Los vecinos de la plaza del Sol están hartos del botellón. Llevan años denunciando los altos niveles de ruido que sufren todos los días. Fiestas, terrazas, corrillos de personas bebiendo cervezas del 'paki' de la esquina... Cuando no es una cosa, es otra. La cuestión es que la plaza está siempre llena de gente y los vecinos ya no pueden más. Hasta ahora solo tenían sus propias experiencias (que no es poco), pero desde hace unos meses han estado recogiendo datos para tener una radiografía completa del ruido y así presionar más al distrito para que encuentre una solución.

Gracias a Making Sense, un proyecto de investigación que financia la Unión Europea, un grupo de 25 vecinos equipados con sonómetros ha registrado los niveles de ruido en la plaza día y noche. Y los resultados son demoledores, con picos de hasta 100 decibelios (dB). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo recomendable (que no significa agradable) durante el día es de 60-65 dB. Por encima de este umbral, la salud empieza a resentirse y se sufre estrés y ansiedad. Para hacerlo más gráfico, 65 dB es el ruido que hace un aspirador.

SIN DESCANSO

Los datos del proyecto Making Sense no dejan lugar a dudas del infierno que sufren los vecinos de la plaza del Sol. Durante el mes de mayo, solo están por debajo de los 60 dB entre las 2:00 y las 10:00 de la mañana. De hecho, para ellos es lo mismo las 2:00 que las 10:00, ya que en ambos casos escuchan ruido a 59 dB. La hora más silenciosa es a las 5:00, con unos 48 decibelios de media, es decir, el ruido que genera una conversación a un tono normal y sin grandes aspavientos. Los niveles de ruido se pueden seguir en tiempo real a través de la página web del proyecto.

El proyecto europeo Making Sense busca combatir la contaminación acústica en la plaza del Sol / XFDC

“Hace muchos años que vivimos así, pero últimamente está descontrolado”, explica a Metrópoli Abierta una vecina que ha participado en la iniciativa. A veces la situación llega a unos niveles tan surrealistas que incluso estando dentro de su casa tiene que hablar a voces. El rumor de fondo es constante y ni siquiera los cristales dobles aíslan completamente del ruido. “Con tanta gente en la plaza todos suben el tono para escucharse unos a otros y al final es insoportable”, lamenta. 

MUCHO MÁS QUE RUIDO

El ruido es la consecuencia de otro problema: la masificación de la plaza. La gran cantidad de bares y bodegas que hay atrae cada día a cientos de personas. “Me levanto todos días a las 6:00 y voy a trabajar como una zombi porque no puedo dormir”, lamentaba Rosa, que vive en la misma plaza, durante la última audiencia pública con el regidor del distrito, Eloi Badia. “Siempre está llena gente”. Los vecinos no quieren que el espacio sea solo para ellos, pero entienden que ahora mismo no hay un entorno agradable para que puedan hacer vida en ella.

El distrito, consciente de que lo hecho hasta ahora no es suficiente, está dispuesto a estudiar nuevas medidas, pero ya ha advertido de que el presupuesto es el que es y que no hay recursos ilimitados. Ya se ha adelantado la hora de limpieza de las 2:00 a la 1:00 para facilitar el desalojo de la plaza. También hay más Guàrdia Urbana durante la temporada de verano. Pero no surte efecto. El Sol sigue siendo demasiado atractivo.

Los vecinos han bajado a la plaza para intercambiar opiniones y buscar soluciones / XFDC

ASAMBLEA EN LA PLAZA

Una vez recogidos todos los datos y después de entregarlos al distrito, Making Sense ha organizado una asamblea en la plaza para que los vecinos puedan debatir y buscar soluciones. El propio Badia ya les animó a ser imaginativos porque por más ideas que tienen en el distrito no acaban de dar con la buena. En medio de la plaza han creado varios grupos de trabajo repartidos por temáticas (urbanismo, juventud, etc.) para que todo el que quiera dé su opinión.

También ha montado un panel de madera en el que explica la problemática de los vecinos y ofrece información detallada sobre los niveles de ruido y sus consecuencias para la salud. Algún curioso ajeno al proyecto se acerca a echar una ojeada, pero parece que la mayoría de los presentes se lo ha tomado más como una performance que como lo que es: una acción para concienciar a los visitantes de que, además de una zona de ocio, la plaza del Sol es un lugar donde vive gente que quiere dormir y no puede.