“Haz tu foto aquí”, dicen dos alegres siluetas que parecen dispuestas a pasar un gran día. De fondo, un colorido mural de protesta que defiende el derecho de los vecinos de Vallcarca a construir el barrio que quieren. Sería una bonita instantánea si no fuera por el afilado mensaje que corona las siluetas y que no es precisamente de bienvenida: “Soy un turista descerebrado y consumista y estoy destruyendo la vida de este barrio, alimentando la gentrificación, promocionando la expulsión de los vecinos y generando un gran impacto ecológico”.

Curiosamente, la pintada no ha suscitado ningún tipo de controversia entre los turistas que se dirigen al Park Güell, ignorantes de la polémica que en los últimos meses ha estallado en Barcelona.  “¿Qué es turismofobia?”, pregunta Mark, un joven alemán que acaba de hacerse un selfie con su novia junto al mural. Apenas unos minutos en la plaza del metro, como se la conoce popularmente, bastan para ver que la pintada atrae a muchos otros turistas que, lejos de tomárselo como una ofensa, lo ven como una oportunidad para hacerse una foto diferente.

Dos turistas holandeses se hacen un selfie junto al mural de Vallcarca / XFDC

UN BARRIO COMBATIVO

No es la primera vez que aparecen mensajes contra los turistas en Vallcarca. A principios de mayo, la bajada de la Glòria, a unos cientos de metros, amaneció llena de pintadas mucho más agresivas y amenazantes. “¿Por qué la llaman temporada turística si no les podemos disparar?”, decía una de las más impactantes, escrita en rojo y negro para más dramatismo. “Tourismus Macht Frei”, decía otra en una adaptación sui generis del “Arbeit Macht Frei” (el trabajo te libera, en alemán) que daba la bienvenida a los prisioneros de los campos de concentración nazis. Como en la ocasión anterior, el nuevo mural no ha tardado en circular por las redes.
 

 


“Es una situación extraña para mí porque vivo en Ámsterdam y allí también hay muchas protestas”, reconoce otro joven, que no da más importancia a las pintadas siempre que sean solo eso, pintadas. A él sí le han llegado noticias del ataque vandálico contra el Bus Turístic de la semana pasada y no le hace tanta gracia. La creciente tensión que vive Barcelona por el turismo empieza a traspasar fronteras y la prensa internacional cada vez se hace más eco de estos incidentes. 

EL SECTOR TURÍSTICO PIDE MEDIDAS

Los últimos ataques y pintadas han ahondado en la brecha que separa al Gobierno municipal de la oposición y el sector turístico. Ambos acusan al equipo de Ada Colau de actuar con demasiada permisividad y de lanzar un mensaje ambiguo sobre los beneficios y las externalidades que genera el turismo. Consideran que Barcelona En Comú hace “un doble juego” que perjudica a un sector clave para la economía de la ciudad.

En las últimas semanas las principales asociaciones de comerciantes y gremios del sector turístico han pedido más contundencia al Ayuntamiento para condenar este tipo de ataques. Primero fue en el Consell de Turisme i Ciutat, donde ya dieron un toque a Colau por sus políticas, y esta semana volvieron a la carga después del asalto al autobús. En una carta, pidieron a la alcaldesa que “pare de raíz” las agresiones contra el sector.