La lucha vecinal del barrio de Vallcarca empieza a recoger los frutos de su insistencia por salvar el casco antiguo y gozar de más equipamientos públicos. Aunque el Instituto Vallcarca todavía tardará en ser una realidad, el distrito de Gràcia ya ha elegido los proyectos arquitectónicos para convertir el antiguo Consulado de Dinamarca en un espacio cultural y la masía de Can Carol en un equipamiento de proximidad. De hecho, serán los propios vecinos los que definan los usos finales de los dos históricos edificios, que son un símbolo de la recuperación del barrio. 

“Es un paso muy importante para Vallcarca, muy perjudicada por por los efectos de la burbuja inmobiliaria y las dificultades para desarrollar los diferentes planes urbanísticos previstos”, declaró este fin de semana el regidor del distrito, Eloi Badia, en relación al Plan General Metropolitano (PGM) de 1976 y sus sucesivas modificaciones, que han convertido el barrio en una mezcla de edificios expropiados pendientes de derribar, solares y proyectos inacabados. “Entendemos que ha llegado la hora de recuperar Vallcarca para sus vecinos”.

UN PROCESO LARGO

Los dos proyectos son el resultado del concurso iniciado hace ya dos daños por el distrito dentro de las jornadas participativas de Vallcarca, bajo el nombre de “El barrio que queremos”. Las conclusiones del proceso de debate pusieron de manifiesto la falta de equipamientos públicos y también sirvieron para definir unos consensos vecinales para la futura ordenación del barrio. Estos consensos son la base del concurso internacional de ideas promovido por el Ayuntamiento para decidir el futuro de 10.000 metros cuadrados de suelo público en la zona del casco antiguo.

El antiguo Consulado de Dinamarca, situado encima del puente de Vallcarca, fue donado en 1979 a la Diputació de Barcelona por el matrimonio Junyer-Casals (que ahora dan nombre al edificio) con la condición de que se le diera un uso cultural o educativo. Hace un par de años la Diputació firmó una cesión de uso con el Ayuntamiento, que a cambió se comprometió a hacer las obras de adecuación necesarias para poder albergar un equipamiento cívico o casal de barrio.

Por su parte, Can Carol fue adquirida por el Ayuntamiento a finales de 2015 por unos 850.000 euros. Era una larga reivindicación vecinal porque el edificio, una antigua masía situada en la calle Cambrils que data de 1860, estaba apunto de caerse a trozos y de la que solo se ha conservado la fachada original por cuestiones de seguridad. La primera reunión para definir los usos y el modelo de gestión de los dos equipamientos se convocará el próximo mes de julio y participarán vecinos y colectivos implicados.