Paredes de ladrillos, puertas de madera, suelos radiantes y mucha eficiencia. Entrar en la renovada fábrica Cristalerías Planells, reconvertida en equipamiento cívico y cultural de les Corts, es entrar en un edificio donde la máxima eficiencia se desnuda ante el ciudadano.

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Pasillo de la tercera planta, espacio destinado a las estidades / M.S.

El despacho H Arquitectes se encuentra detrás de recreación de unos muros ahora eficientes. Como explica uno de los encargados de la obra, Xavi Mallorquín, el proyecto arrancó (físicamente) en 2015 y abrió de nuevo sus puertas a finales de diciembre. “Algunos me preguntan que cuándo se acaba la obra, y les digo que ya está”, sostiene el arquitecto durante una visita con vecinos y curiosos de  la transformación. Y es que, a simple vista, parece que falte el revestimiento, el acabado, pero no. Es un edificio eficiente en todos los sentidos, y como tal, los extras innecesarios están de más.

ESTUDIO PREVIO EN 3D

“El Ayuntamiento nos pidió un edificio de muy bajo consumo y buscar material con bajo impacto ambiental, instalaciones eficientes. Que funcionara de la forma más bioclimática y eficiente posible”, explica el experto a este diario. Y para ello se hizo un análisis exhaustivo de cómo conseguir que fuera barato y respetuosos con el medio ambiente.

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Imagen del baño de la tercera planta / M.S.

Primero se hizo una simulación térmica dinámica. A través de un modelo en 3D del edificio, se comprobó cómo afectaban las diferentes alternativas para reducir el consumo con las que trabaja el despacho de arquitectos. También se analizó el movimiento del aire para ver cómo sacar el exceso de calor del edificio, especialmente en verano con el objetivo de que la temperatura fuera lo más constante posible durante todo el año.

AHORRO EN EL CONSUMO ENERGÉTICO

El resultado se traduce en un sistema con las chimeneas como protagonistas. El colegio ideó un sistema según el cual el aire exterior entra en el edificio y pasa por un subterráneo que está siempre a una temperatura más estable. De ahí, accede a los patios, donde la temperatura mejora frente a la exterior.

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El arquitecto Xavi Mallorquí muestra la puerta de entrada del aire exterior / M.S.

“Este mismo aire que está más frío o caliente, según época del año, entra en las aulas por una obertura de las ventanas automatizadas y unas compuertas de extracción que lo mueven hacia las chimeneas. Funcionan como un gran motor natural que funciona por tres mecanismos que consiguen extraer el aire caliente para que este se renueve con aire más fresco.  

Las chimeneas, que se calientan con los rayos del sol, puede estar a 75 grados (como el pasado martes, día del recorrido) o, incluso, alcanzar los 90 grados, un calor. Forman parte de una gran maquinaria arquitectónica que ha conseguido reducir sustancialmente el consumo. “A nivel eléctrico, el consumo máximo en el edificio son de 69 kilovatios cuando un edificio de estas características deberían ser más de 100”, asegura el arquitecto. Pero no son los únicos factores claves.

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Vista exterior de las chimeneas / M.S.

AGUAS PLUVIALES Y SUELOS RADIANTES

El agua de la lluvia también se utiliza ya sea para regar las plantas como para la limpieza del edificio. En el suelo radiante, unos tubos con agua caliente y frío hacen de radiadores naturales. “Es para llegar al confort”, sostiene Mallorquín, quien explica que para calentar o enfriar este agua, bajo los pies también hay una bomba de calor geotérmica.

¿Y cómo se consigue que todo este entramado funcione correctamente? La respuesta está en un ordenador. “Muchas de las órdenes se dan a través de un sistema domótico: un ordenador donde nosotros programamos la temperatura, cuándo abrir las ventanas”, puntualiza Mallorquín. Es el gran gestor de un edificio tan básico a simple vista como complejo a nivel arquitectónico.

ordenador
El ordenador que gestiona todas las ordenes / M.S.

HISTORIA DE LA FÁBRICA

La antigua fábrica, símbolo del modernismo fabril del distrito, abrió sus puertas en 1913, convirtiéndose en una de las industrias de vidrio decorativo más importantes de Europa y con una gran popularidad en Les Corts.

Cuatro años después de la muerte de Leopold Planell, en 1957, la maquinaria se apagó para siempre y el inmueble sufrió afectaciones hasta quedar de pie algunos restos como las ventanas, una de las paredes y la puerta principal. Los años venideros fue perdiendo su brillo hasta convertirse en ruinas y un parking, como explica una de las vecinas, Francisca Barahona. Ahora, recupera su esplendor y lo hace de la forma más ecológica y estudiada posible.

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Un joven retratando la puerta original de Cristalerías Planell / M.S.

"Sufría mucho. Pensaba que cualquier día se venía abajo, menos mal que se ha conservado. De lo que era y de lo que es, la noche y el día. Yo estoy encantadísima y por eso me ha gustado mucho venir", recuerda Barahona.

Ahora, e sus nuevos muros, se encuentra una aula de formación para adultos, un espacio destinado a las entidades y la delegación del Centre de Normalització LinguÍstica (CNL) de Les Corts.