rambla del Poble Nou ha interpuesto una demanda contencioso-administrativa contra la normativa municipal que les recorta de manera excesiva, según su opinión, el espacio de terraza del que disponían hasta hace algunos meses.

"Desde que ha entrado en vigor la nueva normativa hemos perdido alrededor del 50% de nuestro negocio". Así de rotundo se muestra Antoni Ramos, presidente de la asociación y propietario de Cantoni, uno de los restaurantes más veteranos de la zona. "La gente que viene a la Rambla quiere sentarse en la terraza, pero ahora no tenemos suficientes mesas. Así que se tienen que esperar, o se van".

Antoni Ramos, presidente de la Asociación de Restauradores de la Rambla del Poble Nou / CR

Las consecuencias de la nueva ley han sido nefastas para algunos locales. "Algunos han perdido más del 50% de las mesas que tenían en las terrazas, y, tal medida, ha comportado despidos. Yo he tenido que echar a cinco personas. Si antes tenía 30 mesas, ahora tengo 20. No me hace falta tanta gente", reconoce Antoni.

Asegura que se han visto obligados a interponer la demanda para frenar los planes del Ayuntamiento. "Si esto no cambia, no sabemos dónde vamos a acabar. Y todo esto perjudica al barrio. Las terrazas son un lugar privilegiado que atrae gente y eso siempre es bueno para el barrio. La gente viene a pasear y se toma algo en las terrazas, no dentro del bar. Esta es una calle muy tranquila, sin apenas coches y apetece estar en la calle tomando algo".

Ahora, Antoni confía en que la Justicia obligue al Ayuntamiento a dar marcha atrás. "Esto no es el Paseo de Gracia o las Ramblas. Aquí no se puede aplicar a rajatabla la misma legislación. Tenemos situaciones muy diferentes, problemas distintos y las soluciones deben adecuarse a las necesidades del barrio y de los comercios. Aquí las terrazas están ordenadas y la gente que viene a tomar algo es tranquila. Ocupamos el 40% del espacio de la rambla, por lo que tenemos sitio para todos".

Terrazas a la espera de clientes / CR

RACIONALIZAR

Tere, propietaria de la emblemática horchatería El Tio Che, tiene claro que la nueva legislación sobre las terrazas perjudica tanto a restauradores ("operadores, como dice el Ayuntamiento", aclara) como a clientes: "Está claro que los clientes lo notan, y nosotros también. A nosotros nos obligaron a elegir entre tener seis mesas en el chaflán, justo delante del local, o tener más del doble en la rambla, casi a 20 metros del local. Elegimos la Rambla, pero el perjuicio es enorme. ¿Tanto costaba dejar seis mesas en el chaflán y las que correspondieran en la Rambla? Pues no. Con lo fácil que es racionalizar las cosas. Quizás había que poner cierto orden, pero con sentido común".

Uno de los mayores problemas que en el día a día les ha creado la nueva legislación ha sido la situación elegida por el consistorio para algunas de las terrazas. "Como todos quieren su terraza, a algunos se la han puesto a 30 metros del local, en lugar de tenerla enfrente, que es lo lógico. Así que tu quieres sentarte en la terraza de un bar, pero no te das cuentas y te sientas en la que tiene justo enfrente, que en realidad es de otro bar. Una locura. Eso los clientes lo notan. Y luego llegan las quejas".

En la horchateria El Tio Che un muñeco avisa: la terraza esta en la Rambla / CR

Otra queja de Tere es que a la hora de conceder el espacio, no se ha tenido en cuenta ni la antigüedad ni la fidelidad de la clientela a determinados locales. "En El Tio Che ya somos la quinta generación de la misma familia que lo regentamos. Tenemos mucha clientela fija, pero eso no sirve para nada. Tenemos el mismo espacio para terrazas que cualquier otro bar, aunque nosotros tengamos más clientes. Tanto espacio, tanto locales, pues se divide y en paz. Y si antes éramos 30 locales, ahora somos más del doble o del triple. Y el espacio es el mismo, así que cada vez tendremos menos sitio para las terrazas. Y no veo que nadie tenga voluntad de arreglarlo. Dicen que en el chaflán las mesas molestan, pues ahora no hay mesas, pero las motos están encima de la acera. Hemos sustituido las mesas por las motos", dice mientras señala las cinco motos que tiene aparcadas donde antes se sentaban sus clientes a tomar su famosa horchata, un helado, un refresco o un café. Y al lado, un muñeco con un cartel en el que se puede leer: "Ahora, nuestra terraza está solo en la Rambla. Perdonen las molestias".

Tere se queja de que se ha intentado dar una idea equivocada del turismo que hay en la zona. "Aquí suele venir gente acomodada. Justo al lado tenemos un hotel de cuatro estrellas y eso no lo puede pagar cualquiera. Esta calle es de paso para la playa y pasa mucha gente, pero los que se quedan no molestan tanto. Algunos han intentado justificar la actuación del Ayuntamiento argumentando que la gente que viene aquí se emborracha, ensucia y molesta, pero eso es falso".

DESPEDIDOS

"La peor parte de todo esto se la llevan los trabajadores", dice José, trabajador del restaurante Can Recasens. "Hay menos mesas en la terraza, menos trabajo y llegan los despidos. Han quitado espacio y han acortado el horario. Eso perjudica al negocio, pero sobre todo a los trabajadores, que se acaban yendo a la calle".

José cree que se debería llegar a un acuerdo que satisfaga a todas las partes envueltas en la polémica para evitar más despidos en el sector. "Creo que se tienen que hacer modificaciones en la legislación y llegar a un acuerdo que sea lo más beneficioso para todos. De lo contrario, vamos a ver cómo se va a seguir despidiendo a trabajadores".

La terraza de Can Recasens ocupa un chaflán en la Rambla / CR

Tampoco en el histórico L'Alianza del Poble Nou están satisfechos con las decisiones que se están tomando desde el consistorio en los últimos tiempos respecto al asunto de las terrazas. "Lo primero que ha hecho la normativa", asegura Lino, "es quitar puestos de trabajo. Tenemos menos sitio, menos mesas y menos horas de trabajo. Además", añade, "tenemos un problema muy serio con el desplazamiento de las terrazas. Algunas están a más de 20 metros del bar. Los clientes se confunden y se generan problemas. Es una locura, para los camareros, que tienen que andar mucho más, y para los clientes. Todos salimos perjudicados. Pero ellos siguen cobrando, y cada vez más".

No cree que las terrazas molesten a los vecinos ya que "hay sitio suficiente para todos y el paso para los vecinos está garantizado. Además, vienen a hacernos inspecciones cada dos por tres. Que si estás dentro de los márgenes, que si tienes las mesas justas, etc. Tampoco han tenido en cuenta la antigüedad y la clientela de los restaurantes. Uno puede tener mucha clientela, pero el trozo de terraza que le corresponde es igual que los que no la tienen. El reparto del espacio debería hacerse teniendo en consideración muchas cosas".

Otra terraza típica de la Rambla, la de L'Aliança del Poble Nou / CR

¿Y LOS VECINOS?

La normativa aplicada por el Ayuntamiento busca, entre otras cosas, mantener la vida en las zonas de terrazas dentro de una cierta normalidad. En algunas zonas, los vecinos se quejan del ruido que generan las personas que permanecen en las terrazas por la noche, sobre todo en verano, cuando el calor obliga a abrir las ventanas para poder dormir. Y entonces es cuando el ruido de las terrazas es más molesto. Algunos vecinos consideran que ese es un factor importante a la hora de racionalizar los horarios de las terrazas.

"Yo con el espacio que ocupan no me meto, nunca me ha molestado, por lo menos aquí, en esta rambla. Pero el ruido por la noche sí molesta", señala Francisco, vecino de la zona. "Hay que tener en cuenta que aquí vive mucha gente mayor a la que le molesta el ruido de la calle. Hay que pensar también en ellos, aunque entiendo que la gente tiene derecho a ganarse la vida".

Tampoco Pepita, otra vecina de la zona, ve mal los cambios introducidos por el consistorio: "Llevo viviendo aquí muchos años y llegó un momento en que el ruido se hizo insoportable. Ahora las cosas están un poco mejor".